
El contrato del estafador: La trampa de la Reforma Electoral
En la narrativa oficial jamás se admitirá que el objetivo es sellar un cambio de régimen o reescribir las reglas para perpetuarse en el poder
Por Mónica Calles Miramontes
La historia reciente de América Latina nos ha enseñado una dolorosa lección: las democracias ya no mueren con golpes de estado, entre tanques y balas; ahora, mueren a manos de líderes que llegan por la vía democrática y utilizan un gran respaldo popular para dinamitar, uno a uno, los contrapesos. Las reglas que les permitieron llegar al poder les resultan un estorbo cuando logran sus objetivos.
De esta forma, legalizan el autoritarismo modificando las leyes e instituciones para eliminar cualquier control a su poder; eso significa siempre arrebatarle derechos a la ciudadanía.
En México la destrucción de leyes, derechos e instituciones pasó tan rápido que, es posible que la ciudadanía aún no dimensione la gravedad de lo que está ocurriendo, pues los efectos de la demolición institucional no siempre son inmediatos.
Sin embargo, el daño está hecho, han destruido los cimientos del mismo edificio democrático que ayudaron a construir. Lo creamos o no, sin cimientos, inevitablemente, el edificio caerá.
Entre el apoyo ciego, la indiferencia o la cobardía, hemos permitido que se apropien de todo; y hoy estamos a merced de la «buena voluntad» de quienes ejercen el poder. Eso no es democracia; es una autocracia.
Ahora, la reforma electoral pretende poner el candado definitivo a esta destrucción. En la narrativa oficial jamás se admitirá que el objetivo es sellar un cambio de régimen o reescribir las reglas para perpetuarse en el poder. El estafador nunca explica cómo se quedará con tu dinero mientras te hace firmar el contrato.
Veámoslo de este modo: la realidad nacional nos golpea con desabasto de medicinas, violencia desbordada, desapariciones exponenciales y territorios enteros bajo control del crimen organizado. A pesar de ello, el gobierno no ofrece estrategias ni resultados. En su lugar, han decidido que el tema central de los próximos meses sea la reforma electoral, vendiéndola como la panacea de todos los males.
Esto es porque es evidente que, el discurso de culpar al pasado está desgastado y el tiempo se les agota. Saben que la ciudadanía, tarde o temprano, exigirá resultados o castigará con su voto.
Por eso la urgencia, por eso necesitan debilitar el sistema electoral, apropiarse del árbitro y reescribir las reglas del juego antes de que eso suceda.
Quieren asegurar reglas que les permitan conservar el poder, aun cuando la ciudadanía ya no quiera respaldarlos.
Esto es muy grave, porque al gobierno ya no le preocupa dar resultados para que tú, como ciudadano, le refrendes tu confianza en las urnas. Hoy su verdadera estrategia —ante su falta de resultados— es desmontar el sistema electoral.
Ya no necesitan tanques y balas; les basta con una reforma para matar nuestra democracia en silencio. Por eso, hoy más que nunca, la responsabilidad recae en nosotros, en la sociedad mexicana. La única contención real frente al poder absoluto es una ciudadanía despierta. Depende de nosotros salir del sueño profundo.
*Abogada y consultora especialista en materia electoral
Web: defensaelectoral.com.mx
LupaReforma2026.mx
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