
Se fue el Profe Lupito
Por Pedro “Chory” Carmona
Su nombre fue Guadalupe Encinas Franco, quizá usted lo haya conocido u oído mentar, fue todo un personaje en la capital sonorense, mejor conocido como el Profe Lupito. El pasado sábado del presente mes se nos adelantó en ese caminito, ese que todos algún día vamos a transitar.
Todo un activo en nuestra ciudad, forjador de un sinfín de generaciones desde niños y jóvenes, en educación de secundaria y prepa y, de manera particular, asesorías académicas, que no era otra cosa que nivelar a niños y jóvenes por problemas de aprendizaje o, simple y sencillamente, niños que se atrasaban en su programa educativo, que no comprendían materias como matemáticas, español. “Mi objetivo es que estos niños no aprendan de memoria, que comprendan el conocimiento, que razonen, hacerlos pensar”, me comentó en varias ocasiones que lo visité en su salón.
Se inicia muy joven en la docencia, por allá en 1977, cuando dio sus primeros pasos laborando en el primer colegio particular del sur de Hermosillo, ubicado en la colonia Palo Verde, fundado por el maestro Oliver. No tenía los 18 años, pero su vocación e inteligencia hicieron que aquellas generaciones se vieran beneficiadas.
Realizó estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la Unison, un apasionado de la lectura. Realizó varios ensayos literarios, concursos de oratoria, declamación, corrector de algunas publicaciones (revistas) a nivel nacional. El pasado miércoles cinco de agosto dio sus últimas asesorías a niños, ya que el jueves seis fue internado para ser intervenido quirúrgicamente del estómago, pero lamentablemente surgieron varias complicaciones que terminaron con su vida.
¿Su pasión? El futbol y el Cruz Azul
Seguidor de aquella máquina celeste del Cruz Azul que hizo historia en los años setentas y ochentas, dirigidos por Don Nacho Trelles, Héctor Pulido, Miguel Marín, Eladio Vera, Rodolfo Montoya, Horacio López Salgado, Quintano, el “Kaliman” Guzmán, Fernando Bustos, Sánchez Galindo, Cesáreo Victorino, lo cautivaron esos jugadores, como a muchos hermosillenses de esa época. Pese a tener una discapacidad física en su brazo, eso no fue impedimento para practicar ese deporte y convivir con los amigos del barrio, en esos años donde el bullying era muy fuerte. Él nunca se sintió acomplejado, además, nunca lo consideramos un muchacho “especial”; su vida fue la lectura, su familia y el futbol lo atrapó.
Diego Mercado, director de varias Selecciones Nacionales de aquellos años a nivel amateur, quien dirigiera a Hugo Sánchez en sus inicios y maestro de un servidor y de Enrique Ferreira en la escuela de entrenadores en Guadalajara, tenía una teoría: “La única actividad que no podrá quitarte tu señora será el futbol, te quitará amigos, compadres, la novia que traigas, incluso que no visites a tu familia, pero con el futbol ahí sí se resignará”. Y cuánta razón tenía.
Lupito se inclinó por la de dirigir equipos y fue un exitoso, con mucho sentido común para mover a sus jugadores, ganándose el respeto de todos nosotros. Su primer equipo fue el equipo Tamaura, equipo juvenil del barrio, así como empezamos todos. La mayoría de los jugadores éramos de Villa de Seris. Nuestra primera participación la hicimos en la Primera Fuerza Municipal, era el verano de 1977. Teníamos un equipo muy ligerito, sobre todo con extremos de Selección Sonora, como era el “Likano” Gámez y, en un tiempo, José María Galazo. Pese a haberle ganado a la fuerte Selección de los Búhos de la Unison y dar buenos partidos, no fuimos campeones, dejando gran sabor de boca.
Dirigió otros equipos como la Sección 54 del SNTE de Carlos Madero, Pumas Sarrazin de mi cuñado Alfredo, Deportivo Soriana, el Colonia II, que en corto tiempo hizo época; en años recientes, a Fumisol, que participa en el mejor nivel de Hermosillo y que son los únicos bicampeones en esa liga (Premier). Hoy en día van que vuelan por el tricampeonato. Mucho tuvieron en sus logros el mismo Lupito, Raúl “Chapo” Miranda y su patrocinador y hombre de futbol, como Abelardo “Cawboy” Gutiérrez.
No me alcanzaría el espacio para seguir escribiendo del Profe Lupito. Solo me resta desearle “buen viaje” y descansa en paz, amigazo. Algún día nos volveremos a ver.










