
Jaime Sabines desentraña la fuerza de la creación poética
Por Manuel Gutiérrez
Jaime Sabines es un autor extraordinario, vehemente, pero todo es emocional, descriptivo de la gama del sentimiento humano. Ocupa un lugar en el olimpo de los poetas mexicanos, pero al leer lo publicado con motivo de su centenario, descubrí que Sabines nos habla, nos propone y nos desentraña el misterio y emoción de crear. Ciertamente él habla de poesía, pero sus consejos son válidos en la retórica, son indispensables en la escritura aun cuando no se trate de poesía.
No concibo un autor con esa grandeza que carezca de sus colores, de su fuerza vital, de encontrar los argumentos que hacen ser al humano digno de la escala de portador de valores divinos y también antivalores infernales, todo en uno. Su obra aplica sus directrices, sin duda. Selecciona con rigor, pero siempre observando el efecto de lo escrito. Si no emociona, si es plano, no vale la pena. Claro, hay análisis cerebrales, fríos, valiosos, pero son una referencia; no pretenden cambiar el ánimo, solo lograr la precisión.
No pretende presumir con sus filigranas de armador del lenguaje, con su capacidad de encontrar vocablos poco frecuentes; definitivamente es rico, pero no barroco. Si logra la emoción, entonces queda satisfecho, y en los arrebatos de abundancia literarios, no busca ser sobrio; si se requiere adorna, abunda, reitera, hasta que su objetivo se alcanza. Es el camino que nos sugiere seguir sin tenerlo como intención explícita.
La voz del poeta
Nunca he pensado que la poesía sea nada más juglarismo, canto. El canto es importantísimo, hay que saber cantar, pero la poesía es la búsqueda de la verdad humana. Lo que siempre hay al momento de escribir es emoción, porque creo que la poesía es la comunicación de la emoción humana. (Este párrafo me parece tan esencial, tan rotundo, tan profético como asomarse a la llave del conocimiento del alma humana).
Puede haber muy buenas ideas, pero la poesía no se trata de ideas, tampoco es cosa que se escriba con los pies. Se trata de instantes de la vida en que se debe transmitir una emoción. La poesía es el descubrimiento de la verdad del mundo, de las cosas que te rodean; puede ser una reflexión, pero no siempre tiene que ser reflexiva, ni discursiva, ni ideologizada. Si la poesía no te emociona, mejor lee un libro de filosofía o sociología.
El dolor humano se contagia con mayor prontitud. Si veo llorar a una persona, las lágrimas pueden ser lo más contagioso del mundo. Pero en cambio, si es la alegría, es mucho más difícil de ser expresado. Creo que solamente pocos artistas, músicos, pintores o escritores han contagiado alegría, que es una cosa exclusiva, casi cerrada en nosotros; en cambio el dolor es un hilo que nos ensarta a todos.
La humanización del arte
La poesía sirve para ayudar a las gentes que se ponen a contemplar este mundo destruido y abstracto, pero no para corregirlo. No creo en la poesía fabricada en asépticos laboratorios literarios, con guantes y hasta pinzas desinfectadas, (poesía) muy perfecta, muy bonita, muy inteligente… ¿para quién? Desconfío de los poetas y de la inteligencia cuando no están manchados de sangre.
Deshumanizaremos el arte en el momento en que nos deshumanizamos nosotros mismos, cuando nuestra literatura sea tan fría como si pudiera ser hecha por una computadora. Hay quien dice que la literatura será más un códice a descifrar por los especialistas. ¿Y por qué? Porque cada vez tenemos más miedo a ser débiles, a caer en el ridículo, a ser cursis, como si la literatura no fuera una constante repetición de los mismos temas. A Faulkner una vez le criticaron que en su obra había mucha paja, y contestó que no solo había paja, sino lodo, tierra, hojas secas y huesos rotos, como los hay en la vida humana.
El hermetismo literario
Otro de los vicios modernos es abordado por el poeta de las emociones:
—Hay grandes nombres en la literatura latinoamericana que son poetas cerrados, muy herméticos. La poesía debe ser la sencillez, la claridad: No el simplismo, no la simpleza, pero sí la sencillez.
Dios creó a la mujer
—La mujer ha estado siempre como cuerpo, como goce y como identidad de Dios. El acto de amor es no solo la experiencia sexual sino también la de la muerte y la resurrección. No hay, no puede haber sucedáneos para la mujer. Ni la contemplación, ni la sabiduría, ni Dios te darán tanto la alegría de vivir.
Los límites de la poesía
Me he preguntado muchas veces cuáles son los límites de la poesía (hasta dónde es lícito ensuciarla, revolcarla en lo cotidiano, emputecerla como a una esposa, llevarla a la blasfemia como a un santo, a la traición como a un héroe, al horror como a un niño; retorcerla, colocarla en lo absurdo; darla a los monstruos). Creo que uno es el aspecto estético y el otro moral. El único límite de la poesía es la verdad, la autenticidad y la conformidad con el hecho emocional.
PROBEMOS LA MIEL
*¡ALELUYA, LA MADRE!…*
¡Aleluya la madre! ¡Aleluya el tiempo!
Hay que sentir el frío para darse cuenta del viento.
Un buen trago y una buena lumbre.
Un buen amor entre las piernas.
¡Aleluya la suya! ¡Alelumiento que se acaba el tiempo!
Corre que corre que corre el viento.
El frío me tiene en su pensamiento.
Se engarrotan las manos.
Se me hace nuca el cuerpo.
Palo la nuca, vidrio el aliento.
¡Qué desgraciado frío,
qué desmomento!
¿Qué desahuciado?
¡Qué rápido, qué lento!
Un café. Por favor, un aguardiente.
Un aguardiente.
Un soplo de una brasa.
Una cobija, un lienzo…
La verdad, sin ser adicto a la poesía, hay poesía que es irresistible como cuando se trata de Ramón López Velarde, toda emoción, todo manifiesto críptico, pero develado en irresistibles imágenes claras de tiempo, espacio y emoción.
Sabines es un grande de la poesía. Fue justamente homenajeado con trabajos notables como el de Memoria de Pilar Jiménez. Pero terminemos nuestra recomendación: “Yo no lo sé de cierto”, pero sí entiendo que debemos buscar la emoción como la apelación extrema de nuestras búsquedas.
Una última genialidad: “Te quiero a las diez y a las once y a las doce del día”; si han vivido el amor al extremo, la entenderán perfectamente como residentes que son de la tierra.








