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¡Argentina no jugó mal! ¿O sí?

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Por Pedro “Chory” Carmona

Cayó el telón y, con ello, ganó el mejor equipo del pasado Mundial: España, la selección que mejor fútbol desarrolló, dinámico y preciso, con un sistema de «toque y rol» (no prestar el balón al rival), un esquema que manejaban de memoria gracias al seguimiento y al buen trabajo que traían los jugadores bajo la dirección técnica de Luis de la Fuente, quien desde 2015 ha dirigido selecciones Sub-15 hasta llegar a la mayor, con grandes resultados en campeonatos internacionales. En logros como este nada es casualidad, aunque a veces la suerte también juega; no fue el caso de España, que ganó con todos los méritos.

Por su parte, a Argentina no le alcanzó, aunque planteó bien su juego. El técnico Lionel Scaloni sabía que tenía pocas posibilidades de triunfo si le jugaba de tú por tú a España. De ahí que planteara un partido largo, dejando correr el tiempo y esperando que apareciera una genialidad de Messi. Sin embargo, el capitán argentino fue marcado por zonas, algo que no resultó tan difícil porque, a sus 39 años, ya no le daban las piernas para soportar la dinámica de una final de Copa del Mundo frente a jugadores como Rodri, Dani Olmo, Oyarzabal y compañía. Súmele que, cuando tomaba el balón, de inmediato le caían uno o dos rivales, lo cometían falta y el juego se detenía. Era evidente que había indicaciones precisas para neutralizarlo.

Aquella final de Italia 90

Fíjense, mis escasos lectores, que esa final me hizo recordar la de Italia 90. En aquel entonces, los argentinos dirigidos por Carlos Salvador Bilardo llegaron a la final frente a Alemania. Diego Armando Maradona era la gran esperanza de la Albiceleste. Ese mismo año había llevado al Napoli al campeonato; anteriormente, en 1987, también los había conducido al «scudetto» y, de paso, a conquistar la Copa de la UEFA. En esos años, solo Dios sabe cuánta cocaína consumió, pero aun así le alcanzaba y todos confiaban en su enorme talento. Algo parecido ocurrió el domingo pasado con Leo Messi.

Y aunque Alemania no jugaba ni la mitad de lo que hoy juega España, ustedes saben lo que siempre han sido los alemanes: tres veces campeones del mundo y con una mentalidad ganadora. Siempre serán peligrosos. La verdad es que Argentina llegaba con pocas posibilidades de llevarse el triunfo, algo parecido a lo sucedido en la pasada final, pues varios de sus principales hombres arribaban «tocados». Ruggeri y Burruchaga solo jugaron el primer tiempo; no pudieron continuar. Maradona, si usted recuerda, disputó ese Mundial infiltrado debido a un esguince de tobillo y su rendimiento no fue el mismo. Además, Caniggia y Olarticoechea estaban suspendidos, pese a haber sido titulares durante el torneo.

Por ello, Carlos Salvador Bilardo planteó el partido de manera muy similar a como lo hizo Scaloni. En Italia 90 estaban en desventaja por todo lo que les he contado y confiaban en una genialidad de Maradona. Déjeme decirle que por poco les salía, porque ese partido lo perdieron 1-0 con gol de Andreas Brehme al minuto 85. De haberse ido a los penales, quién sabe quién habría ganado. Aunque muchos dicen que los penales son una lotería, no estoy de acuerdo. Se necesita capacidad, concentración y que al cobrador no le tiemblen las piernas. Llegados a esa instancia, ya no hay favorito y las cosas se emparejan. Ya no importa si uno de los equipos desarrolló un fútbol más bonito y dinámico.

Eso sí, los porteros influyen muchísimo. Últimamente hay arqueros especialistas en penales y ahí el tema cambia por completo. Ambos guardametas del pasado domingo son muy buenos. El español fue catalogado como el mejor portero del Mundial y, de haber ganado Argentina, no me queda la menor duda de que el «Dibu» Martínez se habría llevado esa distinción.

De ahí que piense que Argentina planteó bien su partido y su estrategia ese domingo. Déjeme decirle que no le convenía hacer presión alta. ¿Qué quiere decir eso? No ir a presionar la salida de España, que es lo que hoy se acostumbra para no dejar jugar al rival. ¿Qué le convenía entonces? Pararse bien atrás, esperarlos como lo hizo, reservar energías y cuidar a Messi para que, al final, «hiciera una de las suyas». Y por poco le salía, porque en tiempos extra hubo una gran llegada iniciada por el número 10 argentino; sin embargo, el jugador que remató envió el balón por encima del arco. No recuerdo su nombre, y con ello se fue la esperanza de empatar e irse a los penales. ¿Qué habría pasado? Imposible saberlo.

Se dice que, para saber quién es quién, estos partidos hay que jugarlos. Argentina hizo lo suyo y España dio cátedra de cómo se debe jugar. Como ya es costumbre, nosotros, como siempre, respetamos su punto de vista.

Lo que ha venido realizando España con su deporte en general durante los últimos 15 años es, sin duda, un ejemplo a seguir. Me pregunto: ¿no sería conveniente que nuestros federativos y directivos del fútbol se echaran un clavado para ver cómo le están haciendo? ¿No creen? ¿O seguimos igual? Y aquí, en Sonora, esperando que salgan otros jugadores para la Selección Mexicana, a la buena de Dios.