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Nacimiento y primeros pasos de la Universidad de Sonora

(Brevísimo ensayo cronológico. 1°de 5 partes)

 

Por Héctor Rodríguez Espinoza

I.- Antes de relatar mi ingreso a la Universidad de Sonora y la década de aprendizaje científico y espiritual en ella, es conveniente y necesario recordar sus antecedentes históricos. Después de transcurridos sus primeros 79 años, que nuestras generaciones de egresados los hemos vivido de cerca y protagonizado -así sea modestamente- alguna de sus efemérides, muchos profesores y la mayoría de los alumnos actuales -y ello se verá agravado en el futuro- ignoran cuál fue su interesante génesis y aleccionadores avatares, sus ricas tradiciones, su necesaria identidad y singular fundamento, imprescindibles para poder tenerle y manifestarle nuestra eterna gratitud y amor.

II.- Jaime Castrejón Diez y Marisol Pérez Lizaur

En “Historia de las Universidades estatales”, SEP, 1976, publicaron:

“Universidad de Sonora. Introducción. El desarrollo educativo en Sonora, así como la constitución y organización de su Universidad, son claro ejemplo de la necesaria relación entre progreso económico y educativo. La mecanización de su agricultura, la explotación tecnificada de la ganadería y de la avicultura y la industrialización de los recursos pesqueros, forestales y mineros, ameritó que el gobierno del Estado y la iniciativa privada demandaran la creación y coadyuvaran entusiastamente para que fuese fundada su Universidad en 1938. En 1941 se empezó a construir y se declaró oficialmente inaugurada en 1942. Contaba con Secundaria, Normal y Bachillerato en Ciencias Biológicas, Físico-Matemáticas y Arquitectura.

Antecedentes. Antes de la conquista, la región sonorense era una de las más pobladas por diferentes tribus indígenas, muchas de las cuales subsisten, siendo las principales las de los ópatas, pimas, pápagos, yaquis, mayos y seris.

Los primeros españoles que pisaron las tierras del noroeste de México fueron los náufragos de una expedición que mandó Hernán Cortés desde Acapulco a explorar el Mar del Sur, al mando de Diego Hurtado de Mendoza, y que arribaron forzadamente a aquellas lejanas costas.

El presidente de la Primera Audiencia de México, Nuño Beltrán de Guzmán, para superar las empresas de Cortés, organizó la conquista de lo que después sería la Nueva Galicia, en 1529; ordenando a sus capitanes Cristóbal de Oñate, José Ángulo y Pedro Almíndez Chirinos que se adelantaran. Este último llegó hasta el valle del río Yaqui, en donde cundió una peste entre sus soldados que los obligó a regresar. Pero la expedición más importante fue la de Francisco Vázquez de Coronado, en el año de 1540, que llegó hasta Quiviria, fundando la Villa de los Corazones.

La tercera expedición la encomendó el Virrey don Luis de Velasco a don Francisco de Ibarra, en 1563, quien fundó la Villa de San Juan Bautista Sinaloa, estableciendo el gobierno civil y la administración religiosa.

Esa población, como la de Corazones fundada anteriormente, tampoco llegó a prosperar. Los historiadores mencionan a otros exploradores y conquistadores, sin resultado en sus empresas, y no fue sino hasta fines del siglo XVI cuando se formalizó la conquista, que en gran parte realizaron los padres jesuitas, avanzando desde Durango y Sinaloa y abriendo caminos las tropas del capitán Diego Martínez de Hurdaide. A su muerte, asumió el mando de la Provincia don Pedro de Perea, que recibió la orden del Virrey Escalona para poblar Sonora, a la que dio el nombre de Nueva Andalucía, quedando, por entonces, separada de Sinaloa.

Los jesuitas que catequizaron a los habitantes de esta comarca fueron el P. Pedro Méndez, el P. Andrés Pérez de Rivas y el P. Tomás Basilio, pero ya en el siglo XVII brilla la figura del P. Eusebio Francisco Kino, y la de su sucesor el P. Juan María de Salvatierra.

Bajo el gobierno español, la vasta extensión del territorio sonorense estuvo muy poco poblada, pues los indios siempre representaron un escollo para la conquista. (Romero Flores, Jesús, Historia de los Estados de la República Mexicana, Botas, México, 1964, pp. 5-7).

“Una vez asegurado el dominio de esas tierras, el primer cuidado de los conquistadores fue el de establecer misiones a través del territorio dominado a fin de propagar la nueva civilización; allá por 1590 llegó a Sinaloa una expedición de misioneros estableciendo la primera misión en la Villa de ese nombre, y cosa de un siglo después, en 1686, fue enviado de México Fray Eusebio Francisco de Kino investido con plenos poderes de la Corona y del Virreinato. El año siguiente los jesuitas emprendieron la propaganda en las Californias, y en poco más de cincuenta años lograron poblar más de novecientas millas contadas desde el Cabo de San Lucas hasta la Misión de San Ignacio. El Padre Kino fundó en Sonora la primera misión en marzo de 1689 dándole el nombre de Dolores”, siguiéndole a ésta la de San Ignacio y la de Imuris”. (Dávila, F.T., Sonora Histórico y Descriptivo, Reseña Histórica de los Sucesos más importantes en Sonora desde la Llegada de Españoles hasta Nuestros Días, Tip. de R. Bernal Nogales, Arizona, 1894, pp. 8 y 9).

A fines de 1690 -continúa el mismo historiador- se mandó de México a Fray Juan María Salvatierra con el carácter de visitador general de las misiones de Sonora y Sinaloa. Salvatierra y el Padre Kino visitaron todas las misiones establecidas y fundaron la de Tubutama, Saric y Magdalena. Después visitaron las tribus de Sabaypuris y establecieron las misiones de San Javier del Bac y Tumacácori, y poco tiempo más tarde la de Gueravi. Cuando el padre Kino fue a visitar las tribus occidentales de la Pimería, que se extendían hasta las costas de California, estableció la misión de Caborca. Después, en 1694, se internó en las regiones del norte, hasta el río Gila y visitó las ruinas descubiertas por Don Álvaro Núñez en 1530 y que hoy son conocidas con el nombre de la Casa Grande. En esos lugares fundó dos pueblos, La Encarnación y San Andrés. En febrero de 1699 visitó a las tribus radicadas en San Marcelo de Sonoita, donde lo sorprendió la muerte. (Ibídem, pp. 9 y 10).

Durante más de veinte años, después del fallecimiento del Padre Kino, las misiones estuvieron casi abandonadas, y a partir de junio de 1767, en que se comunicó la orden de expulsión de los jesuitas de los dominios de la Nueva España, comenzaron a decaer notablemente. El Colegio Apostólico de Querétaro continuó la obra empezada por los jesuitas. El 9 de mayo de 1768 desembarcaron en el puerto de Guaymas ocho religiosos procedentes de aquel Colegio, y poco después llegaron, por tierra, otros seis que habían quedado enfermos en Mazatlán. Los nuevos sacerdotes se recibieron el mismo año en catorce misiones y fundaron otras tres. La posición topográfica que guardan los pueblos establecidos en las misiones de Pimería Alta, denotan el buen cálculo de los padres jesuitas, pues ellos, unidos a los presidios Para la defensa contra invasiones y ataques de los indios “bárbaros”, se establecieron sitios de avance denominados presidios -fortalezas militares y núcleos de población- en la periferia del Reino de la Nueva España (Cfr. Zúñiga, Ignacio, Rápida Ojeada al Estado de Sonora. Dirigida y Dedicada al Supremo Gobierno de la Nación, Méjico, Imp. por Juan Ojeda, 1835, p. 11), establecidos por el gobierno virreinal, formaron en la frontera una línea de poblaciones que sirvieron de barrera a las irrupciones de los bárbaros. (Cfr. Dávila,0p. cit., pp. 10 y 11).

A principios del siglo XVIII, se formaron las provincias de Sonora y Sinaloa, llamadas también Alta y Baja Sonora. Debido al gran progreso de estas provincias y a la solicitud del clero que actuaba en ellas, se logró que el Papa Pío VI erigiera, el 7 de mayo de 1779, la Diócesis de Sonora, que comprendió las provincias de Sonora y Sinaloa y las Californias. (Cfr. Nakayama. Antonio, Historia del Obispado de Sonora. Ediciones de la Universidad de Sinaloa, Culiacán, 1950, p. 57.)

El primer Obispo fue D. Fray Antonio de los Reyes, quien figuró en el cargo desde 1783 hasta 1788; le sucedió Fray José Joaquín Granados hasta 1794, y de septiembre de este año hasta julio del siguiente lo fue Fray Damián Martínez de Galinzoga.

La Intendencia de Sonora contaba ya con 93, 369 habitantes, de los cuales 55, 064 correspondían a Sinaloa. Escaseaban en la enorme Diócesis las escuelas de primeras letras, y las pocas que había eran de paga. Al ocupar D. Francisco Rousset de Jesús y Rosas el obispado, fue incrementado el número de escuelas.

En el momento del levantamiento de Hidalgo, la Intendencia de Sonora se aproximaba a los 130, 000 habitantes. D. José María Hermosillo, alentado por Hidalgo, se levantó en armas infligiendo algunas derrotas a las tropas reales, pero fue derrotado por el coronel Villaescusa en 1811. A pesar de este levantamiento, el movimiento de Independencia no se dejó notar fuertemente entre los habitantes de Sonora; sin embargo, las nuevas ideas sí orillaron a exigir innovaciones en el campo de la educación.

Así fue como en 1819 el Carmelita Fray Bernardo del Espíritu Santo, Obispo de Sonora desde 1818 hasta 1825, escribió una carta al Intendente D. Alejo García Conde sugiriendo la división del Obispado en dos, uno del Yaqui hacia el norte y otro de ese punto hasta el Real del Rosario, señalando la conveniencia de establecer la sede de este último en El Fuerte o en Culiacán, “por estar circundadas de numerosas poblaciones cuya ilustración se hace ya expectable y la juventud recibe más fina educación, posee mejores principios y adquiere mejores disposiciones para la carrera de las letras”. (Ibídem, pp. 7 y 8.)

La Intendencia de Sonora, por Decreto del 19 de julio de 1823 fue dividida en dos (Sonora y Sinaloa), pero el Acta Constitutiva de 1824 las reunió en un solo Estado con el nombre de “Estado Libre y Soberano de Occidente”. (Cfr. Buelna, Eustaquio, Compendio Histórico, Geográfico y Estadístico del Estado de Sinaloa, México, Imp. y Lit. de Ireneo Paz, 1877. p. 8.)

El Congreso Constituyente del Estado sesionó desde el 13 de septiembre de 1824 hasta el 31 de octubre de 1825, sancionando en El Fuerte la Constitución Política del Estado Libre de Occidente.9 (9 Cfr. Olea Héctor R., La Primera Imprenta en las Provincias de Sonora y Sinaloa, México, 1943, p. 15; Heredia, José G., Bibliografía de Sinaloa, Imprenta de la Sría. de Relaciones Exteriores, México, 1962, pp. 42 y 44.) Para ese año el Estado contaba con 170 000 habitantes. (Los datos de población fueron tomados de: Depto. de la Estadística Nacional, Sonora, Sinaloa y Nayarit. Estudio Económico y Social, Imp. Mundial México, 1928 pp. 56 y 74.)

Por Decreto del 13 de octubre de 1830 surgió Sonora nuevamente como entidad autónoma, agregando a su territorio el Distrito de Álamos, que había pertenecido a Sinaloa. Los Poderes Locales se instalaron en Hermosillo, antiguo presidio del Pitic (García Cubas, Antonio, Diccionario Geográfico, Histórico y Biográfico de los Estados Unidos Mexicanos, V. III, Antigua Imprenta de Murguía México 1888, que a la vez era Diócesis, erigida el 7 de mayo de 1779).

 

III.- La Escuela Normal de Ures y la Preparatoria

La exposición histórica mencionada anteriormente permite concluir que las primeras instituciones de enseñanza superior no se manifiestan en Sonora en los siglos XVI al XVIII, ya que sólo se trata de la obra de evangelización de los misioneros, con sus escuelas de primeras letras, siendo hasta el siglo XIX cuando se encuentra ya un antecedente de lo que conocemos como educación superior.12 12 El 8 de octubre de 1838 fue fundado el Seminario Nacional y Tridentino de Sonora por el obispo de la Diócesis, D. Lázaro de la Garza y Ballesteros, el cual desarrolló un importante papel en la vida cultural de la región; sin embargo, por el hecho de haber sido fundado en Culiacán, referimos su historia en el trabajo correspondiente a Sinaloa.) En efecto, según datos del Profr. Gustavo Rivera R., el historiador D. Francisco R. Almada, en su Diccionario de Historia, Geografía y Biografía Sonorenses, señala que, según la memoria de la Secretaría de Gobierno, correspondiente a 1850, en ese año se fundó en Ures un centro docente que se nombró “Escuela Normal de Ures”, en la que se impartía enseñanza primaria y secundaria.

El 15 de enero de 1889, siendo Gobernador D. Ramón Corral se inauguró el Colegio de Sonora, en Hermosillo, para impartir educación primaria y secundaria. Debido al estado conflictivo de nuestro país durante el final de siglo y principio del presente, la Escuela Normal pasó por períodos críticos y sólo se formalizó el propósito hasta el 23 de diciembre de 1915, fecha en la que se expidió el Decreto del Gral. Plutarco Elías Calles como Gobernador y Comandante Militar del Estado Libre y Soberano de Sonora, según el cual quedó establecida en la ciudad de Hermosillo una escuela Normal para maestros y maestras, y los graduados llevaron el título de Profesores de Educación Primaria, Elemental y Superior. (Información proporcionada por las autoridades de la UNISON, 1975).

 

(Tomado de “Evocaciones de un universitario”, ed. de autor, 2015. Continúa).