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Genocidio católico en Nigeria

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Por Ing. Fernando Gallardo Ybarra

La piragua flotaba como queriendo pasar desapercibida. Veía a los pasajeros contener el aliento, mientras el padre Shanahan desgranaba las cuentas del rosario. El esplendor del Níger pasaba a nuestro alrededor cuando el guía advirtió que una canoa de esclavos se aproximaba.

Era el año 1902; habían pasado solo dos años de la ordenación del espiritano (gentilicio dado a quienes pertenecen a la Congregación del Espíritu Santo) Joseph Shanahan en Dublín, y ya se encontraba camino a su obra misional en Onitsha, Nigeria. La canoa era enorme; rozó nuestra piragua y pudimos ver, bajo cubierta, a decenas de aterrorizados pobladores de esa región de África, hacinados en bodegas, con grilletes en sus tobillos. ¿Su destino? El mercado de esclavos de Badagry.

Transitar por el río en esos tiempos era especialmente peligroso. Esa región era conocida mundialmente como el “cementerio de los blancos”, por el alto índice de mortandad debido a enfermedades como la malaria y la fiebre amarilla. Y el peligro se había multiplicado porque, tras una sangrienta guerra, los británicos habían desmantelado la Confederación Aro, una unión política y económica derivada de la etnia igbo, que había monopolizado el infame comercio de esclavos en los reinos subsaharianos por más de dos siglos.

Llegamos al pueblo de Onitsha. Podía ver el aura del padre. Esa aura ya la había visto antes; la había visto en las catacumbas durante el Imperio romano; la había visto en las Indias y en el Oriente lejano; la había visto en las Américas y en las estepas rusas. Y cuando la veía, sabía que estaba frente a un apóstol de la fe, y sabía que en las tierras del Níger se abriría un nuevo frente de la batalla metafísica.

Hay distintas formas de ver, analizar y estudiar la historia del mundo y las naciones. Dentro de una visión distorsionada y limitada, hay unos que colocan al poder y a los imperios como el eje central; hay otros que ponen a la economía y a la ciencia; y hay quienes inventaron una supuesta lucha de clases y la colocan como el eje principal. La verdad es que absolutamente todos los hitos y hechos relevantes de la historia están subordinados y supeditados a solo dos grandes acontecimientos, y todo lo que pasa, indefectiblemente, apunta a ellos: el primero ya pasó hace 1996 años en la cima del Gólgota y el segundo, que solo Dios sabe cuándo llegará, lo llamamos parusía.

En ese devenir histórico existe una lucha que muy pocos quieren ver. Una lucha que quedó clara en Quarantania, el monte de la tentación, donde Satanás tentó a Nuestro Señor. Es una batalla metafísica por las almas. Es una guerra que se desarrolla dentro de cada individuo, como el gran Job sabiamente lo dijera, y dentro de cada familia, comunidad, Estado y nación. Es una batalla universal y perenne, y es mi labor andar por el mundo haciendo registro de los eventos donde esta lucha se manifiesta con mayor trascendencia.

En la tarde del día 3 de febrero de 2026, un comando de extremistas islámicos llamados Lacurawa, una facción del grupo terrorista Boko Haram, irrumpió en los pueblos de Woro y Nuku y asesinó a sangre fría a 168 pobladores; 23 eran católicos… Días después, en Karku, los mismos terroristas asesinaron a 3 católicos y secuestraron a 11, entre ellos, a un sacerdote.

En Nigeria está ocurriendo un genocidio de católicos del que pocos hablan. Desde el surgimiento de la secta terrorista islámica yihadista Boko Haram han sido asesinados más de 53 mil católicos: niños, ancianos, mujeres, jóvenes, religiosas y sacerdotes; miles de iglesias y escuelas han sido incineradas, y más de 8 millones de católicos han sido desplazados. Y es que, donde la obra de Cristo empieza a florecer, aparece luego el mal para destruirla.

Ya ha transcurrido más de un siglo desde la llegada de Su Excelencia, el obispo Joseph Shanahan, a Nigeria, y se pueden ver los frutos de la fe, el trabajo persistente y el enorme valor y caridad de los misioneros. Ellos fueron los primeros en defender y cuidar a los pobladores del secuestro y la venta como esclavos, hasta detener esta horrorosa práctica con la bula y condena del Obispo de Roma. Hoy, en el año 2026 del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, esta nación es la segunda con mayor población católica de África: más de 35 millones de almas bautizadas. Y es una de las regiones del mundo que más conversiones tiene, mientras que, en lo que queda de los grandes reinos católicos occidentales, hay cada día menos creyentes.

Esta milenaria y perpetua guerra seguirá, porque el odio transformado en ser inmortal nunca dejará de impulsar los gatillos del feroz anticristianismo, así como impulsó a Nerón y Diocleciano en Roma, a los almohades en el al-Ándalus, a los bajás en Armenia y a Lenin y Stalin en Rusia. Seguirá contagiando el odio, el terror y la muerte contra el cuerpo místico conformado por quienes han recibido el bautismo. Nuestro Divino Maestro, con su vida, pasión y muerte, dejó muy clara la senda del católico. E instruyéndonos también con su palabra, nos advertía: «Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo». Marcos 13:13. No. 3

 

*Coordinador del club de liderazgo Jaguares y Águilas