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«Erase una vez un sueño»

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Editorial

Luego de una jornada extenuante que había iniciado un día antes en la sala de redacción y en los talleres, por fin se oyó el monótono sonido de la vieja prensa New King trabajando con una sola unidad, la otra se echó a perder porque alguien dejó una herramienta sobre los rodillos cuando hacían pruebas. Esto fue celebrado por el grupo de desvelados que esperaban el tan ansiado número cero. Desde talleres se oyó el grito ¡Ya salió, ya salió!  

Eran las dos de la tarde del 15 de septiembre de 1983. Había nacido de manera formal el periódico Primera Plana. Un tabloide que era producto de una lucha laboral para impedir que en su momento se perdiera el periódico El Sonorense. Luego se convirtió en un proyecto de vida de un grupo de veteranos y aprendices. De un ejército de hombres y mujeres de lo más disímbolo. Por ejemplo, un Benito Borgo que se incorporó como el abogado del periódico y terminó por convertirse en un excelente jefe de producción. Un conserje conocido como El Plateado, que no sabía leer ni escribir sin embargo era el encargado del archivo. Un grupo de jovencitas que posteriormente algunas de ellas destacarían en el periodismo local y nacional. Todos dispares salvó en una cosa, todos tenían la misma ilusión, el crear un periódico que pudiera competir en el medio local contra otros medios bien posicionados. Era el extraño que llega al barrio. 

Pero llegar hasta el momento de imprimir el primer número no fue fácil. Fueron muchas las dificultades para poder iniciar. Primero, formar un equipo de reporteros, editores, fotógrafos. Gente de taller y administración, a los que se les ofreció ilusiones y esperanzas en lugar de salarios. Al principio lo poco que se lograba comercializar se repartía de la siguiente manera: Una parte para el periódico. Otra se repartía entre los casados. Si algo sobraba —Que era muy raro—, era para los solteros. Al último los directivos. Que por lo general tenían otros trabajos para aguantar. Así en esas condiciones se navegó por un par de años.

También se vivieron las primeras presiones políticas. El entonces gobernador Samuel Ocaña había ordenado que se presionara para que no saliera el nuevo diario. Alguien le había metido en la cabeza que la dueña del periódico era la entonces alcaldesa Alicia Arellano, entonces su acérrima rival política.  Posteriormente y gracias a las labores diplomáticas se logró una especie de reconciliación. En donde se aceptaran las críticas si estas eran bien fundadas. Les dolían los comentarios de la columna “Esquina Caliente” que escribía Benito Borgo con el seudónimo de Joe Pepitone. 

Volviendo a ese primer día, había que recordar cómo se logró conseguir la prensa para imprimir el nuevo periódico. Se logró contactar con un periódico de Guaymas que dirigía el Zurdo Rodríguez, que a su vez había comprado al Diario del Yaqui. Era una vieja prensa New King de dos unidades que solo imprimía blanco y negro. Por ese entonces llegó un viejo prensista y excelente mecánico de talleres de periódicos, el Viejo Baza. Hizo el milagro de echarla a volar. Pero traerla a Hermosillo y pasar el cerco que habían puesto para que no llegara a esta ciudad fue toda una proeza. Gracias al pitazo de un hermano de René Morera se supo que buscaría detener la llegada de la prensa y bajo cualquier pretexto confiscarla. Por eso no se vino directamente de Guaymas a la capital, sino que se sacó la vuelta por Los Arrieros y se dejó en un almacén cerca del aeropuerto. De ahí hasta buscar donde colocarla. 

Uno de los locales posibles en el Centenario fue negociado, pero cuando se enteraron que no eran bien visto de palacio, literalmente se rajaron. Hasta llegar al lugar que ocupa desde hace muchos años por la calle Revolución. Su dueño don Abel no tuvo miedo de rentarla. Y ahí comenzó todo. Se instaló y comenzó el arreglo. Pero cuando se anda de malas, no hay más que enfrentar los imponderables.  Porque cuando la probaron por primera vez, uno de los asistentes novatos del Viejo Baza dejó una herramienta en donde van los rodillos impresores y los rompió. Para ese entonces ya no había refacciones. No hubo más remedio que imprimir con una sola unidad. Aquello parecía un gigantesco mimeógrafo.

Así se transitó por unos años con muchas premuras económicas pera se lograba salir a diario. La ayuda llegaba de diferentes formas. Un caso fue el padrinazgo del periódico El Debate acogió al modesto periódico lo apoyó con material de impresión y hasta con papel, gracias a la amabilidad del señor Salido, su dueño, y el Chabelo Ramos su gerente.

Y así se transitó hasta ese 14 de septiembre, fecha acordada para que saliera el número cero a fin de que el número uno saliera al siguiente día. Pero aquí vino el primer tope de la realidad. La mayoría de la gente de talleres nunca habían trabajado en un periódico, por lo que había más errores que aciertos. Y así llegaron las dos de la mañana horario que se había fijado para que la rotativa nos diera el primer ejemplar. Pero las fallas estaban a la orden del día. Y como Joaquín Sabines, y les dieron las dos y las tres, las cuatro y las cinco, y nada. A estas alturas unos querían rajarse, pero otros seguían aferrados. Todavía a las 10 de la mañana se hacían pruebas. Hasta que por fin a las dos de la tarde se imprimió el primer periódico. Y ahora en el año 2026 se puede presumir que ya se transitó al mundo digital. 

Y hay tantos detalles, historias y anécdotas en torno al Primera Plana, primer tabloide de la entidad, que no caben en un editorial. Por eso decimos que érase una vez un sueño, que hoy es una realidad.