La entrada de Memo debió haberse escuchado espectacular, al grado de cimbrar los cimientos del Estadio Azteca.
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Ochoa y Morita

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Por Pedro “Chory” Carmona

A pesar de que el técnico Javier Aguirre la ha “jugado” y no adelanta ni suelta prenda a la prensa, para un servidor estaba cantado que Gilberto Mora y Memo Ochoa, de quienes tanto se habló durante la semana, robarían cámara la noche del miércoles en el Azteca, en esa victoria ante Chequia por 3-0, ganada a toda ley.

A pesar de que al inicio el equipo no se vio bien, incluso parte de los aficionados llegaron a desesperarse en el primer tiempo, ya que el equipo no estaba jugando bien, conforme transcurrió el encuentro el conjunto se paró mejor y empezó a tocar el balón, sobre todo con el juvenil Mora, con Quiñones y los laterales Mateo Chávez y Jorge Sánchez, que traían el cohete encendido y hambre de trascender. Todos los jugadores se entregaron y estuvieron concentrados; me gustaron sobremanera. Lo que sí, es que Gilberto Morita creo que podría ser figura internacional, ya que hasta el momento ha mostrado madurez dentro y fuera de la cancha.

Destaca a la ofensiva la potencia de Quiñones, que alcanzó a hacer su golecito; el hermosillense César Montes resolvió todo lo que iba por alto; Edson Álvarez mostró su calidad europea, y Roberto “Piojo” Alvarado volvió a hacer las dos funciones. Aguirre movió bien a su gente y escuchó la “voz de la grada”, cuando la afición gritaba en varias ocasiones: ¡Ochoa, Ochoa!

La entrada de Memo debió haberse escuchado espectacular, al grado de cimbrar los cimientos del Estadio Azteca, lo cual hizo que el portero no pudiera contener las lágrimas, y es que no era para menos.

En el lugar donde nos encontrábamos, que era un restaurante de la capital sonorense, los 70 comensales presentes deseaban que le fuera bien a Ochoa y que no le fueran a meter un gol, ya que el riesgo siempre existe. En lo personal, me llamó la atención esa vibra y “mortificación” que se sintió en el lugar; todos unidos con el mismo objetivo, a pesar de que la mayoría no nos conocíamos.

No deben haber faltado dos que tres detractores que se quedaron con “la boca abierta” al ver cómo se le entregó el pueblo y, a pesar del poco tiempo que estuvo en la cancha, Memo no tuvo llegadas de peligro en contra. Sin embargo, colaboró con un despeje-pase para iniciar la ofensiva que terminó con el gol de Fidalgo y, al término del encuentro, con la canción de “El Rey”, donde el 90% del estadio, por no decir que todo, la cantó en homenaje a su trayectoria y a esos seis mundiales. Una gran noche para el pueblo de México.

Es nuestro sentir que el pueblo necesita este tipo de desfogues. De ahí que usted vea el éxito de la ExpoGan y de las Fiestas del Pitic; es el ejemplo más claro que hemos vivido los hermosillenses. Y es que en estos años, donde el país se encuentra polarizado por las malas decisiones tomadas, donde imperan en varios estados la violencia y la impunidad, hoy aparece la magia del futbol que, en tan solo tres partidos, ha logrado lo que ninguna democracia ni política pública ha podido hacer: unir a un pueblo como el nuestro. Lo mismo pobres que clase media, media alta y ricos han recibido alegrías y satisfacciones.

No sabemos qué vaya a pasar en la siguiente eliminatoria ni quién será el próximo rival, o si vayamos a seguir avanzando. Tenemos una ventaja: al menos el equipo no saldrá del Azteca, y déjenme decirle que eso es una motivación extra para los once que estén en el terreno de juego.

El Vasco Aguirre tiene “un gran problema”: a quién va a iniciar el próximo miércoles. Al menos ya sabe realmente con qué material cuenta. No será lo mismo Chequia ni Corea que Brasil, Francia, Inglaterra, Argentina, Portugal, Marruecos y súmele algún otro león rasurado que pueda surgir. Pero eso sí, de una cosa estoy convencido: la Selección la siguiente semana nos volverá a reunir frente a alguna pantalla y, al menos, se nos olvidarán las manifestaciones, la violencia y los levantones; incluso el viejo Rocha Moya. Y lo bailado y pisteado, nadie nos lo quitará.