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La Plaza Hidalgo

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Fue el 15 de agosto del año de 1974 cuando cambió el día de las festividades patronales en Huásabas para hacerlas coincidir con las fiestas religiosas. Para esta magna celebración, se hicieron algunos arreglos en la plaza 

 

Por Pedro A. Moroyoqui Durán

Una de las tradiciones más arraigadas en los países de cultura hispana son las fiestas patronales, aquí confluyen la devoción religiosa y la cultura popular que se funden en un solo evento que llena de vida a todo el pueblo, en ellas se rinde homenaje a un santo patrón o virgen protectora de la comunidad, en estas fiestas la plaza se convierte en el corazón del poblado y en el escenario principal de las fiestas patronales. 

Las actividades más significativas de la festividad se concentran en la plaza del pueblo debido a su ubicación central, generalmente conectada a la iglesia.

La plaza cumple una función muy importante de cohesión social. Al ser un espacio abierto y gratuito, iguala a todos los asistentes (vecinos, visitantes y migrantes que regresan) permitiendo el reencuentro masivo. La plaza se convierte, literalmente, en la estancia o la sala de estar de todo el pueblo.

Fue el 15 de agosto del año de 1974 cuando cambió el día de las festividades patronales en Huásabas para hacerlas coincidir con las fiestas religiosas, como parte de esa misma conmemoración se realizó la primer gran caravana del recuerdo para reunir a los hijos ausentes del poblado, por otra parte se llevó a cabo la ceremonia de coronación de la Virgen de Nuestra Señora de la Asunción, por el excelentísimo señor obispo don Miguel González Ibarra, titular de la diócesis de Obregón en ese tiempo. 

Para esta magna celebración, se hicieron algunos arreglos en la plaza de armas, que es donde se realizaron los eventos principales, en primer lugar se construyeron nuevos andadores de cemento; como anteriormente se carecía del servicio de energía eléctrica, ninguna de las calles incluyendo la plaza contaban con alumbrado público, el corazón del poblado no podía permanecer en la oscuridad, es por ello que se instalaron varios faroles en los andadores y en derredor del kiosco y se cambiaron las antiguas bancas de cemento por otras de igual material, pero más estilizadas.

Estas bancas fueron sufragadas en su totalidad por varios vecinos, como reconocimiento a su generosa participación se grabó en el respaldo de cada una de ellas el nombre del benefactor, en su interior se plantaron algunos pinos y cipreses de adorno, como los que se observan en la imagen, flores y prados en los jardines, el cerco de malla permaneció sin alteración y la placa colocada a un costado de la plaza que recuerda la fecha en que se inauguró el servicio de agua potable, quedó ubicada en el mismo sitio donde se encuentra hasta el día de hoy.

A principios de los años ochenta se sustituyó el cerco de malla por un barandal de hierro, se colocaron unos arcos en cada una de las esquinas donde estaban las entradas, el kiosco permaneció sin cambios, se conservaron los mismos faroles de luz blanca y las bancas, en la imagen se observa que aún permanece en pie un viejo eucalipto, no se observa ningún naranjo de los plantados originalmente, las calles del pueblo no se pavimentaban, todavía no entraba en vigencia la prohibición de que los animales vagaran libremente por el pueblo, por esa razón la plaza necesitaba estar cercada, ubicada a dos cuadras, la rueda hidráulica, ahora fabricada con hiero, seguía girando y extrayendo el agua del canal para regar la arboleda colocada en su interior, además de regar los naranjos cultivados en el patio oriental del templo y el jardín de la señorita Mariana Moreno, donde sembraba rosas y flores para adornar el altar de la Iglesia.

*Foto envida por la señora, Coyo Ramírez y restaurada con I. A., tomada muy probablemente a mediados de los años ochenta.