
El hombre ¿moderno?
El hombre deber ser artesano de su propio destino y para buscar el bien, pero no el terrenal, sino el espiritual
Por Juan Carlos Hernández A.
La corriente actual, es postrarse ante la realidad, equivocada o no; pero para ser libres; aunque no nacemos del todo libres porque dependemos del primer plano del entorno familiar, para nacer y crecer. Es importante contemplar las verdades que debieran provocar ser y actuar en consecuencia; hoy, con agendas demasiadas cargadas llenas de actividades superfluas, que no conducen a la vida contemplativa sino más bien a estrés cotidiano sin orden y no a la elevación de la grandeza de progreso interior con una jerarquía de valores de mayor a menor impacto.
Dilemas de qué es el hombre moderno y cuál es su último fin, la libertad para lograr el bien común o para justificar solo caprichos; quizá pocos lo conocen, les es complicado entender su circunstancia de que, su libertad le sirve para hacer en principio su propio bien y por ende hacia los demás en perspectiva de mostrar sus virtudes todas; el hombre deber ser artesano de su propio destino y para buscar el bien, pero no el terrenal, sino el espiritual.
La formación del carácter es un tema sine qua non, será poco posible lograr la plenitud de una vida conforme a la razón, buscando la perfección con una disposición estable, para elegir el bien tanto en el pensamiento como en el obrar, pues la capacidad selectiva de temas, ideas y cosas debe ser ordenada para mejorar la virtud en los actos cotidianos.
La virtud no sustituye la libertad, sino que la capacita para elegir cualquier cosa que le sea conveniente, el hombre moderno vive buscando la verdad, y ella no es una mordaza sino un orden de ley orientado a la perfección. Porque si se cree lo que no se es y se imagina que podrás lo que no puedes, seguramente seguirás cayendo en las mismas faltas de antes y quizás hasta se cometan aún peores.
Por eso debemos tener cuidado, no sea que nos contentemos con dedicarnos a hacer obras que ante los demás nos consiguen fama y prestigio, mientras tanto dejemos que los sentidos se vayan hacía el mal, la sensualidad nos domine y las malas costumbres se apoderen de nuestro modo de obrar. Sería una equivocación fatal.
Como dice el libro El combate Espiritual del P. Lorenzo Scupoli “Ordinariamente las almas presuntuosas que se creen más capaces de ser buenas de lo que en realidad son, no les dan la debida importancia a los peligros que les van a llegar y a las tentaciones que les pueden venir, luego al caer en alguna y reconocer por amarga experiencia cuán grande son su miseria y su debilidad se maravillan y se afanan por su caída como si se tratara de cosa nueva y rara, porque ven derrumbado por el suelo el ídolo del amor propio y de la falsa confianza en sí mismas en lo cual imprudentemente habían puesto su esperanza”.
En tal sentido el hombre moderno lo que menos busca y desea es el esfuerzo superior a su propia vanidad (hedonismo) se siente inmerecido del mundo y su atracción por la no sobriedad en probar de todo está al día, no admite esfuerzo alguno que le quite de su confort, se limita a hacer lo mínimo para sí mismo, pues su egoísmo no le permite hacer por los demás nada.
Es el hombre moderno utilitarista, no ceja en su intento de servirse de los demás para beneficio propio, un día sí y otros también.
Es pues una disyuntiva el buscar los medios para vivir bien con decencia y con fines lícitos, que la de buscar todo para vivir en la superficie de la modernidad más lejos de la realidad, y más cerca de la fantasía. Por lo que busquemos hacer todo lo posible dentro de los deseable en bien del semejante seguro nos traerá mejor y mayor beneficio emocional como sentimental sin menoscabo de nuestra propia felicidad. ¡Hágale pues!
*Maestro en Gestión Social y Políticas Públicas y Profesor universitario









