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Túnel de las Ideas | ¿Por qué existe el mal?

(Segunda parte)

La verdad no es subjetiva, es única, no hay múltiples verdades para cada circunstancia, si hay dos verdades acerca de algo, por fuerza una no lo es. La verdad siempre está llena de bien en sí misma

Por Guadalupe Rojo

El mal existe porque tenemos libertad. La libertad implica la capacidad de elección, pero por desgracia, así como se puede elegir el bien, también se puede elegir el mal.

¿Estarán pensando que quién va a determinar qué es bueno y qué es malo? Que en muchos casos, lo que es bueno para alguien puede ser malo para otro… Analicemos un poco amigos.

Un bien causa bienestar a otro

Un mal por el contrario causa sufrimiento. Si yo te golpeo brutalmente, te estoy causando un sufrimiento. Nadie se atrevería a decir que te causo un bien.

Si yo me solidarizo contigo en una necesidad, ayudándote a cubrirla con algo material, o con mi tiempo, mi atención, te estoy dando un motivo para sentirte bien, nadie pensaría que te hago un daño.

El problema del mal cuando es social, es que siempre queremos culpar a alguien de él, a los gobernantes, a las escuelas, a los países ricos que no ayudan a los pobres, al Capitalismo, al comunismo, etcétera.

La raíz del mal siempre está en el comportamiento humano

Tus acciones repercuten en la sociedad. Aunque pienses que no, te toca a ti decidir de qué manera quieres influir en ella, tú eliges y haces lo necesario para influir positivamente en la sociedad, o si por el contrario te dedicas a tareas nefastas como el narcotráfico, o simplemente vives en la indiferencia total por comodidad.

Ciertamente no todos tenemos las mismas oportunidades para lograr nuestros objetivos, pero al menos todos tenemos la capacidad de actuar virtuosamente.

Remedio a los males

Martin Luther King dijo “No me duelen los actos de la gente mala, me duele la indiferencia de la gente buena”.

El remedio a los males del mundo está en la educación, educar en la solidaridad, en el trabajo, en la honestidad, y por qué no decirlo, EN LA MORALIDAD. Muchas cosas podemos desear, pero si no me es moralmente lícito tenerlas, tendré que prescindir de ellas aunque sean muy atractivas.

Veo dos tendencias muy marcadas y erróneas que nos pueden impedir tener una vida y un mundo mejor.

1.- Pensamos que son otros los que tienen que solucionar los problemas, pensamos que la pobreza la tienen que solucionar los países ricos, la Iglesia, los empresarios, los gobiernos. Cuando en la mano de todos está ahorrar y no consumir lo que no necesitamos. Pagar bien a nuestros empleados, tratarlos con dignidad, ayudar al vecino en desgracia, colaborar en una institución de ayuda social. Opinar con respeto en política, no acumular cosas que no usamos, no ensuciar el medio ambiente. Si sumamos todo el bien que se hace de manera particular, individuo por individuo, podríamos empezar a revertir el mal en el mundo.

2.- Poco a poco hemos ido desdibujando la línea entre bueno y malo, entre falso y verdadero, hemos dejado de buscar la verdad, para aceptar lo que mejor me acomode a los intereses personales de cada quien, con la excusa de que la verdad es subjetiva.

La verdad no es subjetiva, es única, no hay múltiples verdades para cada circunstancia, si hay dos verdades acerca de algo, por fuerza una no lo es. La verdad siempre está llena de bien en sí misma. Si no fuera así el derecho civil no podría sancionar los delitos que se cometen y dañan a los individuos y a la sociedad.

Nosotros producimos la maldad dejando de obrar el bien. Los males de nuestra sociedad, son de modo alguno culpa de todos, y por tanto, todos debemos de revisar nuestros conceptos. De manera que no hagamos daño primeramente a los demás, al medio ambiente, a la cultura, al arraigo a nuestra tierra, a los valores morales, saquemos del baúl las virtudes, hagámonos gente de trabajo, de estudio, de respeto y de honestidad, busquemos siempre la verdad y el mal en el mundo se acabará.

Busca incansablemente la verdad.