
Compromiso social con la niñez: una responsabilidad de todos
Reorientar la brújula: de ayudar solo cuando nos toca, a construir una sociedad capaz de acompañar antes de que el riesgo se convierta en tragedia
Por Guillermo Moreno Ríos
Hay momentos en los que una sociedad necesita detenerse y preguntarse si su brújula apunta hacia el lugar correcto. Hablamos constantemente de productividad, inversión, infraestructura e innovación. Todo ello es necesario, pero cabe preguntarnos: ¿qué tan resiliente es nuestra sociedad? Una ciudad, empresa o comunidad no es verdaderamente desarrollada únicamente por la riqueza que genera o las obras que construye.
Por eso, desde Consejo INCIDE A.C. y Juventud INCIDE, abrimos un espacio para hablar de la niñez, la discapacidad, las familias con un diagnóstico y las causas sociales que demandan nuestra participación.
El reciente encuentro realizado en el CRIT Hermosillo nos permitió conocer dos historias que transforman la vulnerabilidad en capacidad:
- Silvia Álvarez Amaya (Consejo Local Benefactor del CRIT Sonora), quien acompaña a cientos de familias que reorganizan su vida tras un diagnóstico.
- Abril Escobosa Apodaca (La Enciclopedia del Primer Diagnóstico), quien utiliza el conocimiento para disminuir el miedo y humanizar un momento determinante.
Las reconocemos porque representan una gran verdad: la transformación social no siempre comienza con grandes presupuestos, sino con personas que deciden involucrarse.
La vulnerabilidad también es social
Hemos aprendido que la vulnerabilidad forma parte del riesgo. Esta misma lógica aplica a la sociedad. La pregunta no es si existe vulnerabilidad, sino qué hacemos para reducirla.
No todas las causas tienen la misma urgencia ni todas las personas pueden defenderse por sí mismas. Sin abandonar otros compromisos que se han puesto de moda, debemos priorizar donde la necesidad y la imposibilidad de valerse por sí mismos lo demanden: la niñez es precisamente una de esas prioridades.
Reorientar la brújula empresarial y profesional
Como empresarios y profesionistas tenemos una enorme capacidad de transformación. Sin embargo, hemos orientado la brújula hacia los resultados inmediatos. La verdadera responsabilidad social comienza cuando actuamos sin que nadie nos obligue y sin esperar a que una crisis o un diagnóstico toque a nuestra propia puerta.
La empatía también es prevención
El reto del sector empresarial es pasar de la filantropía ocasional a la construcción permanente de capacidades. Ayudar no es solo aportar dinero; es compartir conocimiento, infraestructura, capacitación, alianzas y oportunidades. La solidaridad estructurada genera un impacto mucho mayor que el impulso momentáneo.
Atender a los grupos vulnerables no es responsabilidad exclusiva del gobierno o de las ONG: es de todos. Involucrarse en causas sociales no significa abandonar la productividad, sino hacerla más humana y sostenible y eso a la larga es rentabilidad social y económica.
Una ciudad no se mide solo por sus edificios ni una empresa por sus utilidades, sino por la manera en que cuida a quienes más lo necesitan. Si tenemos la capacidad de ayudar, ¿por qué esperar? La brújula está en nuestras manos: reorientémosla hacia las personas, las familias y nuestros niños para no dejar a nadie atrás.
Información completa en edición 209: https://consejoincide.com/revista








