El circo moderno en Hermosillo tiene nombre y apellido: ExpoGan y Fiestas del Pitic.
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El feminicidio y las riñas al calor del alcohol se normalizan en Hermosillo

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Cuando una sociedad normaliza los feminicidios, las riñas violentas y el deterioro de la convivencia pública, comienza también a normalizar su propio atraso

 

Por Rodolfo Montes de Oca Mena

Durante los últimos años, Hermosillo ha comenzado a transitar por un camino profundamente preocupante: la normalización de la violencia. Y no me refiero solamente a la delincuencia organizada o a hechos aislados de inseguridad, sino a algo todavía más grave: a la pérdida progresiva de sensibilidad social frente a los feminicidios y las riñas violentas derivadas del consumo excesivo de alcohol.

Tan sólo entre 2024 y lo que va de 2026, los medios de comunicación han documentado múltiples feminicidios ocurridos en nuestra ciudad. Casos como los de Dulce María, víctima de agresión armada; Michel Kimberly, asesinada brutalmente; Nayeli, privada de la vida con arma blanca; Adriana Magdalena, víctima de un ataque violento que conmocionó a diversos sectores de Hermosillo; también la mujer empleada de la federación asesinada en el Centro de Gobierno, ejecutada en un hecho sin precedentes por haberse cometido en una zona oficial altamente transitada; así como el reciente feminicidio en la colonia Palo Verde, donde una mujer fue atacada a balazos en su propio domicilio, forman ya parte de una larga y dolorosa lista. Lo más preocupante es que, en la gran mayoría de esos casos, públicamente no advertimos sanciones ejemplares contra los responsables.

Pero aún más grave que ello, es advertir cómo la sociedad parece haberse acostumbrado a estas tragedias. Antes, el asesinato de una mujer cimbraba a Hermosillo entero. La ciudadanía elevaba la voz y exigía resultados inmediatos. Durante mi etapa como titular de la Procuración de Justicia del Estado de Sonora, este tipo de hechos no ocurrían con la frecuencia actual y, cuando llegaban a suscitarse, existía una exigencia social auténtica para que fueran resueltos, como efectivamente sucedía.

Hoy, en cambio, pareciera que el feminicidio empieza a convertirse en una nota más. Inclusive, observo que muchos de los movimientos y expresiones agresivas de grupos feministas terminan orientándose hacia reclamos abstractos o genéricos, pero no necesariamente hacia la exigencia puntual y concreta del esclarecimiento individual de cada caso. No percibo una presión focalizada y permanente sobre las autoridades para resolver cada feminicidio ocurrido en Hermosillo.

Mientras tanto, nuestra comunidad parece distraída y entretenida con aquello que los romanos describían como “pan y circo”. El circo moderno en Hermosillo tiene nombre y apellido: ExpoGan y Fiestas del Pitic.

Miles de hermosillenses gastan enormes cantidades de dinero, particularmente en el consumo de alcohol, en eventos donde año con año aumentan las riñas, las agresiones y las conductas violentas. Ahí están las recientes imágenes difundidas durante la ExpoGan Sonora 2026, donde ciudadanos y policías estatales terminaron involucrados en una riña vergonzosa; ahí están también las golpizas, lesiones y enfrentamientos reportados constantemente durante estos eventos masivos.

Y apenas termina la ExpoGan, comienza el siguiente episodio del entretenimiento colectivo: las Fiestas del Pitic, donde nuevamente el alcohol se convierte en protagonista y donde, utilizando recursos públicos, el Ayuntamiento contrata artistas y grupos musicales que seguramente cuestan millones de pesos provenientes de nuestros impuestos. Maná, El Tri y muchos otros espectáculos podrán generar entusiasmo momentáneo, pero difícilmente resolverán el deterioro urbano, económico y social que padece Hermosillo.

Resulta inevitable preguntarse si nuestras autoridades realmente están preocupadas por combatir el consumo excesivo de alcohol y sus consecuencias o si, por el contrario, lo alientan indirectamente porque funciona como distractor social frente a los verdaderos problemas de nuestra comunidad: calles destruidas, infraestructura abandonada, inseguridad, deficiente movilidad y una ciudad cada vez más rezagada frente a otras capitales del país de dimensiones similares.

Cuando una sociedad normaliza los feminicidios, las riñas violentas y el deterioro de la convivencia pública, comienza también a normalizar su propio atraso. Y si nuestro gobierno continúa privilegiando el “pan y circo” por encima de la reconstrucción institucional, urbana y social de Hermosillo, no solamente seguiremos estancados: nuestro deterioro se acelerará todavía más.

Sinceramente, no veo cómo podamos levantarnos mientras continuemos entretenidos observando el espectáculo, al mismo tiempo que la violencia y el abandono avanzan frente a nuestros propios ojos.

 


*Primer Fiscal General de Justicia en la historia de Sonora. Abogado penalista con Maestría en Ciencias Penales por el Instituto Nacional de Ciencias Penales (INACIPE) y doctorando en Ciencias Penales y Política Criminal en la misma institución.