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Antes del listón rosa hubo silencio 

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“El presupuesto anual del Instituto Nacional del Cáncer es de 1,800 millones de dólares y sólo el 5% se destina a la prevención del cáncer. Ayúdanos a despertar a los legisladores y a Estados Unidos llevando este lazo”. 

—Charlotte Haley

 

Por Sandra Karina Ibarra Carbajal

Charlotte Haley fue una mujer estadounidense que tenía 68 años cuando comenzó su campaña, a principios de los años noventa. 

El cáncer de mama había tocado directamente a su familia: su abuela murió de la enfermedad a los 45 años; su hermana había padecido cáncer de mama y una mastectomía; y su hija Nancy también había enfrentado la enfermedad.

Durante buena parte de la historia, las enfermedades que afectaban particularmente a las mujeres permanecieron confinadas al ámbito privado. 

El cuerpo de las mujeres fue estudiado, intervenido y tratado durante siglos, pero no necesariamente escuchado y desde luego, el cáncer de mama no fue la excepción. 

A principios de la década de 1990, Charlotte Haley comenzó a repartir listones color durazno acompañados de un mensaje que reclamaba mayor atención presupuestaria para la prevención del cáncer. 

Charlotte salió a la calle y junto con sus vecinas comenzó a repartir lazos color melocotón, sobre todo a personas dedicadas a la política, con el siguiente mensaje: 

“El presupuesto anual del Instituto Nacional del Cáncer es de 1.800 millones de dólares y sólo el 5% se destina a la prevención del cáncer. Ayúdanos a despertar a los legisladores y a Estados Unidos llevando este lazo”.

Eventualmente el color melocotón se convirtió en rosa y se comenzó a utilizar en campañas de sensibilización, consolidándose como símbolo internacional de la lucha contra el cáncer de mama.

El listón no nació solamente para adornar una solapa, nació como una protesta, como un recordatorio doloroso del alto porcentaje de mujeres que mueren a causa del cáncer de mama y en contraste, del poco presupuesto público dedicado por los gobiernos para investigación, prevención, concientización, tratamiento y atención digna a las mujeres. 

La Organización Mundial de la Salud estima que durante 2024 fueron diagnosticadas aproximadamente 2.4 millones de mujeres en el mundo y que alrededor de 694 mil murieron por esta enfermedad. 

El listón rosa es un signo de protesta, es el señalamiento claro y contundente de que, no basta con saber detectar una enfermedad si una mujer no puede acceder oportunamente al sistema que debe diagnosticarla y tratarla.

En julio de 2026, la OMS publicó por primera vez estimaciones globales de supervivencia a cinco años para el cáncer de mama. Los resultados exhiben enormes desigualdades: la mediana estimada fue de 87.3% en países de ingresos altos, frente a 41.9% en países de ingresos bajos. 

Hablar de prevención implica información; hablar de detección temprana implica acceso; hablar de tratamiento oportuno implica instituciones capaces de responder.

Una campaña puede recordarle a una mujer que debe cuidar su salud, pero después de esa primera decisión comienza la responsabilidad institucional que implica atención oportuna, que los estudios necesarios estén disponibles, que un resultado sospechoso no quede atrapado entre citas y esperas y que, confirmado un diagnóstico, exista continuidad en el tratamiento. 

El rosa tiene sentido cuando detrás del símbolo existe una política pública capaz de sostenerlo. La propia iniciativa mundial de la OMS contra el cáncer de mama plantea metas concretas, tales como la reducción de la mortalidad mundial por cáncer de mama en un 2.5% anual, lo cual, implica 2.5 millones de muertes prematuras entre 2020 y 2040. 

Han pasado más de treinta años desde que aquellos pequeños listones comenzaron a circular en Boston a manos de Charlotte Haley. El símbolo conquistó escaparates, instituciones, estadios, campañas, ciudades enteras, ganó visibilidad, ahora corresponde preguntarnos si las mujeres han ganado, en la misma proporción, acceso oportuno a la atención que ese color representa. 

Octubre debe servir para recordar que prevenir no puede ser un privilegio y que un diagnóstico oportuno no debería depender de la condición económica, del lugar donde se vive ni de cuánto tiempo puede esperar una persona frente a un sistema de salud. Antes del listón color melocotón hubo silencio. Que ninguna mujer tenga que enfrentarse ahora al silencio institucional sin capacidad para responder a tiempo.

*Jueza de Distrito del Poder Judicial Federal. 

Columnista y activista por la democracia y derechos humanos. 

X @sandrakarinaib3