Para el Consejo General del INE, la falta de dobleces de las boletas no determina por sí solo que la boleta deba dejar de ser computada. Aquí es cuando toda lógica desaparece y el INE no explica. ¿Por qué deben aparecer boletas planchadas en las urnas?
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A la fuerza ni los zapatos entran; las boletas electorales, menos

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Podrán perseguirme, pero no callarme

 

Por Mónica Calles Miramontes

  1. Emilio Chuayffet y Rosa Icela Rodríguez, unidos más de 30 años después. Y el regreso de las boletas planchadas.

Hay “expertos electorales”, algunos incluso han aspirado a integrar el Consejo General del INE, que critican lo que han denominado el apocalipsis electoral.

Afirman que, somos unos exagerados quienes alzamos la voz para denunciar la captura del INE y pronosticar la catástrofe en las elecciones.

Por mi parte, como una de esas voces que alzan la voz, celebro el optimismo de esos “expertos electorales” con claros intereses cercanos al oficialismo. No obstante, creo que más vale denunciar cualquier irregularidad, que aplaudir todo lo que hacen las autoridades electorales.

¿A qué viene todo esto? Los hechos demuestran que la captura del INE es real, se ha perdido su autonomía, y han regresado viejas prácticas que habían sido erradicadas. Tal pareciera que las trampas electorales son como las enfermedades, por ejemplo, el sarampión que, sin vacunas y sin planes de vacunación, regresa, a pesar de que ya estaba erradicado.

Lo sucedido en semanas recientes evidencian esto que sostengo.

Primer hecho. El INE no solo debe ser autónomo; también debe parecerlo. Uso este juego de palabras para señalar un hecho que nos remonta hace más de 30 años. Antes de que el entonces IFE fuera autónomo, el órgano estaba presidido por el secretario de gobernación. La historia nos dice que, Emilio Chuayffet fue el último secretario de Gobernación de estar presente en la herradura de la democracia y de haber sido presidente.

Más de 30 años después, la actual secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez estuvo presente como invitada en la sesión del Consejo General del INE para formalizar el inicio del proceso electoral 2026-2027. ¿Qué tenía que hacer ahí?

Guadalupe Taddei señaló que asistió en calidad de invitada. Sin embargo, como mencione, el INE no sólo debe ser autónomo sino también parecerlo. ¿Era oportuna y políticamente adecuado que la secretaria de Gobernación asistiera? Ante la invitación, ¿no hubiera sido mejor que amablemente se rechazara, para dar el mensaje a la ciudadanía, a los partidos políticos y a los medios de comunicación que el INE es auténticamente autónomo? Con su asistencia, los cuestionamientos sobre la autonomía solamente se acrecentaron.

Emilio Chuayffet, un priista de viejo régimen, perdió su papel en la historia como último secretario de gobernación que asistió al INE; su lugar fue ganado por Rosa Icela Rodríguez, una morenista. Las vueltas que da la vida.

Segundo hecho. Al igual que hace más de 30 años no sucedía algo que ya estaba completamente erradicado: las boletas planchadas. Para los que no están familiarizados con el glosario y vocabulario de las trampas electorales, las boletas planchadas son boletas carentes de dobleces. Todo aquel que haya ido a votar sabe que, para introducir las boletas en las urnas es indispensable y necesario doblarlas para que quepan en la ranura. Hace más de treinta años era común que en las urnas se encontraran boletas planchadas, de ahí que a esas urnas se les llamara urnas embarazadas.

Esa práctica indebida y tramposa para ganar elecciones, hecha para aumentar los votos de los partidos políticos, apareció nuevamente en la elección judicial. En 533 casillas se encontraron urnas embarazadas o, en otros términos, urnas con boletas planchadas, sin dobleces.

Esos “expertos electorales” que critican nuestro “alarmismo electoral” deberían entender nuestra preocupación de que parece haber un retroceso de más de 30 años en nuestra democracia, en la autoridad electoral y en la autenticidad de las elecciones. Por favor, “expertos electorales”, disculpen nuestro apocalipsis electoral.

 

  1. ¿Qué se hará con las boletas electorales? A nuestro moderno y autónomo Consejo General del INE —espero se vea la ironía—, se le ocurrió encontrar una solución a las boletas planchadas y expidió unos lineamientos. Se le ocurrió que, cuando haya boletas planchadas éstas se reservarán para que los consejos distritales del INE decidan si las computan o no.

Para el Consejo General del INE, la falta de dobleces de las boletas no determina por sí solo que la boleta deba dejar de ser computada. Aquí es cuando toda lógica desaparece y el INE no explica. ¿Por qué deben aparecer boletas planchadas en las urnas? ¿Dónde están todos los mecanismos de seguridad y resguardo del material electoral? ¿En qué momento son introducidas esas boletas? ¿Durante el armado de la urna, durante el escrutinio y cómputo, o cuando se envían los paquetes? Pero, sobre todo, no explican dos cosas esenciales y que son de las más básicas: ¿cómo hicieron para meter boletas sin doblar en la ranura? ¿Por qué deben ser reservadas y por qué el consejo distrital debe decidir si las computa o no cuando son una irrefutable muestra de un fraude?

La legislación electoral es clara: el elector doblará sus boletas y se dirigirá a depositarlas en la urna.

La validez y nulidad de un voto no sólo depende de las causales de nulidad previstas en la ley, sino también de los actos necesarios, lógicos y de sentido común sobre la emisión de los votos.

Para ejemplificar: la boleta que entregan el día de la jornada electoral mide lo de una hoja tamaño carta, esto es, 20 cm de ancho y 28 cm de alto. Mientras que las ranuras de las urnas son de 12 cm de largo y 3mm de ancho. Es decir, para que una boleta pueda ser introducida en la urna es indispensable doblarla, porque la física nos enseña que dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio. Así, para que la boleta que mide 20 cm de ancho quepa en los 12 cm de la ranura requiere invariablemente que se doble.

Entonces, el INE nos quiere hacer creer que existe la posibilidad de que una boleta no doblada pueda ser computada, sin explicar cómo es que esa boleta pudo ser introducida en la urna.

La validez del voto contenido en la boleta también depende de que ésta esté doblada, porque de otra manera no es posible entender cómo fue ingresada a la urna. Aquí radica la gravedad del caso: ¿cómo es posible que el Consejo General del INE faculte a los consejos distritales para que sean éstos los que determinen si una boleta sin dobleces se debe o no computar?

¿Por qué decidieron que lo dispuesto en la ley, en el sentido de que la boleta debe ser doblada, puede tener excepciones y ser algo válido si así lo deciden los consejos distritales? ¿Con base en que el Consejo General del INE trastoca las leyes de la física para permitir que por obra de magia boletas no dobladas pudieran ser introducidas en ranuras más pequeñas que su tamaño y, en su caso, ser contabilizadas como votos válidos?

Tal vez la respuesta sea mágica, con la misma magia que el INE y el Tribunal Electoral desaparecieron los acordeones de la elección judicial, multiplicaron la representación en la Cámara de Diputados de la coalición oficialista e invisibilizan los actos anticipados de precampaña.

Hoy, el INE no solo ha torcido las leyes electorales, también las leyes de la física. Con las boletas planchadas habría que recordarles a los consejeros y magistrados que sucede lo mismo con los zapatos: a la fuerza ni los zapatos entran, las boletas menos. No permitamos que este aviso sea uno más del apocalipsis electoral y nada hagamos para evitarlo.

 

*Abogada electoral y constitucional, columnista.

Web: defensaelectoral.com.mx

Directora del observatorio LupaReforma2026.mx

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