El reto para lograr nuestro utópico país de las y los demócratas es reventar la narrativa que asciende cada vez con mayor fuerza.
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El país de las y los demócratas

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El reto para lograr nuestro país utópico es hacerles saber a nuestros gobernantes que no queremos odiar a nuestros vecinos

 

Por Sandra Karina Ibarra Carbajal

En tiempos de extremismos ideológicos pareciera que nuestros cuerpos y mentes flotan ingrávidos llevados por influencias de poder de toda índole, político, económico, fáctico, con el único fin de inscribirnos entre las filas del antagonismo prefabricado bajo los cánones dictados desde el extremo odio que se profesan cada trinchera.
Extrema izquierda o derechas recalcitrantes, actualmente son carcasas vacías de contenido porque ambas ideologías han desplazado los principios democráticos y del Estado de Derecho, elementales para coexistir con libertad, justicia y seguridad.

El falso dilema

Los agentes de poder mediático nos presentan una narrativa de odio insondable entre dos ideologías encabezadas por carismáticos líderes que se dicen ser, de extrema izquierda y derecha, quienes lejos de representar plataformas antagónicas, en realidad, coinciden en un punto esencial: ambos son tiránicos, desprecian los principios de las democracias fundamentalmente al equilibrio de poderes, rechazan el respeto y garantía de los derechos humanos, asfixian al pensamiento crítico y el conocimiento científico.

Bajo la narrativa impuesta como una camisa de fuerza dentro del nosocomio mental en el que se ha convertido nuestra sociedad polarizada, pareciera que las y los ciudadanos estamos condenados a elegir de entre dos posturas ideológicas y su correlativo líder, al “menos peor”.

Para ilustrar la idea, basta un botón de muestra: Trump vs el simbionte Sheinbaum-AMLO, ambas opciones son realmente una cucharada del mismo jarabe autoritario y tiránico.

En el “país de las mujeres”, Gioconda Belli describe un inventado país llamado “Faguas” azotado por la pobreza y la corrupción de sus gobernantes históricamente varones. La autora construye con gran sentido crítico una sátira en la que reescribe las estructuras de poder, en el caso, a raíz del triunfo de Viviana Sansón carismática conductora de televisión que contendió y ganó el cargo de primera Presidenta de la República de Fraguas quien, con las mejores intenciones implementó medidas radicales de exclusión absoluta de los hombres en la vida pública, suena tan distópico pero a la vez tan real, porque arrastramos centurias a través de la cuales, las mujeres hemos sido segregadas en lo absoluto de cualquier andamiaje estructural de poder público sustantivo y no simulado.

La construcción distópica es aguda y genial, Belli logra desvelar el poder del feminismo desde la sororidad, originalidad, inteligencia y creatividad propia de las mujeres sin replicar los arquetipos patriarcales para ejercer el poder con violencia y jerarquías insalvables. Su genialidad no escapa de la crítica a cualquier ideología extremista, tanto el odio como la segregación absoluta de cualquier grupo social, es el caldo de cultivo perfecto para la insurrección.

El reto para lograr nuestro utópico país de las y los demócratas es reventar la narrativa que asciende cada vez con mayor fuerza, el reto es hacerles saber a nuestros gobernantes y en general a la clase política, que no queremos odiar a nuestros vecinos, colegas, familia ni amigos, queremos coexistir en el país de todos, queremos vivir con libertad y respeto a los derechos humanos de todos y todas, queremos ver prosperar a cada mexicano y mexicana, con honradez y trabajo digno, queremos vivir en paz, con servicios públicos elementales de salud y seguridad al alcance de todos y todas.

Suenan ideas tan básicas y elementales pero que, en el país distópico en el que nos pretenden convertir nuestros gobernantes y la clase política, cada vez, se alejan más y más como el horizonte.

Jueza de Distrito del Poder Judicial Federal.
Columnista y activista por la democracia y derechos humanos.
X @sandrakarinaib3