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Los costos de la guerra y los efectos mundiales: La aventura en Irán

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Por Manuel Gutiérrez

Esta guerra de los Estados Unidos en Irán representa que muchos programas orientados al bienestar y atención de los ciudadanos americanos pasen a tener como prioridad el gasto militar.

El Instituto de Estudios Políticos, citado por CNN, afirmó que el costo del conflicto podría llegar a 3 billones de dólares. Explicaron los criterios y la indagación: la guerra cuesta a los contribuyentes que le pagan a Trump 891 millones de dólares por día, considerando los datos de los objetivos atacados y el uso de los misiles y aparatos empleados.

El Instituto espera que baje el costo en la medida en que Irán agote su arsenal y disminuyan los ataques de drones y misiles, pero la intensidad de las operaciones y la efectividad de los ataques de Irán representan daños causados que se agregan al costo de la guerra.

Desarrollar operaciones navales, aéreas e incluso —en forma inevitable— terrestres, tiene un costo considerando insumos, sueldos, depreciación (incluso pérdida de equipos) y desgastes.

Un ataque aéreo cuesta un promedio de 30 millones de dólares. (Considere el vuelo desde Diego García, un punto perdido en el Índico, hasta Irán por los B-2 y los B-52, en cuanto a operaciones, escoltas de cazas, aprovisionamientos en el aire y el costo de bombas y misiles que lanzan).

Las operaciones navales tienen un costo estimado en 15 millones de dólares diarios, y en su momento los desplazamientos terrestres, por ejemplo, una brigada de artillería cuesta un millón de dólares. Sume otras corporaciones militares y empiece a calcular.

Lo cierto es que la guerra de Trump esta vez cuesta más cara. En “Martillo de Medianoche”, antes de “Furia Épica”, el costo de dos horas y media de bombardeos costó menos que las primeras 100 horas del despliegue actual.

CSIS estimó que las primeras cien horas tuvieron un costo de 3,700 millones de dólares. (Un avión furtivo puede costar hasta 5 millones de dólares). La Universidad de Brown, una de las instituciones élite de los Estados Unidos, consideró que los primeros ataques costaron 2,620 millones de dólares.

“Costs of war” es el rubro. Los números de “Martillo de Medianoche”: el costo de 40 bombas, cada una de 30 mil libras, representaron números que van de 49 a 70 millones de dólares. Se usaron solamente 7 bombarderos furtivos, tipo B2, con costo de operaciones de 37.8 millones, más 24 misiles Tomahawk, que pueden ir de 36 a 45.6 millones de dólares cada uno.

Si la operación se extiende a seis semanas, los números aumentan. Esta operación realmente reducida muestra que una operación intensiva, como ha ocurrido las 24 horas de los primeros 10 días de guerra, refleja el alto costo. Israel suma también recursos de su presupuesto militar en las operaciones de bombardeo, el castigo al Líbano, así como el uso de misiles Patriot del escudo antiaéreo contra los misiles de Irán que han conseguido llegar a zonas urbanas de ciudades de Israel.

Sin embargo, todo esto puede parecer finalmente “razonable” porque, de usar alguna de las partes una arma nuclear, los daños se convertirán en billones y billones de dólares. El daño ecológico del bombardeo de Israel a depósitos de petróleo de Irán es contaminante en extremo con su nube tóxica.

El principal de la Casa Blanca parece disfrutar el conflicto, pero muchos de sus allegados están inquietos y desean que termine esta aventura. Una guerra prolongada con Irán es de un costo electoral y de efectos políticos detestables para el gobierno, que por ahora ha visto sacudirse el mercado bursátil y los precios internacionales del petróleo por su culpa.

Un colaborador que pidió anonimato se sinceró: “La verdad, esto de Irán es un riesgo político real, y se ha pronosticado que la guerra durará varias semanas. Esperemos que nada salga mal (bajas o golpes exitosos de Irán, por ejemplo, desestabilizan el apoyo a la causa bélica)”. En tanto, la propaganda oficial de Trump presenta la campaña como “un éxito total y abrumador del poderío militar de los Estados Unidos” y se habla oficialmente de menos de una docena de bajas y de que ya ganó la guerra.

Los votantes desconfían de los objetivos del gobierno que tienden más a favorecer a Israel que a los Estados Unidos. La guerra ha fisurado incluso a los del movimiento radical de Trump, los MAGA, dado que existen divergencias en cuanto a las decisiones tomadas y la guerra de Irán es impopular en todo Estados Unidos.

Puede venir un desastre para el Partido Republicano. “La guerra ha resultado una distracción de la economía, y argumentan que todo es por proteger la seguridad de los estadounidenses”, pero en ningún momento Irán sometió a riesgo territorios estadounidenses, intereses o vidas.

El problema es que Trump no ve el sentimiento público, sino solamente el suyo. Sus allegados ven la necesidad de vender una justificación creíble del ataque, que tiene una estrategia de comunicación que está siendo irrelevante y confusa, incluso fallida.

Trump agrava las cosas con su propia narrativa, lo que pone a sus seguidores a externar declaraciones que resultan contradictorias. La intención actual de los estrategas es construir una narrativa que diga que Irán estaba a punto de tener misiles intercontinentales, incluso armas nucleares y, crucialmente, definir quién lideró el ataque, si Israel o los Estados Unidos.

Es decir, ahora quieren vender la patraña empleada en Irak (George Bush), al que acusaron de tener armas nucleares y capacidades destructivas que nunca encontraron, para de esta manera envolver a la opinión pública de los Estados Unidos.

Israel tiene su propia problemática, dado que tampoco justifica el riesgo de la existencia de Irán más que por la animadversión histórica que existe entre ambos países; existen corrientes pacifistas, aunque minoritarias y sin apoyo oficial del gobierno de Netanyahu del ala extrema.

Esta historia debieron venderla antes de lanzar el ataque; de hecho, antes ocurrían incidentes como las Torres Gemelas y declaraciones de guerra mundial al terrorismo. Esta vez se lanzaron antes de controlar la historia creíble para convencer a los estadounidenses, que no se distinguen por su visión política y que, de hecho, han actuado a favor de intereses de poderes ocultos más que por las mismas situaciones reales de su país.

De tener problemas en sus avances y resultar más complicado someter a Irán, la presión de la opinión pública se volverá contra los intereses del gobierno de Trump.

La leyenda era que deseaban propiciar un cambio político del gobierno de Irán, que reprimía a opositores, pero la intención de hacer un cambio de gobierno por personajes títeres resulta, por ahora, una tarea muy desalentadora, incluso habiendo descabezado cuadros líderes del mando de Irán que ya tiene sustitutos.

Las prisas de Trump no permitieron asistir a los estadounidenses que viajaban por la región o por países vecinos, y la inestabilidad del precio del petróleo, sumada a las alteraciones por las amenazas de aranceles y boicots de Trump para ciertos productos o países, fueron causa de un severo daño a la estructura global del comercio.

La guerra por sí misma constituyó otro golpe. El estrecho de Ormuz está lejos de ser despejado. Si bien los golpes de operaciones navales y aéreas de los estadounidenses e israelíes han sido exitosos, no son suficientes para aplastar la resistencia de un país que sorprendió con sus arsenales de misiles subterráneos o en el interior de montañas; sus estrategas sabían qué tipo de guerra les esperaba.

Si las respuestas de Irán siguen llegando, los costos aumentarán y esto exhibe a Trump, que ofertó una guerra corta, exitosa, indolora y totalmente victoriosa, pero que eleva los gastos de la misma a niveles descabellados cuando no existe una amenaza real. Lo real es un severo daño a la estructura económica de los Estados Unidos (dado que la idea de que la población compre bonos de guerra, como en la Segunda Guerra Mundial, por ahora no es admisible) y para eso requieren convencer de un peligro; nadie, por ahora, acepta otra versión que la de que todo se debe a los compromisos sionistas y delirios belicistas de Trump.

Necesitan la versión de que fueron atacados primero por un enemigo traicionero, como Japón, al que forzaron por el bloqueo de acero y petróleo a una salida militar con un ataque naval en Pearl Harbor, ya esperado y en el que alejaron los cruciales portaaviones. Dejaron acorazados anticuados para causar indignación popular ante el ataque, del cual habían descifrado todas las operaciones y, de hecho, mantuvieron esa ventaja en toda la guerra sin que hubiera sorpresa. Todo premeditado.

Pero esto les abrió el camino para ingresar a Europa ya directamente contra los nazis y hacer una campaña exitosa, corta y muy redituable, y en el Pacífico para someter al Japón. Se hablaba de un eje que dudosamente operó como tal, ni en lo político, ni en lo militar o en aspectos ideológicos; solamente en el acercamiento de Mussolini con el fascismo respecto al nacionalsocialismo de Hitler. Las ideas de Japón eran conceptos imperiales e historia; no operaron como eje unido, eso fue un mito.

Quizás exista el riesgo de una operación tipo Torres Gemelas, realizada por la CIA más que por Al Qaeda, para poder inflamar el patriotismo yanqui y hacerlos sentir que solamente se están defendiendo, no conquistando para ellos o para Israel. Se oye conspirativo, pero resulta inverosímil cómo se apoderaron de aviones comerciales con tanta vigilancia y controles, y cómo muchos de los ocupantes de las Torres Gemelas en muchos casos fueron advertidos de no asistir esa fecha… el 11 de septiembre del 2001, pero no todos, porque de otra manera hubiera sido un daño descafeinado.

Pero ha sido la verdad de cómo ha entrado a la guerra imperial Estados Unidos en todas las ocasiones: engañando o provocando ataques que se adjudican a los villanos en turno, como en España con el hundimiento del Maine en Cuba; Vietnam con el ataque de torpederas de Vietnam del Norte al destructor Maddox, que historiadores revisionistas niegan; México con El Álamo; y en la Segunda Guerra, hay autores que señalan que los petroleros mexicanos fueron hundidos por submarinos estadounidenses para sumarnos a los Aliados, pero eso justificaba nuestra reacción y condena, y la ruptura de sociedades comerciales con la Alemania nazi.

Hoy se ve que no lo hacen por salvar a nadie, el verdadero ganador es Israel. Con la esperanza de los Estados Unidos de usufructuar el petróleo iraní con el regreso del rey títere, hijo del Sah.

Pero no veo un resultado ocupando ese país por razones físicas y geográficas; no podrán hacerlo sin ensuciarse las manos y sufrir dolores de cabeza por los contratiempos. El juego de tronos pasa por la guerra como una constante, y esta es muy cara en todo sentido.