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La trata de personas en México en la era digital: Entre la pantalla y el engaño

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Por Ileana Bernal de la R.

No hay sirenas. No hay forcejeos visibles. No hay una escena única que anuncie el inicio del horror.

En México, la trata de personas, especialmente la que tiene como destino la explotación sexual de niñas, niños y adolescente, rara vez comienza con violencia abierta. 

Inicia con algo mucho más difícil de detectar: la forma en que se van ganando la confianza de sus víctimas.

Un mensaje en Instagram.

Una oferta de modelaje.

Una conversación que parece inofensiva.

Un “te ayudo a salir adelante”.

Detrás de ese primer contacto, advierte la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), puede comenzar un proceso de captación que forma parte de redes criminales transnacionales que operan como estructuras flexibles, adaptadas a la tecnología y a la vulnerabilidad social de las víctimas. 

Y México es considerado país de origen, de tránsito y destino de trata de personas, con una fuerte presencia de explotación sexual y trabajo forzado como modalidades predominantes.

Pero el fenómeno ya no se explica solo desde la calle. Hoy, el punto de entrada es cada vez más la pantalla (teléfonos celulares, computadoras, dispositivos electrónicos).

El reclutamiento invisible: cuando el delito empieza en línea

Las autoridades internacionales han documentado que la captación de víctimas se ha desplazado hacia entornos digitales: redes sociales, aplicaciones de mensajería y videojuegos en línea, donde los agresores construyen identidades falsas para establecer vínculos emocionales.

“Las víctimas son captadas principalmente a través de redes sociales, plataformas digitales, aplicaciones de citas y videojuegos en línea”, advierte la UNODC en campañas recientes sobre trata de personas, subrayando que adolescentes entre 13 y 17 años se encuentran entre los grupos más vulnerables en México.

Este proceso tiene nombre: “grooming”; y su lógica no es la fuerza, sino la manipulación progresiva. El agresor, primero se presenta como amigo, pareja o figura de apoyo, para después tomar ventaja, crear dependencia emocional hasta llegar al control.

En ese punto, la víctima ya no percibe una amenaza. Percibe una relación.

 

“Pensé que me estaban ayudando”

Aunque muchas víctimas permanecen en el anonimato, los expedientes judiciales y las investigaciones periodísticas en México muestran un patrón recurrente.

En casos documentados por la Fiscalía de la Ciudad de México (FGR) en la investigación del portal web “Zona Divas”, mujeres extranjeras, principalmente venezolanas y colombianas, fueron captadas con la promesa de trabajo como escorts o modelos. 

Una vez en México, se les retenían documentos, se generaban deudas imposibles de pagar y se les obligaba a permanecer en redes de explotación sexual.

Una de las víctimas “Nancy” relató en su denuncia (citada en investigaciones judiciales y periodísticas) que fue engañada con una oferta de trabajo como acompañante en eventos sociales, pero terminó en un inmueble donde le quitaron su pasaporte y fue obligada a sostener relaciones sexuales, innumerables veces… por meses y años… antes de lograr escapar.

El caso, documentado en distintas investigaciones periodísticas, derivó en detenciones y sentencias. En 2019, un juez federal condenó a 39 años de prisión a uno de los implicados por explotación sexual de siete mujeres vinculadas a esa red, de acuerdo con reportes judiciales.

El portal fue cerrado, pero la estructura que lo hizo posible no desapareció de inmediato: se fragmentó.

 

 

Zona Divas: cuando la explotación se volvió plataforma

El caso Zona Divas se convirtió en uno de los expedientes más emblemáticos sobre trata digital en México.

Investigaciones periodísticas y judiciales revelaron que la red operaba mediante agencias y contactos que controlaban desde el reclutamiento hasta la explotación de mujeres extranjeras, principalmente en Ciudad de México y otros estados del país. Las víctimas eran fotografiadas, exhibidas en línea y sometidas a esquemas de control económico y psicológico.

Una investigación de “El País” señaló que estas agencias funcionaban como intermediarios entre la captación y la explotación, imponiendo deudas y condiciones de dependencia que hacían casi imposible la salida de las víctimas del circuito de violencia.

En 2018, el caso alcanzó su punto más crítico con el asesinato de varias mujeres vinculadas a la red, lo que expuso no solo la explotación, sino también el nivel de violencia asociado a estas estructuras.

 

La expansión del delito: menos visible, más digital

El desplazamiento hacia lo digital ha cambiado la forma del delito, pero no su fondo.

La UNODC ha advertido que las redes de trata se adaptan con rapidez a los cambios tecnológicos, utilizando plataformas abiertas para captar víctimas y trasladar la comunicación a espacios privados donde el control es más difícil de rastrear.

En paralelo, organizaciones civiles han alertado sobre el aumento de material de abuso sexual infantil en línea y sobre el crecimiento de casos vinculados a captación digital en México en los últimos años.

El Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México reportó incrementos significativos en denuncias relacionadas con explotación digital de menores, lo que refleja no solo un aumento del delito, sino también una mayor visibilización de los casos.

La trata de personas no ocurre en el vacío, influyen factores como la pobreza y desigualdad, violencia familiar, migración interna y externa, abandono escolar, falta de acceso a redes de protección, mayor apoyo de los padres, por mencionar solo algunos, que vuelven a las víctimas más vulnerables.

La UNODC ha señalado que mujeres, niñas y comunidades indígenas se encuentran entre los grupos más afectados por la explotación, particularmente en modalidades sexuales y domésticas.

 

 

Impunidad y cifra negra: el terreno fértil

Aunque México cuenta con una Ley General contra la Trata de Personas y fiscalías especializadas, la realidad operativa sigue marcada por la impunidad.

Organismos internacionales han advertido que una proporción importante de los casos no se denuncia o no se identifica correctamente como trata, lo que impide dimensionar la magnitud real del problema.

El resultado es una doble invisibilidad: la de las víctimas y la del delito.

 

El punto crítico: cuando la violencia se normaliza

Quizá el mayor riesgo no es solo la existencia de estas redes, sino su capacidad de operar dentro de lo cotidiano sin ser detectadas a tiempo.

Porque cuando una sociedad se acostumbra a ver desapariciones sin resolución, o casos de explotación sin seguimiento judicial efectivo, el delito deja de ser excepcional.

 

Se vuelve como un paisaje …

La trata de personas en México no es un fenómeno del pasado ni un problema aislado de criminalidad, es una estructura activa, cambiante, que ha aprendido a moverse entre la tecnología, la vulnerabilidad social y la impunidad.

Y mientras eso ocurre, en algún punto del país —o en alguna pantalla— alguien sigue recibiendo un mensaje que parece inocente. Pero no lo es…