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Ormuz, el complicado enclave del petróleo

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Es una batalla que no puede perder Irán por su posición natural. Igual le pasa a los EE.UU., que se metió hasta el fondo en el pantano movedizo y ahora quiere que otros le ayuden a salir

 

Por Manuel Gutiérrez

Fue la orden hacer la guerra, porque lo deseaba el Comandante Supremo de los Estados Unidos. Fue Donald Trump quien se apresuró a ser un peón de Benjamín Netanyahu. Y entre las consideraciones, no se detuvo a pensar en el detalle geográfico que representa un paso naval por el que pasa el 20% de toda la producción de petróleo del mundo y un 12% de mercancías del mercado global.

Como tampoco valoró correctamente las dimensiones de Irán, ni las dificultades que tendrá una operación de invasión terrestre, que representa un alto porcentaje de salir mal. Los Marines obedientes ya van rumbo a Irán, pero no en las condiciones de control a las que están acostumbrados. Ahora van cuesta arriba. El apoyo conjunto demandado será tan constante y frecuente como agotador dárselos, a toda hora, en todas partes.

No hizo caso de los expertos. Vea el asunto de manera simple: imagine una costa de mar que tiene su país y enfrente está Omán, de los parientes ricos de los árabes. Entonces tiene una extensión el paso de Ormuz, una distancia que es como una galería de tiro, de aproximadamente 167 kilómetros de largo con un ancho de 57 kilómetros. Pero en el punto de la proximidad de Omán con Irán, es de solo 33 kilómetros, máximo 39 de ancho.

No todo el estrecho es navegable, pero Trump no acostumbra preguntar nada; es como un expresidente que todavía ejerce en México, desde la Chin… en Chiapas, y sólo su chicharrón truena con sus otros datos. Es decir, no todo el estrecho es apto para que buques de 200 mil toneladas naveguen sin encontrar escollos, bancos de arena, posibles rocas y variaciones de profundidad que pueden hacer que encalle uno de estos enormes buques.

Esto también forma parte de la pesadilla, porque un buque que se hunda y quede obstruyendo los canales navegables del paso es como una espina de pescado enorme, atorada en la tráquea del mundo, que se ahogará sin combustibles o lo pagará hasta a 140 dólares por barril, según Goldman Sachs; y vaya que los financieros de Wall Street son más precisos que el Pentágono.

Ciertamente Irán perdió ya 60 barcos, fragatas y dragaminas, principalmente. Pero para lo que es Ormuz, y lo saben, tiene opciones defensivas que son un dolor de muelas infectado. A Irán le basta desplazar misiles de corto alcance en camiones de 7 a 14 toneladas, que se pueden mover y ocultar a lo largo de la ribera iraní. Y el canal está al alcance de drones de todo tipo, incluso drones marinos. Y no le digo más: piense en las minas, algunas de las cuales están sumergidas a nivel de línea de flotación, mientras otras son llevadas libremente por las corrientes. Las hay magnéticas, que se sienten atraídas por las masas de metal de los barcos.

Este es el gran riesgo y un gran inconveniente para los Estados Unidos, por lo que Trump pidió a todas las marinas aliadas del mundo que intervengan y, en una gran flota, mantengan vigilados 170 kilómetros, escolten a los barcos, detecten las minas, derriben los drones y detengan los misiles. Si escribirlo me cansó, imagine hacerlo… Y las marinas del mundo lo mandaron a volar.

España, por ejemplo, retira su fragata desplegada en defensa de la OTAN por Chipre, que forma parte, si se meten en el estrecho de Ormuz, el portaaviones Charles de Gaulle. En la pasada batalla de Leyte, la naval más grande de la Segunda Guerra Mundial, pero peleada por Japón solo con acorazados, cruceros, destructores y submarinos, los estrechos entre islas filipinas crearon enormes riesgos a los portaaviones de los estadounidenses. Halsey casi pierde la pensión al navegar sin saber que se ponía casi a tiro de los acorazados de Japón. Pero por pura suerte o destino, lograron evitar lo que hubiera sido un colapso naval de verdad.

Es decir, los portaaviones no son ideales para meterlos en un campo de tiro cerrado, angosto, de dos carriles en el estrecho de Ormuz, de 3 kilómetros de ancho cada uno; incluso pasan tan próximos los buques que hasta pueden verse, enviarse saludos y asomarse por las ventanas navales, que son denominadas portillos: ventanas pequeñas que se abren o cierran y tienen una protección que las clausura. Ojo de buey: portillo circular u ovalado, y escotilla, que son aperturas en los techos de un barco. Bueno, ya ilustrados, sigamos. Pero ahora se agrega que los barcos modernos tienen la ventana náutica: espacios de ventilación y observación desde el barco, que pueden ser corredizas o de vidrios fijos permanentes.

Total, a riesgo de terminar en un taller de laminado, pasan tan cerca y se ven tan próximos a la tierra que desde ahí parecen blancos apetitosos; si con Yemen no han podido, menos en Ormuz. Entonces, Francia dijo que sí le entra a Ormuz, pero Alemania, España e Italia decidieron que no es asunto de la OTAN, que la operación militar no fue notificada ni ratificada por la ONU y su Consejo de Seguridad; por tanto, es ilegal, pirata, en fin. Para estos países, el riesgo de meterse en un estrecho es evidente, y el de perder barcos y generar una crisis mayor, también.

 

 

Por tanto, la UE propone dos cosas: primero, un cese al fuego, parar los bombardeos a Irán de Israel y de Estados Unidos; a cambio, Irán deja de lanzar misiles contra los países vecinos. Luego, buscar una solución como la que logró el presidente Erdogan, de Turquía, en Ucrania. Abrir una ruta segura en el Mar Negro para sacar por el Bósforo los granos, fertilizantes y petróleo que demandaban con urgencia países con hambre de África y compradores mundiales de trigo; de esa manera, Ucrania pudo movilizar con seguridad 12 millones de toneladas de granos, pasando otras miles de toneladas por vías férreas y terrestres para movilizar una cosecha de 24 millones de toneladas de grano, que es la gran riqueza de Ucrania, y evitar la inflación y especulación por escasez.

Entonces, la solución de Trump es absurda. Poner portaaviones a tiro es una tentación irresistible y muchas cosas pueden suceder en condiciones normales; imagine en una guerra moderna. Ormuz es una batalla que no puede perder Irán por su posición natural. Igual le pasa a los Estados Unidos, que se metió hasta el fondo en el pantano movedizo y ahora quiere que otros le ayuden a salir. Ahí se les hizo bolas el engrudo y se perdió la ventaja del dominio aéreo, porque será menester meter a Ormuz toda una flota y mantenerla ahí, bajo la posibilidad de fuego, de accidentes, de derrames de petróleo, de choques o de una mina que encuentre su blanco.

Esa parte no se resuelve con bombardeos sobre las arenas de Irán. Y meter tropas por ahí también crea condiciones variables adversas y no es cosa ligera. Las marinas de casi toda la OTAN están considerando si modifican la operación “Aspides” (serpientes venenosas de Egipto, que usó Cleopatra para suicidarse luego de la derrota de Antonio) que realizan ahí. Es decir, los barcos vigilan, se mantienen seguros, controlan el flujo y evitan las naves fantasmas disfrazadas de contrabando de Irán, Rusia o lo que sea.

Pero Infobae nos informa cómo están madurando la idea. Pese a las amenazas de Trump de que se vengará de los países que no lo ayuden en Irán, los países europeos no consideran que sea tema de la OTAN; en tanto, Inglaterra, muy vinculada con los Estados Unidos, analiza qué le conviene más, pero tampoco se ven convencidos y alegres con la idea. Aspides fue creado para eliminar la piratería de Yemen y dar seguridad a las embarcaciones en el Mar Rojo y en todo el golfo por los barcos socios de la OTAN, y es legal. Actualmente tienen desplegados 19 barcos, por lo que la guerra demanda mayores refuerzos y resultan insuficientes, la verdad. Tanto Italia como España se oponen a que “Aspides” pase al Ormuz porque no se trata de evitar la piratería (se suman a ella), es una realidad diferente, dicen con diplomacia.

La idea del corredor tipo Ucrania resulta la posibilidad más sensata, según la UE en Bruselas y la propia ONU con Antonio Guterres, pero el asunto es que esto daría al traste con la narrativa de Washington, que alardea que ganó una guerra porque ya bombardeó todo y no le alcanza para nada. Pobres Marines, que serán chivos expiatorios de los ensayos y errores de Trump. Tal vez quiera romper el estrecho, liberarlo con barcos de Francia, Inglaterra y los Estados Unidos, que se meterán en un nudo, en un embudo del que nadie tenga una noción naval, recomienda.

La sombra del error de Halsey en Leyte ronda de nuevo. La Navy lo sabe, pero no se atreve a decírselo al autócrata, que omite el punto de la ayuda de Rusia a Irán en materia de información útil para los disparos de misiles. Trump ve solamente con su óptica deformada una realidad alterna. E Irán tiene una copia del misil Exocet con el que Argentina hizo ver estrellitas a la poderosa Inglaterra en las Malvinas, con aviones rudimentarios A-4 y Super Étendard; imagine esos en el estrecho… qué pesadilla ecológica y naval.

Todos sabían del estrecho de Ormuz, excepto su Comandante Supremo, cargo para el que no está debidamente acreditado en criterio, sensata visión y un mayor respeto por el profesionalismo de sus hombres de la Navy y Marines, que sí son valientes y saben operar en todos los mares, a los que ofendió con su cerrada ignorancia, siendo el populista Trump y su chicharrón tronante.