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«Cabrini, con temple de acero»: Eduardo Verástegui

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Por Manuel Gutiérrez

Hay tardes lentas, entonces buscas algo. Ya resignado, abrí Cabrini, una película de entrada con producciones Angel, que recordé tienen que ver con la serie de Jesús magnífica, llamada “The Chosen” en español “Los elegidos”. Cabrini versa sobre la vida de una monja que es de origen italiano y viaja a Nueva York porque tiene un objetivo irreductible en su vida: “Crear un imperio de esperanza” y eso es un reto de grandes dimensiones.

La cinta me gustó mucho, por la calidad con que está hecha, la pasión por el detalle y sobre todo porque siendo de inspiración religiosa, no cae en lo hagiografía, que cuando los historiadores se extravían y convierten a su modelo en una fuente interminable de virtudes que hartan. Cabrini se cabrea, sufre, se desanima, la derrumban, se levanta y sigue luchando primero por su vida ya que su pronóstico de salud era adverso. Pero lucha trabajando, siendo ejemplo y mostrando el camino.

El mérito de la cinta está en hacernos entender los retos de la protagonista: Sobre todo el muy difícil asunto de la obediencia, porque con un voluntarismo como el Francesca Cabrini, que era diríamos muy atrevida y atravesada, porque no dudo en desafiar el delito y la mugre que cubría los bajos niveles de Nueva York, pero audacia en el mejor sentido era de Dios. 

Entonces tuvo mucho de mérito doblar la cerviz ante su obispo que le decomisó su obra para la diócesis, y asustado por sus arrestos, intentó regresarla a un ambiente al que pertenecía y que nunca debió dejar, pero eso no era lo que ella quería.

La peli plantea el reto de inmigración, aprovechando la historia de los italianos que llegaron a la ciudad de la estatua de la Libertad, pero sin dinero tienen que ganártela. La solvencia es uno de los pasos de la libertad, y para lograrla debes educarte, alimentarte o infancia es destino, y desde pequeño estarás condenado a no pasar de la escoria. Vaya discurso para una monja, no exenta de espiritualidad, pero muy situada en su realidad, su tiempo y sus injusticias.

Los italianos llegaron a Estados Unidos, después de los irlandeses, asolados por la guerra religiosa entre protestantes y católicos, por el gobierno de su majestad y adicionalmente los “Sean Fein” una especie de orden, asociación o mafia que resistía la persecución religiosa pero apelaba en muchos casos a acciones de sabotaje, atentados… terrorismo pues, lo que los hizo muy incómodos y propiciaron la huida a la tierra de la libertad de conciencia y de expresión. Inglaterra mostró su peor rostro represivo contra los irlandeses católicos, que también tuvieron héroes ejemplares como Daniel O’ Conell.

Daniel, por cierto, fue uno de los modelos intachables inspiradores del líder católico Anacleto González Flores, que parece ponerse de moda otra vez por el centenario de la guerra por la libertad de conciencia, la Cristeada en 1926 en el siglo pasado, un líder que trató de luchar legalmente y finalmente fue envuelto en la vorágine de la rebelión religiosa por la intensa persecución.

“Los puercos italianos” dicho con afecto, eran lo que ahora hacen los mexicanos y otros hispanoamericanos en Estados Unidos: Mano de obra, trabajadores agrícolas u obreros explotados en jornadas agotadoras, y encargados de todo lo más feo o lo más peligroso, lo que un estadounidense ni de color, ni de broma se atreve a realizar… (Vicente Fox Dixit) pensemos en los baños y su aseo, no requieren tanta información…

Total, las seis monjas italianas, con su disciplina que ya quisieran las tropas especiales de élite, llegan a trabajar reventándose los pulmones. Llegan sin recursos pero con un objetivo muy claro: ayudar, hacer caridad efectiva, para convencer, que parte del principio que si quieres dar algo, primero debes tenerlo para repartirlo, una visión económica muy certera, no con discursos de igualdades ficticias, ni con argumentos demagógicos.

Las monjas encontraron a la niñez italiana viviendo en las cloacas y en un deprimente distrito llamado Five Points. Como NO se trata de platicar la película ya los situé y espero les haya despertado su curiosidad, pero Cabrini, —hoy Santa y  manifestó admiración por lo que hizo— se fletó en rescatar niños desamparados, menores explotadas sexualmente y desvalidas, y toda clase de gente con una temeridad sin par. 

Pero no aparecen Angeles del Cielo, ni visiones del más allá. La vida de Cabrini parece una carrera tensa de resistencia: Pruebas más pruebas, decisiones, tomar riesgos.

Limitada por el cardenal irlandés que gobernaba Nueva York, y bajo el mandato no mendigar con los anglosajones, la Cabrini se las ingenió para sacar recursos de los propios italianos que ya encumbrados, siendo alguien no pelaban a sus recién llegados famélicos, enfermos, explotados y desprotegidos.

El drama migrante tocado en escala y como si hoy fuera ayer, finas pinceladas de la obra de Eduardo Verástegui, del director Alejandro Gómez Monteverde y de la protagonista Cristiana Dell’Anna, que pese al severo traje es una mujer atractiva y muy expresiva.

Todos ellos hacen una entrega excepcional, ya que estos estudios tienen una mística especial y pretenden llevar un buen mensaje y con un presupuesto relativamente bajo de solo 50 millones de dólares, reflejan que Dios espera que resolvamos los problemas usando nuestro esfuerzo y no solo esperemos que con la oración, se arregle todo y que ocurran cosas metafísicas porque no saldrás del hoyo y se filmó en el lado oeste de Nueva York. 

Pero todas las soluciones de la Madre, son tomadas en el plano terrenal, curiosamente la cinta no se atasca en lo religioso, pero es el centro de todo porque de otra manera, es simple filantropía y la finalidad de la Cabrini es la trascendencia a la eternidad de las gentes que estuvieron cerca de ella y la caridad era una manera de llevar una conversión.

Por ejemplo se acerca a Rolando Villazón que canta un fragmento de la opera de León Cavallo, “Payaso” que encarna un tenor exitoso, pero cuya filiación con la logia másonica y con la fuerza anti-católica del Garibaldismo en Italia, lo hacen repudiar a la monja por lo que representa la iglesia vista como enemiga generadora del oscurantismo.

Francesca Xaviera —nombre muy acertado por el de Asís— Cabrini lo conquista no atosigándolo con intervenciones rezanderas. Con el canto, con Verdi, con un fragmento cantado por niñas y niños de la calle que le doblan por fin el corazón, aunque es un personaje secundario puede ser Enrico Caruso, pero en la peli, citan otro nombre. 

Pero no fue el único. Su enemistad con el alcalde de Nueva York, y su asistente cercano, que le tiran un festival italo-americano, que son capaces de todo contra su obra máxima, un hospital que aspira a ser el mejor del continente, cobrando bien por sus servicios a quiénes pueden pagarlo, pero para iniciar de ahí, tener recursos para ayudar a los que necesitan medicinas y atención hospitalaria y no la tienen, algunas cosas no cambian.

El choque llega a por la forma de manejar en New York Times, por la Santa. Hábil como pocas, conquista la amistad de un periodista ajeno a los problemas humanos y sociales de los emigrantes, no sólo italianos. Y este escribe dos artículos que deben estar entre los monumentos del NYT uno llamado “Las ratas viven mejor que la niñez migrante” y otro “El imperio de la esperanza”.

Los conflictos que desata su apostolado, la ponen ante el dilema de obediencia y es por decirlo de forma leve, desterrada a Roma. Pero no se rinde y sin lograr que el Pontifice de entonces, León XIII famoso por sus encíclicas sociales, con una pastoral orientada a la pobreza, pero sin discriminar a nadie, incluso a los ricos, porque es 1900, y León XIII que duda en enfrentar la autoridad de su obispo estadounidense Corrigan, la anima a arriesgar todo, y Cabrini lo hace se la juega en grande…pero su labor no puede ser protegida ni por el papado, ni por su obispo, porque hace que se provoquen olas con sus acciones y por tanto corra riesgos.

Acude entre rechiflas, protestas e imprecaciones asiste al Senado de Italia, y pronuncia un discurso que toca las fibras más sensibles de los señores revolucionarios, masones, liberales, alienígenas y todo lo que encuentre por ahí, pero adicionalmente les pide apoyo para sacar adelante su hospital, con causa justa, humana, verdadera y ante la verdad nadie puede resistirse a no ser alguien retorcidamente vinculado con la mentira.

La parte práctica: Todas las propiedades obtenidas por donaciones, un terreno jesuita  que a precio de ganga le consiguió el obispo de Nueva York, para acomodar a sus niños, que estaban amontonados. Incluso la casa de trabajo porque las monjas cocían ropa, preparaban alimentos, los vendían, enseñaban educación básica y media, y sobre todo principios para tener ciudadanos capaces de crear familias honorables, en un reto por la caridad. Todo lo “apostó” a su gran obra.

En realidad nada del otro mundo, que se puede observar en las ordenes monásticas en México, que hacen diversos servicios que son dignos de encomio. Y las mujeres en la vida religiosa, son personas extraordinarias pero Cabrini, era excepcional.

El final es genial: La monja acepta un whisky doble con el enemigo el alcalde neoyorquino, y lo disfruta, en lugar sin salir con rollos que el whisky es del Diablo, sorprendiendo al enemigo conquistado por su habilidad negociadora, incluso propone apoyo electoral a cambio de no sufrir atentados y de alguna manera afecta hasta la turbia moralidad del alcalde, obligándolo a girar al bien común, por sentido político. Un tratado de audacia cristina, de sagacidad.

La hoy Santa, sigue con su obra tiene números mundiales apantallantes reales hasta en China y constituye un buen reflejo de la capacidad del cineasta Verástegui, sin considerar su opera prima de la niñez perseguida y traficada en “Sonido de la Libertad” pero tiene “Bella” y “El Gran Pequeño”, que desatan la curiosidad por conocerlo, por ser un cineasta profundo y rema contra la corriente mundial.

Ahora, Eduardo es político con sus valores, su agenda propia y un temple del estilo Cabrini porque van contra todas las probabilidades en contra, puede ser la opción interesante.

Si como político llega a ser la mitad de bueno que es como cineasta, es valioso para México, sin duda.

Por cierto, el director Monteverde nos ofrecerá este año su cinta “Belén” y en realidad la espero, va a ser un manejo inteligente, emocionante y un enfoque de valores que se actualizan no en su esencia, sino en el modo de comunicar el mensaje.

Andrea Bocelli, cantó la canción principal “Dare to be” por la peli, por afinidad con el ejemplo de la Cabrini. Cuando después de tu muerte todavía se producen brotes del bien en torno a tu obra, son signos de donde estás, porque sigues afectando para bien a las personas.