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Halloween fiesta pagana y satánica

Más allá de los comerciantes, quienes realmente esperan con ansias la llegada de esta fiesta son los brujos, espiritistas y adoradores del diablo

 

Por Dr. Jorge Ballesteros

La Fiesta de Halloween se ha instalado como una celebración indispensable en la cultura anglosajona y en parte de la nuestra, por influencia de los medios de comunicación y las películas de Hollywood, millones de personas participan cada año de esta fiesta sin saber cuáles son sus verdaderos orígenes y motivaciones.

Pero más alarmante aún es ver a personas que, a pesar de saber sus orígenes, deciden seguir participando como si nada hubiese pasado. Incluso, son muchos los católicos  que arreglan sus hogares y disfrazan a sus hijos para celebrar el día de Halloween, sin tener en cuenta los orígenes de esta oscura conmemoración.
Doreen Irving, quien fue la bruja más grande de Europa Occidental y concubina de un famoso satanista, afirmó después de convertirse al cristianismo, “si los padres tuvieran alguna idea de lo que realmente es Halloween, ni siquiera mencionarían esa palabra frente a sus hijos”.
Así que antes de salir a las tiendas a buscar el disfraz de moda para usted o su hijo, es importante conocer el origen de la fiesta más importante de los satánicos: Halloween.

Todo comenzó trescientos años antes de Cristo en las islas británicas, donde habitaban los celtas. Esta comunidad estaba controlada por una sociedad de sacerdotes paganos llamada los druidas, quienes a su vez servían e idolatraban a Samahin, dios de la muerte.

El 31 de octubre los druidas celebraban el inicio del nuevo año celta con “el festival de la muerte”. Ellos creían que en esa noche la puerta que separa el mundo de los vivos y de los muertos desaparecía, por tal motivo invocaban e invitaban a los malos espíritus a reunirse, para predecir el futuro y lo más importante, visitar sus antiguos hogares en la tierra.

Los sacerdotes druidas iban de casa en casa exigiendo comida, hombres, vírgenes y hasta niños, para ofrendar sacrifico a su dios Samahin. Si el dueño de la casa accedía a sus peticiones ellos se iban tranquilos, pero si se negaban, arrojaban una maldición sobre la casa y algún miembro de la familia moría en ese año. De aquí proviene el famoso “trick-or-treat”, nos das algo o te hacemos un daño, actualmente conocido como “dulce o travesura”.

Para ejecutar su maldición y alumbrar su camino, los druidas llevaban con ellos un nabo de gran tamaño con una antorcha encendida adentro. En este nabo tenía grabada una cara que representa el espíritu diabólico por medio del cual recibían su poder.

Pero cuando esta tradición llegó a los Estados Unidos, los nabos no eran tan abundantes, por lo que fueron remplazados por las calabazas, que ahora los niños usan para guardar sus dulces y para adornar sus casas con luces dispuestas en su interior. 

De fiesta pagana a “tradición cristiana”

El festival de los celtas tomó aún más auge cuando el Papa Gregorio IV estableció el 01 de noviembre como el “Día de todos los santos”. Estas dos fiestas se fundieron rápidamente en una, comenzando la noche del 31 de octubre y continuando el día 01 de noviembre. Los ingleses llamaron a esta vigilia “All Hallows eve” y con el paso del tiempo se convirtió en Halloween. De este modo, un turbio ritual se convirtió en una tradición cristiana.

Estas prácticas llegaron a Norteamérica entre 1845 y 1849, debido a una terrible escasez que obligó a miles de irlandeses a emigrar a este país. Alrededor del 1900 el Halloween ya se celebraba pomposamente en los Estados Unidos.

Actualmente se considera un día sumamente importante para el comercio, aproximándose en ventas a los productos que se comercializan durante Navidad o el día del amor y la amistad.

¿Quién celebra detrás del disfraz?

Más allá de los comerciantes, quienes realmente esperan con ansias la llegada de esta fiesta son los brujos, espiritistas y adoradores del diablo, pues como afirma Antón Lavey, autor de la “Biblia Satánica”, Halloween es el día más importante de los satánicos, donde se insta a las sectas satánicas a ofrecer sacrificios humanos y animales al demonio.

No es casualidad que en los Estados Unidos y otros países del mundo sea el día en que más niños y gatos negros desaparecen. Y aunque no se puede probar su relación directa en un tribunal, es un dato que debe alertar a cualquier padre.

Cristina Kneer de Vidal, practicante del satanismo y el esoterismo por muchos años, confesó después de convertirse al cristianismo que la fiesta de Halloween es la más importante para los cultos demoníacos, pues además de iniciarse el nuevo año satánico, “es como si se celebrara el cumpleaños del diablo”.

Para ocultistas y satanistas, los ritos de Halloween comienzan desde finales de septiembre con matanzas de animales e invocaciones a Satanás para que éste venga a poseer a niños especialmente elegidos para hacerlos sacerdotes suyos.

En efecto, el satanismo existe en Estados Unidos, Inglaterra y en todos los demás países. Es algo sumamente maligno que hay que tomar en serio ya que lamentablemente no es un culto raro y que se conforma de diversas manifestaciones.

Es muy preocupante “el auge de que el satanismo disfruta en algunos medios de enorme irradiación social, como es el caso de los intérpretes de música rock”. Entre ellos podemos citar a los Rolling Stones, Ozzy Osbourne, los Beatles, Led Zeppelin, Prince, AC/DC, The Cure y Poison, por mencionar tan solo a unos cuantos. Y efectivamente, las prácticas ocultas en la vida privada de las súper estrellas del rock es algo muy común.

Pero no sólo los artistas de rock están involucrados en prácticas del ocultismo y satanismo. Como ya mencionamos, en los últimos años, la industria cinematográfica estadounidense ha invertido enormes sumas en la realización de películas de horror.

Hollywood produce programas televisivos y largo­metrajes para satisfacer la creciente morbosidad del público en cuanto al ocultismo y el satanismo. Si bien los productores nos hacen creer que se trata tan solo de un entretenimiento, muchos de ellos de hecho contratan a brujos y satanistas para que les asesoren en la realización de escenas sobre ritos y sacrificios y así, éstos son reproducidos con toda autenticidad.

Por otro lado, haciendo caso omiso de las protestas contra la violencia descarnada de tales cintas, los productores se escudan siempre en la censura que declara que menores de 18 años no pueden ver esta clase de películas sin el acompañamiento de un adulto. La realidad es que dicha medida se aplica poco o nada y se calcula que la edad promedio de quienes ven este género cine es de 15 años.

Ciertos símbolos: el pentagrama, el número 666, cruces al revés, huesos y restos de animales mutilados colocados en forma específica y ofrecida ritualmente en sacrificio. Curiosamente, varios de esos símbolos son igualmente utilizados por miembros de conocidas bandas de rock pesado o heavy metal que en sus conciertos generalmente llevan a cabo acciones violentas y por demás grotescas.

La lógica nos lleva a pensar que entre más grotesco sea algo, menos atractivo debería ser para el ser humano, pues en este caso, resulta lo contrario. La sociedad actual se ve fuertemente atacada por el “culto a lo grotesco”. Entre más repulsivo sea, mejor.

Los efectos del mercantilismo, del consumismo y, por qué no decirlo, de la estupidez humana, nos llevan a dar un culto absurdo a lo grotesco. Y eso incluye muchos aspectos de nuestras vidas, no solo en el Halloween. Cada día nos vamos haciendo inmunes a lo repulsivo. Aspectos de la vida cotidiana como la sexualidad, la vestimenta, la cultura urbana, los espectáculos, la música se van vaciando de la belleza, sustituyéndose por lo grotesco, por la fealdad.

Y Halloween es el ejemplo perfecto de esta falsa cultura. Pues entre más feo te veas, mejor; entre más repulsivo seas, mejor; entre más violento luzcas, mejor. Celebramos a la maldad y la representamos en nuestros propios hijos, como si de verdad quisiéramos que fueran zombis, brujas, momias, asesinos o monstruos.

Muchos dirán que es solo un disfraz y solo piden dulces, sin embargo, les vamos inculcando una ideología de que lo malo es permitido, es válido ser malo, aunque sea por un día. Eso es relativismo puro, un relajamiento en la vida de la virtud, una nube en la formación de la conciencia de nuestros hijos.

Padres de familia 

Independientemente del origen y sentido de la fiesta del Halloween, deben considerar algo más próximo en riesgo. Deben tomar en cuenta que no es prudente que los niños anden por las calles tocando de casa en casa pidiendo dulces. Están al alcance de la mano de cualquiera que quiera lastimarlos, o incluso introducirlos al mundo de las drogas. Aún si los acompaña un adulto, es una ocasión de riesgo que debe considerarse seriamente.

Para los adolescentes y jóvenes resulta en una atractiva ocasión para divertirse y no pocas veces, termina en excesos de alcohol u otras sustancias, lo que puede ser otro factor de riesgo. La recomendación es simple, no celebren Halloween, no tenemos motivo alguno para hacerlo. Ni siquiera es fiesta nuestra, es importada de comunidades con un pasado anticatólico y no ofrece un mensaje válido, es solo celebrar lo grotesco.

Opción

En países como Chile y Francia, se pretende dar un cambio radical a esta fiesta y darle un cauce más positivo, o mejor dicho, más cristiano: retomar el All Hallow’s Eve del siglo IX. En Chile, por ejemplo, se pretende celebrar “El día de la Primavera” y que los niños se disfracen de ángeles, santos y princesas, dejando de  lado las caracterizaciones grotescas.

El Episcopado Francés ha lanzado desde hace varios años, una fuerte campaña de publicidad del verdadero y correcto sentido de la Víspera de la Fiesta de Todos los Santos Se pretende sustituir el Halloween por el Holy Wins (La Santidad Gana) de una forma creativa, dando auge a lo santo, a lo bueno, a lo limpio, a lo puro; y no a lo grotesco.

Los padres de familia deberían de abstenerse de dejar salir a sus hijos este sábado 30 y domingo 31 de octubre a pedir dulces, debido al repunte a nivel nacional de casos positivos  y hospitalizados por Covid, aparte del peligro de intoxicación y alergias por golosinas en mal estado y por la salud mental de los niños, que no trivialicen y se acostumbren a lo grotesco, feo y bizarro de estas celebraciones y a su significado esotérico y maligno.