La presidenta Claudia Sheinbaum se niega a tocar al expresidente o que sea tocado por su equipo. Le sigue respetando privilegios.
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¿Fin del Cuarto Maximato?

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Editorial 

La madrugada del 10 de abril de 1936, hace ya 90 años, por orden del presidente Lázaro Cárdenas, el expresidente Plutarco Elías Calles fue sacado de su casa por un pelotón militar y se le trasladó al aeropuerto militar de Balbuena. Ahí fue subido a un avión del Ejército Mexicano y trasladado con destino a Brownsville, Texas. Con esta acción daba fin la etapa post revolucionaria conocida como el “Maximato”. 

Este término se acuñó por el enorme poder que ejercía el expresidente Calles sobre la política nacional, quien no dejó de gobernar imponiendo hasta presidentes como fue el caso de Pascual Ortiz Rubio, Abelardo L. Rodríguez y hasta el mismo Lázaro Cárdenas, a quien le impuso prácticamente todo el gabinete. 

Esto provocó en su momento un verdadero conflicto de poder, que muchos aceptaron a favor de Elías Calles, pero llegó un momento que el presidente quiso gobernar y la única manera era romper con el Jefe Máximo, y por ello Cárdenas comenzó por hacer una limpia del gabinete, destituir gobernadores, jefes de zonas militares, y hasta los poderes locales en los estados, como pasó en Sonora, donde en 1935 destituyeron al gobernador en turno Ramón Ramos, el congreso estatal y todos los alcaldes, considerando que eran callistas. 

Se dice que esta medida drástica de exiliar a Calles y destruir su estructura de poder la tomó Lázaro Cárdenas luego de batallar mucho por tratar de llegar a acuerdos con el expresidente para que lo dejara gobernar. Pero Calles se negó a aceptar que ya no era el presidente en turno y no podía gobernar desde su hacienda. Además se entrometía en todo, y lo último fue crear conflictos laborales apoyado por el líder sindical Luis N. Morones. Así fue como el primer Maximato llegó a su fin. 

Pero se han dado otros casos que tienen el mismo fin, ante lo que se conoce como “el conflicto de poder”, cuando los que se van no entienden que ya no mandan porque no cuentan con la silla presidencial y se niegan a retirarse. Otro caso se vivió con Luis Echeverría, quien se negaba a dejar de operar políticamente en el país considerando que podría tener dominio sobre la figura frívola de José López Portillo, quien toleró por dos años la intromisión del llamado Diablo de San Jerónimo, término usado para referirse a la casa del expresidente. 

Harto de tanta injerencia de Echeverría en asuntos de gobierno y política nacional, el presidente López Portillo decidió en noviembre de 1978 nombrarlo como Embajador itinerante de México en Australia, Nueva Zelanda y las islas Fiyi, situadas en Oceanía. El llamado como «Exilio» Diplomático: Aunque todos se dieron cuenta que  aunque técnicamente era un cargo diplomático, todos lo interpretaron como un «exilio dorado o un castigo para mantenerlo lejos, muy lejos del centro del poder en México”. Con esto se acabó un intento de segundo Maximato y además se mandó el mensaje que el hombre del poder en el país es el presidente en turno.

Todavía hubo una tercera intentona con Carlos Salinas de Gortari, quien al imponer como candidato a Ernesto Zedillo pensó que podría gobernar tras bambalinas considerando que al presidente impuesto podría manipularlo como pensaba hacer con Luis Donaldo Colosio. La respuesta fue tajante de Zedillo al meter incluso a la cárcel a su hermano Raúl Salinas. Con esto dejó en claro que quien manda estaba en ese entonces en Los Pinos y Palacio Nacional.

Actualmente hay quienes piensan que México vive el Cuarto Maximato con Andrés Manuel López Obrador gobernando desde su hacienda La Chingada en Palenque. Como pruebas de ello fue que le impuso casi todo el gabinete a la presidenta Claudia Sheinbaum que muestra una docilidad manifiesta ante el expresidente. Ha dado continuidad a todos sus planes y proyectos tomando de pretexto que es la continuidad de la 4-T aunque sean sonoros fracasos como la reforma electoral, proyectos como el Tren Maya o la refinería Dos Bocas. 

Sin embargo, los últimos movimientos hacen pensar que Sheinbaum busca sacudirse el Cuarto Maximato al comenzar a colocar a sus propias piezas y mover las de López Obrador, como acaba de pasar con la salida de Morena de Luisa María Alcalde y su hijo Andy, quien va como delegado a Coahuila en un movimiento que puede estar condenado al fracaso y con esto lo dejan fuera de proyectos electorales de altura. 

Pero hay que observar con mucha cautela. Porque la presidenta Sheinbaum se niega a tocar al expresidente o que sea tocado por su equipo. Le sigue respetando privilegios y le reconoce cuando menos públicamente su liderazgo político en la 4T.

La pregunta entonces es: ¿Será todo una farsa? O realmente la presidenta está tejiendo fino. ¿Qué se espera para López Obrador? Acaso un exilio dorado. Se verá en corto tiempo.