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Therian: entre el instinto y la identidad humana

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Por Alberto Moreno 

Vivimos en una época donde lo que antes se consideraba “marginal” ahora se amplifica, se nombra y se hace visible. Entre esos fenómenos está el de los therian — personas que sienten una conexión profunda, a menudo visceral, con un animal o con un estado “no humano”—. No es un disfraz de Halloween ni una metáfora pedida por likes; es una experiencia subjetiva, cargada de emoción, identidad y, para muchos, de alivio frente a un mundo que parece no escuchar.

¿Qué es ser therian?

En términos sencillos, un therian es alguien que siente internamente que su identidad no es completamente humana. Algunos evocan a lobos, águilas, felinos; otros a criaturas más simbólicas. No se trata de pretender tener garras o aullar en público — sino de una sensación persistente y sincera de ser, en esencia, diferente.

Este fenómeno no se inventó en TikTok ni nació en la pandemia, pero como muchas formas de búsqueda identitaria, encontró espacio y voz en los encierros del COVID-19.

Origen y contexto social

La palabra therian viene de therianthropy, que históricamente describe la creencia o experiencia de transformar o compartir alma con animales. Antes, esto se veía en mitos, chamanismos o relatos culturales. Hoy, en la red, hay comunidades enteras donde jóvenes comparten vivencias, lenguaje propio (por ejemplo: “shift” o cambio de percepción), y formas de conectar sus experiencias internas con imágenes, símbolos y emociones que el mundo adulto a menudo descarta.

Impacto del encierro durante la pandemia

El aislamiento físico floreció en muchos adolescentes un terreno fértil de introspección intensa —y también de vulnerabilidad emocional—.

El confinamiento rompió rutinas, acentuó la ansiedad, intensificó la soledad.

Las pantallas se volvieron ventanas para encontrarse con otros como ellos.

En grupos digitales, muchos encontraron un refugio de aceptación donde antes solo había juicio, silencio o incomprensión.

Para un adolescente confundido, sin modelos claros de identidad emocional, pertenecer a una comunidad donde le dicen “te entendemos” puede sentirse como un salvavidas.

¿Es solo una moda?

No necesariamente. Para muchos, no es un disfraz ni un juego, sino una forma de nombrar una sensación interna profunda. No siempre encaja en nuestros marcos tradicionales de identidad (género, cultura, orientación), pero ahí radica su importancia: no se está hablando de disfrazarse, sino de ser comprendido.

¿Cómo debemos verlo como sociedad?

Debemos verlo con curiosidad, sin pánico, sin reducción burda a enfermedad ni a capricho.

No se trata de validarlo como “verdad literal zoológica” — nadie sugiere que alguien literalmente se convierta en tigre — sino de respetar la vivencia subjetiva de una persona que lucha por definirse en un mundo que a veces no ofrece herramientas para hacerlo.

¿Qué hacer si tu hijo dice ser therian?

Como psicólogo y padre de reflexión, aquí algunas claves:

– No minimizar ni ridiculizar

Decir “eso es solo una etapa” puede cortar la confianza. Para tu hijo, no es un disfraz, es una narrativa para comprenderse.

– Preguntar con respeto

“¿Cómo te sientes cuando lo experimentas?”

“¿Qué significa para ti sentirte así?”

“¿Te hace sentir mejor o peor en tu día a día?”

Escuchar es más valioso que corregir.

– Explorar la raíz emocional

Muchas veces, detrás de una identidad therian hay:

Ansiedad,

Necesidad de pertenecer,

Huellas de aislamiento,

Dificultad para nombrar emociones complejas.

Un acompañamiento psicoterapéutico puede ayudar a diferenciar lo que es identidad expresiva de lo que es sufrimiento emocional no resuelto.

– Educar sin descalificar

Puedes decir: “Entiendo que te sientes identificado de esta manera. Me interesa saber qué significa para ti y cómo te ayuda a vivir mejor.”

Ese puente de empatía es más fuerte que cualquier sermón.

Conclusión: más humanidad, menos miedo

Los therian no son “casos perdidos”, ni raros peligros sociales. Son jóvenes — y adultos — que intentan narrar su mundo interior en una época donde las viejas categorías ya no alcanzan.

Si miramos con miedo, veremos disfraz;

si miramos con curiosidad, descubriremos historias humanas.

Y al final, lo esencial no es etiquetar, sino acompañar, comprender y ayudar a construir una identidad sana, con raíces en el mundo real, vínculos sólidos y bienestar emocional.

*Periodismo sin corbatas