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Democracia en bancarrota

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“Acabo de terminar la democracia en bancarrota. No sé qué valor pueda tener, sé que me he liberado”

Antonieta Rivas Mercado. “Diario de Burdeos” 

Burdeos, Francia. 1 de enero de 1931

 

Por Sandra Karina Ibarra Carbajal

Un mes después de culminar la democracia en bancarrota, el 11 de febrero de 1931, Doña Antonieta Rivas Mercado se suicidó colocándose un disparo en el corazón mientras se encontraba al interior de la catedral de Nuestra Señora de París en Francia. Antonieta no fue sólo una mecenas del arte, fue lo que hoy pudiéramos denominar como activista política, se apasionó por la causa de la democracia participado intensamente en la campaña presidencial de Don José Vasconcelos, esa misma que culminó con el derrumbe de su confianza en la posibilidad de transformar al país mediante las urnas.

La expresión que alude a la democracia en bancarrota era el vivaz diagnóstico de una época, del México que transitó por una elección extraordinaria en 1929. La Revolución había prometido terminar con la concentración del poder y soplaron vientos progresistas de construcción de instituciones que salvaguarden a la democracia frente al autoritarismo y violencia propios del caudillismo postrevolucionario. 

Antonieta fue una adelantada a su época y su diagnóstico político avizoraba desde aquel momento lo que serían los próximos 70 años en el sistema político con dominio hegemónico de un mismo grupo.

Ella entendió con profundo pesar que en la jornada de 1929 no sólo perdió Vasconcelos, supo que, quienes realmente perdieron fueron las y los mexicanos, perdió México la oportunidad histórica de vivir en democracia.

La bancarrota dibujada por Antonieta atisba el fenómeno del cascarón institucional vacuo de contenido, porque aunque vivieron una jornada que despertó amplio entusiasmo y simpatizantes en todo el país a favor de la causa democrática, no bastó ese fervor progresista ni que las masas acudieran a las urnas el día de las elecciones.

Las y los mexicanos depositaron su voto en un andamiaje institucional sin autenticidad para garantizar que ese voto cuente y se cuente. Tenían los votos, pero no había manera de probarlos. El resto es historia, Vasconcelos perdió frente a Pascual Ortiz Rubio y terminó, junto con Rivas Mercado, autoexiliados en Francia.

La intensidad de lo vivido llevó a que la activista se sintiera liberada, en paz con México, hasta que escribió la democracia en bancarrota. 15 de septiembre: Día internacional de la democracia.

El pasado 15 de septiembre no sólo conmemoramos el movimiento de independencia mexicana, también el día internacional de la democracia instaurado por la Asamblea General de la ONU como un constante recordatorio de que, la democracia no sólo se limita al reducido concepto de votar, sino de garantizar los derechos humanos con instituciones sólidas que permitan la transparencia, participación efectiva ciudadana y sobre todo, el equilibrio de poderes.

Hoy el INE de Guadalupe Taddei Zavala atraviesa una profunda crisis de confianza. Las acusaciones sobre afinidades políticas de algunos de sus integrantes, las disputas en torno a sus decisiones, las reformas que buscan modificar las reglas electorales, los despidos masivos de personal calificado y persecución contra la abogada y periodista Mónica Calles Miramontes por defender al personal ante despidos considerados injustificados, así como la reciente vinculación mediática con la Secretaría de Gobierno del poder Ejecutivo Federal, obligan a formular una pregunta que causa escozor a más de alguno: ¿estamos fortaleciendo al árbitro electoral o acercándolo nuevamente al poder que debe vigilar? 

Un árbitro electoral verdaderamente autónomo debe ser capaz de sancionar al gobierno, al partido mayoritario y a la oposición con la misma regla, su misión no es perseguir a la ciudadanía para silenciar voces críticas que denuncien los abusos de autoridad al interior del INE. Debe resistir presiones. Debe poder decir no. Y, sobre todo, debe convencer a quienes pierden una elección de que perdieron frente a los votos y no frente al aparato del Estado.

Esa confianza es uno de los patrimonios más difíciles de construir en una democracia y uno de los más fáciles de destruir. 

Antonieta Rivas Mercado entendió esa tragedia después de 1929, había acompañado un movimiento que pretendía desafiar electoralmente al poder y terminó convencida de que las instituciones en ciernes no ofrecían una competencia auténticamente democrática. Su desencanto quedó condensado en dos palabras devastadoras: en bancarrota. 

Limitar nuestra participación ciudadana en depositar nuestro voto para que cuente y se cuente por una institución que pierde aceleradamente su credibilidad y autonomía técnica, es como depositar todos nuestros ahorros en un banco sin solvencia económica, en bancarrota. 

A diferencia de Vasconcelos y de Antonieta, las y los mexicanos que queremos un país con vocación democrática, somos más, no nos iremos al exilio, no moriremos de desconsolación, resistiremos entendiendo que, es tiempo de diversificar, de controlar desde la ciudadanía a quien se ha desbocado en el uso y abuso de poder.

*Jueza de Distrito del Poder Judicial Federal. Columnista y activista por la democracia y derechos humanos. 

X @sandrakarinaib3