Rafael Cano Franco deja una huella que no es estruendosa, pero sí profunda. Como esas presencias que, sin imponerse, terminan siendo imprescindibles.
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En Memoria de Rafael Cano Franco (1965-2026)

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Por Redacción

La noticia tomó por sorpresa a todos. El repentino fallecimiento del periodista sonorense Rafael Cano Franco cayó como un balde de agua fría la tarde-noche del lunes 4 de mayo.

Dos semanas antes, Rafael, en su calidad de presidente del Foro Nacional de Periodistas y Comunicadores A.C., había participado en la Segunda Cumbre Mundial de la Voz, en República Dominicana, junto a líderes de la comunicación de diversos países. Ahí, sin saberlo, dejó plasmada su voluntad póstuma.

“La obligación de todos nosotros es unirnos y defender lo más preciado que tenemos: nuestra libertad, que tanto trabajo nos ha costado mantener y preservar”.

Cano expresó a los periodistas del Caribe su disposición para establecer alianzas estratégicas en defensa de los comunicadores que enfrentan los embates del poder. “Esos periodistas solos no son nada, pero unidos somos una fuerza enorme que impedirá que nos sigan mancillando”.

Y es que, visionario como pocos, desde la fundación del Foro Nacional de Periodistas y Comunicadores A.C. en 2013 —integrado por más de 20 organizaciones del país—, tenía claro que la unidad y la defensa de las libertades son lo que fortalece al gremio.

La noche del lunes fue triste. En los grupos de WhatsApp de periodistas, los mensajes se sucedían como lágrimas, uno tras otro: “Ayer lo vi”, “platicamos la semana pasada”, “teníamos pendiente un café”… En su teléfono celular, enfundado a la cintura, quedaron llamadas sin contestar.

En redes sociales, la noticia se difundió con rapidez. Algunos recordaban anécdotas con Rafa —como le decíamos con cariño—, las lecciones compartidas o las vivencias acumuladas. Sin lugar a dudas, todos con el alma entristecida evocando la pérdida del hijo, el padre, el líder, el compañero, el hombre noble y generoso… Su legado permanece. 

Un juglar incansable de la libertad de expresión

Gabriel Ibarra Bourjac

Mi estimado y admirado paisano, el periodista Rafael Cano Franco, ha dejado esta vida en forma por demás sorpresiva. 

La tarde noche de ayer lunes 4 de mayo, recibí mensaje desde Hermosillo de otro gran amigo y colega en el mundo del periodismo, Manuel Fernando López López, quien me dio la triste noticia de la partida de Rafael, pluma y voz muy respetada en el periodismo sonorense.

Rafael se nos va apenas iniciando el sexto inning. Tenía 60 años. El corazón de pronto dejó de latir. Cosas de la vida. Sorpresas. Un día estamos, mañana quién sabe qué pueda pasar. 

Periodista de raza, sonorense de origen y defensor a ultranza de las causas del gremio, su partida deja un vacío en el periodismo mexicano que no se llena con palabras fáciles, sino con el reconocimiento a una trayectoria forjada en la trinchera diaria de la verdad.

Rafael Cano Franco no fue un observador distante del poder. Licenciado en Periodismo, se consolidó durante más de tres décadas como una de las voces más claras y críticas en el análisis político de Sonora y con eco nacional. 

Su columna “El Juglar de la Red” fue mucho más que un espacio de opinión: era un instrumento de disección del poder, un lugar donde la coyuntura se examinaba sin concesiones, con rigor analítico y un compromiso indeclinable con la libertad de prensa.

Pero su legado trasciende la columna. Como presidente del Foro Nacional de Periodistas y Comunicadores A.C., Rafael asumió con valentía la defensa gremial en uno de los contextos más hostiles para el ejercicio periodístico en México. 

Rafael impulsó iniciativas concretas y valientes como la creación de la aplicación “Alerta Prensa”, una herramienta digital que permitió a los periodistas reportar agresiones en tiempo real y activar redes de apoyo inmediato. 

Mis condolencias a su familia y numerosos amigos de Hermosillo, a Francisco Ruiz Quirrín, que fue su maestro desde Primera Plana y en la página digital de Ehui que fundó en 2004, el primer medio digital en el Estado de Sonora en 2004. 

Y al Foro Nacional de Periodistas y Comunicadores A.C., que han perdido a un gran líder que contagiaba con su flama de defensa del periodismo, luchando por un periodismo libre, sin ataduras ni mordazas.

Rafael era un periodista de acción y allí queda su legado.

Soy periodista con raíces en Sonora y desde Guadalajara quise hacerme presente para honrar la figura de nuestro querido Rafael Cano Franco que se esforzó para ser una voz trascendente y convertirse en figura nacional del periodismo.

Descanse en paz.

Descansa eternamente, aquí seguirás presente

Sofía Villalobos 

Querido Rafael Cano Franco te nos fuiste muy pronto, mucho antes de lo debido. Y aquí, a tu familia y a tus amigos; eso nos duele. Solo Dios sabe por qué, aunque a veces no entendamos sus motivos. Seguramente le hacían falta más ángeles que contarán chistes y anécdotas en el cielo. Y aunque para quienes te queremos, lo que más nos preocupa, son tus hijos; hiciste un gran trabajo como padre por lo que estoy segura que sabrán y podrán salir adelante con el apoyo de tu familia y tus amigos. Quédate tranquilo y descansa eternamente. Aquí seguirás presente en nuestros corazones y recordaremos tus anécdotas, tus chistes, tus bromas y todo lo que compartimos desde la carrera cuando llegaste por primera vez al salón de la Universidad Kino y nos preguntamos ¿quién es ese señor? Porque tú ya eras todo un periodista y gran reportero del periódico Primera Plana con el respetado Ruiz Quirrín cuando entraste a estudiar periodismo. No imaginábamos el grupo tan bonito de amigos que íbamos a formar y que íbamos a disfrutar a la fecha. A pesar de que tengo más años viviendo fuera de Hermosillo que de edad, esa amistad no cambió. Aunque fueron la Vero, la Nilsa y la Gaby quienes más pudieron disfrutar de tu presencia, además de la Karlita y la Maru. Pero lo más bonito siempre fue que aunque pasara mucho tiempo, nos veíamos como si nada y con la misma confianza. Te quedas en nuestros corazones. Te tendremos siempre presente como el gran amigo que fuiste. Y te recordaremos con gran admiración y respeto por el gran periodista que fuiste, siempre comprometido con la verdad y la denuncia, pero sobretodo por el gran ser humano del que aprendimos tanto. 

Vuela muy alto mi querido Rafa, “pocho” “pocholo”. ¡Descansa en paz!

Ya te extraño… 

Armida Bernal Reyes 

Se murió el Rafa Cano Franco, y no por ello digo lo siguiente, lo digo porque así era, un buen hombre, solidario, mente brillante, una biblioteca de información, de datos, de anécdotas y de un excelente análisis sobre todo de lo político. 

Buen amigo, divertido, fumaba mucho, era coqueto y de muy buen trato, bueno pues, hasta socios fuimos cuando formamos MdS noticias junto con el Hiram Rodríguez.

Cómo quedaron cosas pendientes, hacer una mesa de grilla política, hacer en la casa una reunión bohemia donde cantaría el Quirrín y estaríamos unos 10 componiendo el mundo, extrañaré escucharte en Radio Fórmula con la Soledad y ya no te escucharé en tu columna ni volveré a leer el Juglar de la Red, extrañaré llamarte y que me contestes: “¡Sus órdenes señora!”. Neta Rafa, ya te extraño.

El gremio periodístico de Sonora y del País, perdemos a un gran Amigo y al dirigente nacional de periodistas. QEPD

Rafa Cano: no postergar, la lección que deja su partida

Soledad Durazo Barceló 

Muchas veces he escuchado, y leído, que no hay que postergar un abrazo ni la manifestación de los afectos; que no hay que dejar “para luego” esa reunión que promete estar cargada de anécdotas, recuerdos y experiencias compartidas.

No posponer ese encuentro para las risas y el brindis; para refrendar los afectos y fortalecer la unión gremial.

Hoy, como muchos colegas y amigos de Rafael Cano Franco, estamos ante el impacto (y la incredulidad) de su muerte.

La vida me permitió, además de coincidir profesionalmente con Rafa, construir una amistad sólida, respetuosa y siempre atravesada por la broma.

No hace mucho le comentaba a una amiga que, cuando necesitaba que alguien “me aterrizara mis locuras” y me hablara con firmeza y sensibilidad, Rafa era una de las dos personas a las que buscaba. Desde hace varios años coincidíamos los viernes en el desayuno de amigos; y, desde hace un par, asistía cada martes al programa que conduzco en Radio Fórmula Sonora. Hoy, poco antes de fallecer, confirmó que mañana estaría ahí.

Puntual, leal, serio, reflexivo y, también, bromista.

Rafa era un hombre muy culto y, si algo lo distinguía —además de su sentido del humor—, era su solidaridad y generosidad para compartir conocimientos, para hacer equipo, para dejar escuela.

Hoy deja un grupo sólido de periodistas de nuevas generaciones que también lloran su partida y que, estoy segura, honrarán sus enseñanzas.

Muchos perdimos a un amigo; sus hijos, a un buen padre; su familia, a un hombre íntegro, leal y valiente. El gremio pierde una voz que se expresaba con convicción, respeto y un profundo profesionalismo.

Lamentamos su partida física, pero hay más motivos para celebrar su vida y sentirnos afortunados de haber coincidido con él en este plano que llamamos tierra.

Y pesa —pesa mucho— aquel martes de Semana Santa en que, al salir de la radio, no le pusimos fecha a la “juntada” que proponía.

“Muchos ya están muy vetarros ni pueden o no los dejan tomar, pero los llevamos para que nos toquen la guitarra” le dijo a Armida Bernal, porque la reunión -para no variar- sería en la casa de ella.

Buen viaje, amigo querido.

Hoy se apaga la voz de un hombre que hizo del silencio una forma de inteligencia.

Sylvia Duarte

Rafael Cano Franco fue, para muchos de nosotros, un contemporáneo en el oficio duro y apasionante del periodismo político. Coincidimos en trincheras largas, en tiempos donde observar era más valioso que opinar a la ligera, y donde aprender en voz baja era una forma de dignidad profesional.

Rafael era así: serio, casi tímido, dueño de una presencia discreta que no buscaba imponerse. Estudioso, atento, paciente. Prefería comprender antes que exhibirse, y en ese gesto —cada vez más escaso— se revelaba su verdadera estatura. Su inteligencia no era estridente; era profunda, analítica, silenciosa… y por ello, muchas veces, pasaba desapercibida para quien no sabe mirar. No fue mi caso… Lo advertí y lo seguí siempre.

Fue en la madurez, cuando dejó ver con mayor claridad la calidad de su pensamiento. Entonces emergió como un gran articulista, como un columnista sólido, y como un organizador comprometido con la defensa de los periodistas y sus causas. En un tiempo donde ser periodista en México, ofrece riesgos reales, uno de los países más letales del mundo, “sin guerra declarada”, no dejó de lado su compromiso con el gremio.

Perteneciente a una corriente ideológica definida; supo, sin embargo, ejercer el respeto como principio. Fue un hombre de convicciones, sí, pero también de libertades. Disfrutaba de su conversación y me di cuenta de que quienes lograban atravesar esa primera capa de reserva, encontraban en él un sentido del humor fino, una cordialidad sincera y un dejo de misterio que lo hacía entrañable.

Educado, respetuoso, enigmático… Rafael Cano Franco deja una huella que no es estruendosa, pero sí profunda. Como esas presencias que, sin imponerse, terminan siendo imprescindibles.

Descanse en paz el autor de El juglar de la red.

Descanse en paz el colega.

Descanse en paz el hombre. 

Buen camino amigo y colega. Trasciende. 

 

  

Legado y referente del Periodismo  

Gil Reyes 

Sin duda se hablará de ti durante muchos años Rafael Cano Franco como referente en el periodismo en Sonora y parte de México. Gracias por haberme dejado durante 17 años ser tu amigo, aprendiz e incluso en muchas ocasiones parte de tu familia. 

Ya habrá tiempo de llorar, pues por lo pronto entre tanta gente que te quiere y que ha estado presente para darte el último adiós, cuentan miles de anécdotas que nos hace estar fuertes y tranquilos, al confirmar que tuvimos en nuestro camino a un gran ser, que nos enseñó no solo a trabajar para ser buenos periodistas, sino también a ser mejores personas… 

Descansa, que aquí mantendremos tu legado intacto.