Aarón Gamal, Fernando "Fena" Bernal, Javier "Súper" Ramírez, de los primeros que jugaron en la Primera División.
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Aquellos “alucines” de Ferreria y un servidor

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Por Pedro “Chory” Carmona

Corría el año de 1990 cuando, en pleno diálogo con Enrique Ferreira en la ciudad de Guadalajara y a punto de terminar ambos la carrera de directores técnicos de fútbol, en la escuela que dirigía Diego Mercado, comentábamos que fuimos los primeros de Hermosillo en buscar un carnet para dirigir equipos profesionales de soccer. No es que fuéramos «muy buenos», pero aventarnos a estudiar fútbol fuera de nuestra ciudad no era nada fácil.

Teníamos la ilusión de que algún día podríamos dirigir algún equipo de ascenso en Hermosillo, ya que, tarde o temprano, el fútbol profesional llegaría a esta ciudad. Alucinábamos con que empresarios hermosillenses, como los Tonella, Gutiérrez o Camou, pudieran entrarle al quite para que la capital de Sonora no solo tuviera béisbol.

La verdad es que Ferreira y un servidor veíamos una oportunidad de desarrollo: crecer como profes en preparación física, técnica y estrategia de este deporte, y poner en práctica lo que habíamos aprendido en nuestra tierra. Éramos conscientes del talento que existía, pues ya se habían exportado jugadores surgidos de los polvorosos campos locales, como el «Fena» Bernal, Aarón Gamal, el «Súper» Ramírez, Martín «Pigüi» Estrella y hasta un servidor, que habíamos estado en el Atlas de Guadalajara. Nos dimos cuenta de que muchos de nuestros compañeros de la Selección Sonora podían haber llegado a algún equipo profesional; solo faltaba «pulirlos». Practicábamos un fútbol «en greña», pero efectivo en muchas ocasiones. El talento ahí estaba: Salim Gataz, «Jícama» Acuña, «El Chayel», Meño Muñoz, Chacho, el «Buy», Rogelio González, Mario Ríos, Carlingas Labandera, Guerra, el «Gallina» Peralta, Germán Moreno, el Pito Gaytán y el «Pico Chulo», por mencionar solo algunos.

Con el tiempo, en Hermosillo se hicieron grandes esfuerzos por tener una franquicia de Tercera División Promocional y nacieron los Seris y los Soles. Pequeños empresarios futboleros le metieron alma, corazón y bofe; por supuesto, también dinero, de acuerdo con sus posibilidades. Sin embargo, la falta de apoyo oficial, la inexperiencia y, súmele, los vivales de la FMF en la rama de la Tercera División —que, como siempre, nunca pierden— dieron al traste con el proyecto.

Más adelante llegaron algunas promociones con equipos de Primera División que disputaron partidos amistosos en el estadio Héroe de Nacozari. Vinieron Chivas, Pumas, Irapuato e incluso la Selección Mexicana de Bora Milutinović. Durante el sexenio de Manlio Fabio Beltrones se anunció que Hermosillo sería la nueva casa del Puebla, de Emilio Maurer. Beltrones emocionó a la afición; sin embargo, Maurer traía serios problemas con la Federación Mexicana de Fútbol y el equipo nunca se quedó. Al final de cuentas, Maurer terminó pisando la cárcel. ¿El motivo? Solo ellos se entienden.

En la era «moderna», la empresa Megacable vio que nuestra ciudad era factible para tener un equipo de ascenso y trajo a los Académicos, filial del Atlas, a los que llamaron Coyotes de Sonora. Recuerdo a su presidente, Juan Íñigo. Era un equipo modesto, pero que practicaba buen fútbol bajo la dirección técnica de Jorge Humberto «Negro» Torres, quien fuera nuestro compañero de equipo en Guadalajara. Tuvieron éxito: llegaron a meter 13 mil personas con boleto pagado. La raza se metió al juego y el equipo calificó a las finales, pero fue eliminado en Querétaro. Entonces el gozo se vino al pozo. Diferencias con la directiva provocaron que Megacable dejara el proyecto y el equipo nunca volvió.

Antes de ellos ya habían estado los Gallos Blancos, que también alborotaron el «gallinero», dirigidos por el «Charal» Domínguez, dándole la oportunidad de jugar al hermosillense Beto Ocejo. Sin embargo, también se los llevaron a la tierra de La Corregidora.

El tiempo no se detiene. En el año 2012 reaparece Enrique Ferreira. Sí, ese que fue mi compañero en la carrera de director técnico; aquel con quien había platicado como estudiante a principios de los noventa. Él, con un camino recorrido dirigiendo con éxito a las Selecciones Sonora, se presentó con un equipo de Tercera División: los Rayos del Poblado Miguel Alemán, a quienes llevó a ser bicampeones nacionales. Primero consiguió el ascenso y posteriormente los convirtió en campeones de la categoría de filiales de equipos de Primera División, lo cual no era cualquier cosa.

Invité al «Súper» Ramírez a ir a verlos jugar a la calle 12. Ahí le llamaron la atención tres jugadores. Uno de ellos era César Montes, cuya historia ya todos conocen; otro era el goleador Rai Villa, quien también hizo carrera en el fútbol profesional; y el tercero era el «Argentino», como él bautizó a Willy Salazar, un mediocampista fino, aunque al final no le alcanzó para consolidarse.

Ese equipo se convirtió en lo que hasta hace poco fueron los Cimarrones de Sonora. Con el tiempo fue adquirido por don Saúl Rojo, un empresario local serio. Anteriormente habían pasado otros empresarios de la localidad, como Félix Tonella e incluso Servando Carvajal, quien se anunció como propietario y hoy se encuentra recluido en un penal de Nayarit, acusado de fraude. Cimarrones fue de más a menos. En resumidas cuentas, el proyecto no resultó el negocio que sus dueños imaginaron.