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El porqué de los antojos: Adictos a la comida

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Por Marina Brauer

Los ataques por comer son distintos de los antojos por determinadas comidas. El atracón no tiene en cuenta el tipo de comida, en cambio los antojos son selectivos y no satisfacen y no se satisfacen con cualquier alimento: tiene que ser algo concreto. A los antojos por ciertas comidas se les llama en inglés food cravings, un término que proviene del ámbito de las adicciones y se refiere al ansia que se experimenta cuando se anticipa el consumo de una droga, cuando se siente el deseo irresistible de una sustancia. Aplicado a la comida, el ansia conlleva el consumo de algo que ya no es sólo placentero, sino que es una necesidad imperiosa. La verdad es que sobrepasa la sensación de placer, ya que la experiencia del ansioso es la de realizar una acción precipitada, desesperada compulsiva y furtiva. Al igual que las conductas adictivas, la persona siente avidez por algo que no le conviene y que incluso le perjudica. Este tipo de conducta es muy frecuente en personas normales y no indica necesariamente enfermedad alguna.

Así por ejemplo mujeres en periodo premenstrual presentan con asiduidad el deseo de comer ciertos alimentos. Se sabe que mientras las mujeres tienen preferencia por alimentos ricos en grasa, pero de sabor dulce, como el chocolate y los pasteles, los hombres que también prefieren comidas grasas, se decantan más por aquellas de sabor salado, como las pizzas, embutidos, tacos o papas fritas.

El hambre es una reacción fisiológica normal y saludable de urgencia física de comer, debida a una deficiencia alimentaria inmediata. El apetito representa un impulso emocional y físico de comer que es independiente de las necesidades nutricionales.

Habitualmente hambre y apetito coinciden. Sin embargo, durante los episodios de craving se da una disociación entre las dos sensaciones la persona no experimenta las señales de hambre y de saciedad. El comer en estos casos puede iniciarse por otras muchas razones, aparte del hambre.  Como es sabido existe una tendencia humana natural y aprendida a buscar consuelo en la comida en los momentos de crisis. Esto ha estimulado a diversos investigadores a estudiar la relación obesidad y el estado emocional. Las conclusiones apuntan a que el estrés puede desencadenar aumento de peso en las personas predispuestas genéticamente a la obesidad. Una especialista explica que hay una interrelación de los deseos insatisfechos con los antojos de la comida. Afirma que mientras no se de salida a las necesidades irresueltas la persona seguirá comiendo compulsivamente de manera continuada. De acuerdo a la Psicoterapeuta, que mientras no se de salida a las necesidades irresueltas la persona seguirá comiendo compulsivamente de manera continuada. Estos problemas no consisten necesariamente en materia de análisis psicológicos en profundidad, sino en deseos contrariados de amor, diversión, u otro tipo de existencia; aspectos vitales considerados todos ellos “normales” y dentro de las propias capacidades de auto-curación. Se trata de emociones que rechazamos y negamos inconscientemente por temor a enfrentarnos a sentimientos desagradables. Estas emociones al ser auto-negadas, se fortalecen y terminan buscando escapatorias como los antojos de comida, dolor físico, enfermedades, insomnio, o ansiedad. De este modo postergan la toma de conciencia de nuestros deseos y necesidades, nos vemos en la situación de elegir si nos enfrentamos a las emociones ahora o más adelante.

La explicación psicológica de los antojos y atracones se centran en la personalidad. Los perfiles de personalidad de aquellos que comen compulsivamente describen a personas perfeccionistas, ambiciosas, solitarias, insatisfechas y frustradas. Sin embargo, lo único que sabemos de estas personalidades están relacionadas con el problema, pero no se sabe a ciencia cierta si la personalidad es la causa. De hecho, las causas son varias y se hallan mezcladas, porque interactúan entre sí, e incluyen unas cuantas que son de origen biológico. Las supuestas causas psicológicas más bien parecen actuar como precipitantes. El efecto antidepresivo en la comida se debe a diversos trastornos ya que la comida tiene muchos significados. Se hizo una prueba con bebes recién nacidos a los pocos minutos de nacer. Los resultados mostraron que los bebes chupaban con más energía cuanto más azucarada era la solución que se les administraba. Así la relación con la comida y el placer derivado de esta ya está presente poco después de nacer. 

Según los estudios realizados los alimentos dulces o ricos en carbohidratos (de entre los cuales el azúcar es uno de ellos) aumentan los niveles de serotonina, un neurotransmisor. Este mensajero químico cerebral tiene un efecto antidepresivo actualmente conocido, en el que se basan fármacos que combaten la depresión como puede ser el famoso Prozac, que actúa en la normalización de los niveles de serotonina. Según estos investigadores, el tipo de alimento consumido afecta a la conducta y al estado de ánimo de las personas. Existe una barrera que divide el flujo sanguíneo y el cerebelo (la barrera hematoencéfalica) que algunos alimentos que contienen triptófano pueden cruzarla fácilmente. El triptófano es un aminoácido que se convierte en serotonina al pasar al cerebelo para que el triptófano atraviese la barrera, es importante que no tenga que competir con alimentos altos en proteínas, ya que los componentes de estas últimas acceden al cerebro con más facilidad. Así como una comida alta en carbohidratos y baja en proteínas eleva el nivel cerebral de triptófano, acelerando la síntesis de serotonina. Si se come una comida basada exclusivamente en carbohidratos conducen a sensaciones más relajantes y, a veces, a una mayor fatiga que las comidas basadas en proteínas, especialmente en las mujeres.

Emociones primarias relacionadas con la glotonería

 

MIEDO. Inseguridad, miedo generalizado, temor al abandono, miedos existenciales, problemas de control, miedos sexuales, preocupación, ansiedad, depresión, temor a la intimidad.

RABIA. Hacia otra persona, por la injusticia en general, hasta si mismo por sentirse traicionado, por sentirse infravalorado, por sufrir abusos.

TENSIÓN. Estrés, frustración, rabias pasadas convertidas en amargura o resentimientos, celos, impaciencia, sobrecarga de trabajo sin el suficiente ocio.

VERGÜENZA. Autoinculpación, baja autoestima, auto-desprecio, carencia de confianza en los propios recursos y competencia, la creencia de no ser una persona digna de afecto, sentirse inferior a los demás, sentir que no se es merecedor de ningún bien.

Controlar las ansias

No saltarse comidas ni comer demasiado. Comer de forma regular y en pequeñas tomas. Una dieta con cereales integrales, frutas y verduras, carnes magras, pescados, y baja en azúcares.

Identificar los precipitantes, pueden ser imágenes de televisión, olores, golosinas etc.

Realizar una conducta incompatible que actúe como una alternativa al comer. El momento del antojo puede durar quince minutos. Esperar que pase.