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“La Bandera debe portarse con orgullo y conciencia, no solo con solemnidad”: Héctor Rodríguez Espinoza

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En el marco del Día de la Bandera, el doctor en Derecho Héctor Rodríguez Espinoza, catedrático e investigador de la Universidad de Sonora (UNISON), reflexionó sobre el desgaste del entusiasmo cívico en México y la necesidad de recuperar el valor de los símbolos patrios desde la educación básica.

Durante entrevista con el periodista Francisco Javier Ruiz Quirrín en el noticiero De Primera Mano, el académico destacó que la Bandera Nacional acompañó las luchas de Independencia, Reforma y Revolución, pero lamentó que actualmente su significado no despierte el mismo fervor ciudadano.

RQ— Maestro Rodríguez Espinoza, estamos hablando del Día de la Bandera Nacional. ¿Hay otro símbolo más importante para los mexicanos que el lábaro patrio, sobre todo dentro de los valores que debemos tener para con México?

Gracias por compartir mi opinión. La Bandera es un símbolo que acompañó las luchas de nuestra patria desde antes de ser nación independiente de España. Estuvo presente en la Independencia, en la Reforma y en la Revolución.
Sin embargo, es triste verificar el desgaste del entusiasmo cívico que despierta este símbolo patrio. Sí se recuerda su origen, pero falta mucho para que en las familias, en las empresas y en la sociedad recobremos ese espíritu cívico nacional, especialmente en una época de crisis global y hemisférica.

El significado de sus colores sigue siendo profundo: el blanco, el rojo —sobre todo el rojo— que representa la sangre derramada en las epopeyas que hemos vivido como nación independiente. La Bandera debe portarse cada día con sencillez y orgullo, no solo con solemnidad.

Las escuelas, particularmente en nivel inicial y primaria, deben mantener los lunes cívicos como hábito escolar, para que directivos y maestros enfaticen en nuestros niños la importancia de sentirse parte de una nación con historia, tradiciones y cultura que no debe derrumbarse.

RQ— En su opinión, ¿qué nos pasó?, ¿en qué fallamos?, ¿cuándo comenzó este desgaste?

Falló la educación cívica. Las generaciones de los años 70 y 80 fueron dejando de lado este compromiso con la nación.
Cuando esa juventud llegó a ocupar cargos directivos en universidades, gobiernos municipales, estatales o federales, la fecha y la bandera quedaron relegadas, vistas solo como una tela muy bonita —de las más bellas del mundo— pero desconectada de la historia patria y de las epopeyas que costaron tantos sacrificios.

Gran parte del país vive hoy una crisis de valores. No tenemos un vínculo fuerte con nuestros compromisos ni con nuestros símbolos patrios: la Campana de Dolores, que dio inicio a la Independencia; la Constitución Política que nos rige; y la Bandera, que hoy recordamos.

RQ—Usted recuerda una jornada especial relacionada con la Bandera. ¿Podría compartirnos esa experiencia?

Sí. Recuerdo la “Jornada por la Patria” que coordiné en 1985. Inició el 3 de febrero por la noche y concluyó en septiembre de ese mismo año.
Recorrimos varias ciudades de Sonora con la Bandera Nacional, la Campana original de Dolores y un ejemplar original de la Constitución de 1917 firmada en Querétaro.

Pasamos por Estación Don, Guatabampo, Bacobampo, Navojoa, Empalme, Guaymas, Hermosillo, Santa Ana, Caborca, Cananea y Nogales, entregando la fuerza simbólica en la frontera con Baja California.

Hasta entonces fue la mejor jornada por la patria que se había hecho en el país. Fue una experiencia que despertó el sentimiento nacional.

RQ— Se habla mucho del significado de los colores. ¿Qué representan para usted?

El verde representa la esperanza en un México mejor.
El blanco, la pureza de los ideales.
Y el rojo, la sangre derramada por nuestros héroes.

Es importante no caer en la “patriotería”. El 15 y 16 de septiembre todos traemos la banderita, pero sin una verdadera conciencia histórica. Necesitamos educación nacional desde la infancia para que el valor de los símbolos permanezca en nuestra conciencia durante la adolescencia, juventud y madurez.

Debemos transmitirlo en la familia, en las empresas y en los gobiernos para volver a ser, al menos en el aspecto cultural, un ejemplo como lo fuimos no hace mucho tiempo.