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El síndrome de la torre de marfil

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Hoy, la “torre de marfil” es digital. El gobernante ya no necesita encerrarse en un palacio; le basta con su cámara de eco en redes sociales

 

Una patología del aislamiento: El poder no solo corrompe el carácter y embrutece el juicio del que lo posee; el poder, ante todo, ciega. Algo que todos pueden ver si se atreven a ver a este elefante en la sala.

El gobernante que se encumbra termina habitando una torre de marfil donde la realidad es un estorbo y la verdad, una intrusa. No es solo un error de gestión, es una deformación profesional inevitable del mando.

 

La advertencia de Fénelon: el síndrome de la torre de marfil

Cuando un líder se vuelve inalcanzable para el ciudadano común, se vuelve esclavo de quienes le filtran el mundo. Fénelon lo sentenció con claridad:

“Un príncipe inaccesible a los hombres es inaccesible a la verdad; quienes se aprovechan de su ceguera se dedican a calumniar o a desterrar de su presencia a todos los que quieren abrirle los ojos”.

En este escenario, el círculo íntimo no informa, sino que protege su propia parcela de influencia. El gobernante solo escucha ecos de su propia voz o las lisonjas de reporteros y asesores que han convertido la adulación en un oficio.

 

La dictadura del círculo íntimo

El aislamiento produce una visión deformada. Quien solo habla con tres o cuatro personas termina pensando como ellas, heredando sus odios y validando sus prejuicios.

El entorno del poder se convierte en un criadero de parásitos que viven de distorsionar la realidad, como Fénelon lo apuntó:

“Quien sólo habla con un pequeño número, casi necesariamente adopta sus pasiones y sus prejuicios, y los mejores no están libres de pasiones y prejuicios. También debe recibir su conocimiento por rumores y, por lo tanto, está a merced de los chismosos, una raza despreciable y detestable, que se alimenta del veneno que destruye a los demás; que hace grande a lo pequeño y criminal a lo irreprochable; que, en lugar de no imputar el mal, lo inventan; y que, para satisfacer sus propios fines, juegan con la sospecha sin causa y la curiosidad indigna de un príncipe débil y celoso”.

Para estos “chismosos”, la verdad es el enemigo. Si el gobernante viera la realidad, ellos perderían su utilidad. Por eso, crean un mundo virtual donde el líder es infalible y el resto del mundo está equivocado.

 

El mito del poder absoluto

Es una ingenuidad peligrosa creer que un gobernante, por ser “bueno”, será inmune a esta degradación. La estructura del poder centralizado es más fuerte que la voluntad individual. Fénelon advierte contra la fe ciega en la virtud del líder:

“[…] no hay que poner en peligro su virtud confiándoles un poder absoluto, pues muchos hombres que se han mantenido firmes frente a las tentaciones comunes han caído cuando la autoridad ilimitada y la riqueza sin límites han puesto a prueba su virtud”.

“No hay peor ciego que el que no quiere ver”.

“A mayor altura, más viento y menos cordura”.

“Al rey, por ser rey, nunca le falta quien le diga lo que quiere oír”.

 

En tiempos actuales

Hoy, la “torre de marfil” es digital. El gobernante ya no necesita encerrarse en un palacio; le basta con su cámara de eco en redes sociales.

Los asesores configuran el entorno del líder para que solo vea métricas favorables y “sentimiento positivo”.

El político cree que “hablarle a la cámara” es hablar con el pueblo, cuando en realidad solo está emitiendo un monólogo hacia una audiencia segmentada que ya está de acuerdo con él. La disidencia se etiqueta como “trol” o “noticia falsa”, eliminando cualquier rastro de verdad incómoda.

Cuanto más alto es el cargo, más “limpia” llega la información.

Los reportes que llegan al Presidente o al CEO han pasado por varios filtros de mandos bajos, medios y altos que quieren ocultar sus errores. El líder toma decisiones sobre una realidad que no existe, basada en gráficos de PowerPoint que maquillan el desastre.

Nadie contradice al poderoso. El círculo íntimo se convierte en una fila de personas que asienten, perpetuando el error hasta que el mercado o la crisis golpean la torre.

Maquiavelo: “No hay otra forma de protegerte de la adulación que hacer entender a los hombres que decirte la verdad no te ofende; pero cuando todos pueden decirte la verdad, te falta el respeto”.

Erasmo de Rotterdam: “Nadie vive más alejado de la verdad que quienes más necesitan saberla: los reyes”.

Plutarco: “Los que se dejan adular son los más culpables de que se les engañe”.

 

Conclusión descarnada

La concentración de poder es proporcional a la pérdida de contacto con la tierra. No existen salvadores providenciales; solo existen humanos que, al recibir poder absoluto, terminan asfixiados por su propia importancia y engañados por su séquito.

La torre de marfil no es un refugio, es una celda de lujo donde la verdad muere por asfixia. Un príncipe inaccesible a los hombres es inaccesible a la verdad. El elefante en la sala es que el líder no decide sobre la realidad, sino sobre el mundo virtual que sus asesores han diseñado para proteger sus propios privilegios.

 

*loselefantesenlasala.com