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Parece que se la creyeron… en su salud lo hallarán

Por Feliciano J. Espriella/

El 5 de junio el votante hizo evidente su hartazgo por tanta corrupción e impunidad. Hoy, más que nunca, necesitamos verdaderos políticos

Alguien debería decirle a los políticos que ganaron las elecciones a gobernador el pasado domingo, lo que en junio de 2009 Andrés Manuel López Obrador le dijo a su Juanito de Iztapalapa, “no te la vayas a creer”.

Muy especialmente a los dirigentes del Partido Acción Nacional, que ya se sienten, y me parece que se ven, de vuelta en Los Pinos. En aquella “memorable” ocasión Rafael Acosta “Juanito” se prestó a la farsa de contender por el PT para que si ganaba (lo cual parecía muy seguro y así fue) renunciara a su cargo y después el Jefe de Gobierno nombrara a Clara Brugada como jefa delegacional, lo cual ocurrió.

Muy a su estilo, cuando AMLO dio a conocer la farsa que había orquestado, en un concurrido mitin presentó al susodicho de la siguiente manera. “Está conmigo Rafael Acosta, para el compromiso. Al ganar, no se la va a creer, él no va ganar por sí mismo, va ganar por el movimiento”. Fue en esa ocasión en la que al olvidar el nombre de su palero, López Obrador lo rebautizó como “Juanito”.

Pues bien, si la élite política, independientemente del partido a que pertenezcan, religión o preferencia sexual, dejara de creer que dos más dos son veintidós, o dos para ti y dos para mí aceptando finalmente que son cuatro, vería con claridad que el 5 de junio no fueron votos a su favor los que les hicieron ganar, sino votos en contra de la corrupta clase política a la que se enfrentaron y que soportaron durante seis años sus gobernados.

Exactamente igual que nosotros los sonorenses hace apenas un año expulsamos al padrecismo a punta de votos, el pasado domingo chihuahuenses, veracruzanos, tamaulipecos y quintanarroenses manifestaron su hartazgo en las urnas.

Si Ricardo Anaya quiere entender que la ciudadanía muestra de nuevo preferencias hacia el PAN, es su problema, pero lo que quedó muy claro en estas elecciones es que los ciudadanos no seguirán tolerando administraciones fallidas y corruptas, que sólo conducen a la gente a la pobreza.

El 5 de junio el votante hizo evidente su hartazgo por tanta corrupción e impunidad. Hoy, más que nunca, necesitamos verdaderos políticos, sin importar su procedencia ideológica, que busquen el poder para servir y no para servirse. Ya no importa lo que prometan, al final del día nadie se los cree, lo que importa es que trabajen honestamente para sus electores. Esa clase de gobernantes es ya imprescindible en estos tiempos.

Esperemos que los ya muy próximos nuevos gobernadores, cuyo arribo al poder está íntimamente ligado a la corrupción de quienes serán sus antecesores y a sus promesas de llevarlos a juicio estén a la altura de lo que sus ciudadanos esperan, que no es otra cosa que mano dura e inflexible para castigar severamente a quienes desde el gobierno delinquieron.

No la tienen nada fácil. Dado los antecedentes de los que ya se van seguramente encontrarán las arcas vacías y la hacienda en ruinas, pero sobre todo, tendrán sobre sí la mirada de muchos miles de ojos vigilando sus movimientos, esperando con ansias que empiecen de inmediato el castigo de los corruptos. Me parece que no gozarán de mucho tiempo para empezar a demostrar que lo que ofrecieron fue algo más que jarabe de pico.

Libertad de expresión

El pasado martes se festejó en México el Día de la Libertad de Expresión, un término en nuestro país largamente anhelado pero nunca alcanzado.

La libre manifestación de las ideas está consagrada en nuestra Carta Magna en los artículos 6º y 7º; por el gobierno del presidente Miguel Alemán Valdéz, estableció el 7 de junio de 1951 como el Día de la Libertad de Expresión en México.

El presidente Luis Echeverría Álvarez, en 1976, añadió a esta celebración, la entrega en este día, del Premio Nacional de Periodismo a los más destacados miembros de la prensa escrita y electrónica por sus trabajos desarrollados durante el año anterior en los diversos géneros periodísticos.

A quienes nos movemos en el medio del periodismo suelen llegarnos múltiples felicitaciones en ese día, las cuales naturalmente se agradecen aunque en el fondo, tanto quienes nos las envían como quienes las recibimos, sabemos que en realidad no hay mucho qué festejar. Cuando menos en nuestro país.

Para darnos una idea del ‘respeto y aprecio’ que se le tiene el periodista en México, demos una repasada a las estadísticas.

93 periodistas asesinados de 2000 a abril de 2016

20 periodistas asesinados durante el actual sexenio de Enrique Peña Nieto

23 periodistas desaparecidos de 2003 a febrero de 2016

397 agresiones a periodistas sólo en 2015.

Y este año, a pesar de ser electoral, o tal vez por eso, sólo en el primer trimestre fueron asesinados tres periodistas y se suscitaron 69 agresiones a la prensa.

Una muy ‘sui generis’ manera de honrar la libertad de expresión. De cualquier manera, muchas gracias a quienes ese día nos hicieron llegar sus felicitaciones. Son bienvenidas.

Por hoy fue todo, gracias por su tolerancia y hasta la próxima.