
La Justicia Internacional bajo asedio
“Hoy el mundo necesita más justicia que nunca. Las atrocidades del siglo XX que llevaron a la creación de la Corte no han dejado de existir y asistimos a una erosión del multilateralismo y del Estado de Derecho cada vez mayor”.
—Silvia Fernández de Gurmendi, Expresidenta de la Corte Penal Internacional
Por Sandra Karina Ibarra Carbajal
Desde la épica troyana narrada por Homero hasta la tragedia de Sarajevo, los sitios han acompañado la historia de la guerra. El de Sarajevo fue el más prolongado de la guerra moderna: entre 1992 y 1996, fuerzas serbobosnias y del Ejército Popular Yugoslavo sometieron a la ciudad a bombardeos y francotiradores. Más de 12 mil personas fueron asesinadas, entre ellas 1,500 niñas y niños.
Lo distintivo de nuestro tiempo no es la desaparición de esas estrategias, sino que la comunidad internacional decidió establecer límites incluso en la guerra y exigir responsabilidades a quienes los vulneren. Esa es la promesa que dio origen a la Corte Penal Internacional.
Creada por el Estatuto de Roma en 1998, la Corte representa el compromiso de más de un centenar de Estados para perseguir el genocidio, los crímenes de guerra y los crímenes de lesa humanidad. En marzo de 2023 emitió una orden de detención contra Vladimir Putin por la deportación ilegal de niñas y niños ucranianos hacia la Federación Rusa. La respuesta del gobierno ruso fue juzgar y condenar en ausencia a integrantes de la Corte.
Otro episodio revela la magnitud del desafío. En 2020, la Sala de Apelaciones de la Corte Penal Internacional, integrada, entre otros, por la jueza Solomy Balungi Bossa, autorizó investigar presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad cometidos en Afganistán desde 2003. La decisión comprendía tanto las atrocidades atribuidas a los talibanes y fuerzas afganas como las denuncias contra integrantes del ejército y de los servicios de inteligencia de Estados Unidos por posibles actos de tortura y otros abusos.
En entrevista con Javier Biosca Azcoiti, la jueza explicó que aquella resolución derivó en las sanciones impulsadas en 2025 por la administración Trump en contra de la Jueza: congelamiento de activos, bloqueo financiero, restricciones bancarias y limitaciones para acceder a herramientas tecnológicas.
Balungi Bossa calificó esas medidas como represalias porque, dijo, “la justicia internacional empieza a morder y eso no les gusta”. También advirtió que “las potencias que deberían proteger el orden mundial están optando, por el contrario, por socavar a la justicia”.
Su denuncia interpela en realidad a todas las democracias: ¿qué ocurre cuando quienes deben impartir justicia son castigados precisamente por ejercerla?
La legitimidad de toda persona juzgadora descansa en una premisa esencial: resolver con independencia, conforme a las pruebas y al derecho, nunca respondiendo a intereses políticos, económicos o fácticos.
Cuando un Estado sanciona a integrantes de un tribunal por el sólo hecho de juzgar interpretando el derecho, el daño trasciende en dos sentidos. Primero, envía un mensaje intimidatorio a toda la judicatura: si no resuelves como queremos, te sancionamos. Segundo, aleja a las víctimas de la posibilidad de obtener una justicia independiente.
La intimidación institucionalizada a través de sanciones. Cuando impartir justicia exige más valentía que conocimiento jurídico y las personas juzgadoras deben asumir el riesgo de convertirse en mártires del tirano en turno, la impunidad deja de ser una excepción para convertirse en una amenaza global. ¿Seremos simples espectadores del asedio contra la justicia independiente o comprenderemos que, si caen sus últimos guardianes, también caen las garantías de los derechos y libertades de todas las personas? Escribo estas palabras un 17 de julio de 2026, Día de la Justicia Internacional, con reconocimiento a las personas juzgadoras que, desde cualquier parte del mundo, resisten el asedio autoritario del siglo XXI.
*Jueza de distrito del Poder Judicial Federal.
Columnista y activista por la democracia y derechos humanos.
X @sandrakarinaib3








