
Epstein, un vasallo de Asmodeo
“Porque había tenido siete maridos, y un demonio llamado Asmodeo les había quitado la vida al tiempo de querer acercarse a ella”. Tobías 3:8
Por Ing. Fernando Gallardo Ybarra
Lo de Tobías y Sara ocurrió más de cien años después de lo de Ocozías. Los asirios habían invadido el Reino de Israel, llevándose cautivas nueve tribus a Nínive. Ahí conocí la increíble fuerza de Asmodeo sobre la carne humana. No hay poder ni voluntad de hombre alguno que le pueda hacer frente sin la ayuda de Dios.
Ni el gran rey David, vencedor del gigante Goliat, pudo resistirse ante la imponente fuerza del instinto, y sucumbió frente al deseo prohibido hacia Betsabé. La orden infernal fue clara: “Ve y destruye a ese rey, no podemos permitir que su obra se cristalice”.
Y luego Salomón, hijo de David, el más sabio de todos los hombres, tampoco pudo resistir; tuvo un harén de mil mujeres y fue arrastrado a la idolatría por el príncipe de la lujuria. Este ser infernal no opera solo, usa la carne para seducir a la carne; se vale de esclavos, rehenes, súbditos, vasallos y embajadores que operan la propagación de este destructivo mal que ha provocado la caída de reinos, dinastías e imperios.
Estos días se está hablando mucho de uno de los vasallos de Asmodeo. Un infrahumano de nombre Jeffrey Edward Epstein… Su niñez se desarrolla en Sea-Gate Coney Island, en Brooklyn, en medio de una comunidad judía asquenazí, donde hay una fuerte presencia de familias de migrantes rusos. Seguí su huella por décadas. Habiendo sido expulsado como maestro en una escuela privada, la vida de Epstein da un giro cuando lo invitan a trabajar en una de esas cuevas de estafadores que abundan en Wall Street, llamada Bear Stearns, invitado por Alan Greenberg, el papá de uno de los alumnos del instituto.
En ese ambiente de casas de bolsa, inversiones y grandes fortunas, Epstein hace relaciones con gente de poder e influencia, dedicándose luego de Bear Stearns —que colapsa con aquella crisis financiera del año 2008 por vender mentiras y engaños explotando la ambición de la gente— a cazar recompensas y asaltar corporativos… Lo he visto tantas veces. Un sujeto conoce al hampa de cuello blanco y se vuelve adicto, escalando gradualmente en niveles de maldad.
Jeffrey entró en esos círculos de poder e impunidad ya siendo esclavo del vicio solitario, pero en ese mundo deslumbrante conoció otros grados de depravación, interesándose luego en los secretos sexuales de la cábala. El pacto de vasallaje de Epstein se da cuando la agencia de inteligencia de Israel, en los tiempos de Ehud Barak, lo recluta para establecer una red de complicidad y chantaje. Lo más oscuro y diabólico de este pacto infernal fue el abuso y prostitución de adolescentes. Más de mil doscientas víctimas fueron entregadas para alimentar la insaciable hambre de Asmodeo en casi dos décadas.
Los valientes padres de una de las pequeñas víctimas son quienes se atrevieron en 2005 a hacer la primera denuncia, conscientes de que se enfrentaban a un poderoso monstruo y a un sistema corrupto. Epstein no operaba todo solo; su pareja, Ghislaine Maxwell (hija del ucraniano Ján Ludvík Hyman Binyamin Hoch, mejor conocido como Robert Maxwell, poderoso empresario de medios de comunicación y colaborador del Mossad), fue su mano derecha en esta red criminal. Y hay cientos de cómplices que andan impunes: los que buscaban, engañaban y trasladaban a las niñas y niños; los que administraban las residencias y lugares donde se realizaban los deleznables crímenes; y, sobre todo, los depredadores que, poseídos de lujuria pedófila, realizaban estos actos inenarrables. Cómplices también: el fiscal Barry Krischer, que prácticamente lo indultó con todos los privilegios y concesiones dados; y los políticos, magnates y famosos que, preocupados porque sus actos depravados pudieran difundirse, manipularon el sistema para proteger al vasallo.
Hay muchos Epsteins en la historia, y seguirán apareciendo. Tan solo en las últimas dos décadas recuerdo a Keith Allen Raniere, sentenciado a 120 años de prisión por la red de maltrato y abuso sexual operada mediante la organización NXIVM, fundada por él y Nancy L. Salzman, y financiada luego por Clare Webb Bronfman. La herética, simoníaca y pérfida organización pentecostal del pedófilo Naasón Joaquín García. El caso de pornografía infantil y corrupción de menores expuesto por la valiente periodista y activista Lidia Cacho, que involucra al mal llamado empresario Jean Succar Kuri y Kamel Nacif. La secta judía ultraortodoxa Lev-Tahor, a la que se le ha dado el mote de “talibanes judíos”; ya suman 200 niños indefensos rescatados del abuso y trata —para mí no es raro que ningún gobierno de los pueblos donde ha operado esta secta no haya hecho nada para detenerlos—.
Asmodeo seguirá su eterno principado de la lujuria y continuará reclutando nuevos vasallos. Pero no es invencible: Tobías, con la intercesión y ayuda del arcángel Rafael, ahuyentó al maligno ser. Porque no se trata de nunca caer, se trata de levantarse siempre. Yo no conocí a los reyes fundadores, y nadie sabe si Salomón se arrepintió al final de sus días; quiera Dios que sí, pero su padre, el rey David, sí se arrepintió, como quedó testificado en el Salmo 50 de la Vulgata: “Ten piedad de mí, oh Dios, según la grandeza de tu misericordia: y según la muchedumbre de tus piedades, borra mi iniquidad…” A seguir andando por el mundo observando y tomando registro de los hechos más importantes de esta batalla metafísica. No. 2
*Coordinador del club de liderazgo Jaguares y Águilas








