Cada uno de estos casos tiene circunstancias distintas, pero van dirigidas a un mismo punto la responsabilidad de las autoridades a cargo como Protección Civil Sonora. 
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¿Qué más tiene que pasar en Hermosillo?

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Las alertas que la ciudad ya no puede ignorar

 

Por Ileana Bernal de la R.

Esta mañana, trabajadores del Hospital General «Dr. Fernando Ocaranza» del ISSSTE bloquearon el bulevar Morelos para exigir algo que, aseguran, llevan más de dos décadas pidiendo: condiciones dignas para trabajar y un nuevo hospital para atender a los derechohabientes de Sonora.

 

«Tenemos desde 2003 exigiendo la construcción del nuevo hospital y mejoras para las condiciones de los trabajadores», señaló uno de los manifestantes durante la protesta.

 

Las denuncias van más allá de las dos semanas que, según el personal, pasaron laborando en medio de fallas en el sistema de aire acondicionado, en una ciudad donde las temperaturas superan con facilidad los 40 grados centígrados.

Trabajadores federales exigieron además la salida de directivos del nosocomio, acusándolos de falta de sensibilidad ante la crisis interna.

«No tienen empatía», reclamaron.

A medida que avanzaba la manifestación de trabajadores y derechohabientes del Issste, Hospital «Fernando Ocaranza», el gobernador Alfonso Durazo acudió y se comprometió a gestionar las respuestas de los directivos del instituto, asi como a avanzar en el proyecto para la construcción de un nuevo hospital, no sin antes indicar que «era un problema del gobierno federal».

Una de las denuncias más delicadas que ha surgido, es la presunta ausencia de infraestructura adecuada para evacuar pacientes en caso de una emergencia.

«No hay escalera para incendios, ni salidas de emergencia. Si hay un incendio no hay cómo bajar pacientes; eso lo sabe Protección Civil en Sonora», declaró una empleada del hospital mientras el gobernador Alfonso Durazo recorría las instalaciones. (Declaración a la periodista Michelle Rivera)

El domingo por la tarde, el mandatario estatal acudió al hospital acompañado del secretario de Gobierno, Adolfo Salazar, para supervisar las condiciones del inmueble tras las denuncias de trabajadores y derechohabientes. Más tarde, informó que sostuvo comunicación con el director general del ISSSTE, quien se comprometió a realizar una intervención de fondo en el Hospital Fernando Ocaranza y avanzar hacia la construcción de un nuevo hospital en Hermosillo.

Horas después de la visita, el propio ISSSTE emitió un comunicado en el que aseguró haber concluido los trabajos de reparación integral del sistema de aire acondicionado, luego de que el problema permaneciera durante 13 días y obligara incluso a modificar la operación hospitalaria y reprogramar procedimientos.

Pero la historia del ISSSTE no es un hecho aislado.

El pasado 3 de junio, Hermosillo fue escenario de otro episodio que puso en evidencia la vulnerabilidad de los espacios que diariamente transitan cientos de personas.

Tres trabajadores resultaron gravemente heridos cuando colapsó una superficie de concreto en el estacionamiento de Plaza Quiroga, ubicada en la intersección de los bulevares Quiroga y Juan Bautista de Escalante.

De acuerdo con los reportes, los empleados operaban una grúa cuando el suelo sobre el que descansaba la maquinaria cedió repentinamente. La grúa perdió estabilidad y volcó sobre ellos.

Dos de los trabajadores fallecieron posteriormente a consecuencia de las lesiones sufridas, mientras que el tercer lesionado, Juan Carlos, permaneció hospitalizado y requirió una intervención quirúrgica, mientras su familia solicitaba donadores de sangre para apoyar su recuperación.

Meses antes, Hermosillo también había enfrentado la tragedia ocurrida en una sucursal de Waldo’s, un hecho que dejó víctimas mortales y que abrió una discusión pública sobre los protocolos de seguridad, las inspecciones y las condiciones en las que operan algunos establecimientos comerciales.

A ello se suman los constantes reportes de transformadores que explotan o presentan fallas durante la temporada de calor, provocando incendios, movilización de cuerpos de emergencia y afectaciones en distintos sectores de la ciudad.

Sin embargo, existe un denominador común: en todos ellos surgieron advertencias previas, señalamientos sobre infraestructura, solicitudes de intervención o cuestionamientos sobre las condiciones de seguridad.

Cada uno de estos casos tiene circunstancias distintas, pero van dirigidas a un mismo punto la responsabilidad de las autoridades a cargo como Protección Civil Sonora, los dirigentes de Issste Sonora y a nivel nacional, y quienes «deberían» solucionar antes que el gobernador mismo.

Hermosillo es hoy una ciudad más grande, más compleja y sometida a mayores exigencias que hace apenas dos décadas. Hospitales que operan al límite de su capacidad, infraestructura envejecida, una demanda creciente de energía eléctrica y espacios comerciales que requieren supervisión constante forman parte de esa nueva realidad.

Por eso, quizá la discusión de fondo no es únicamente quién responde cuando ocurre una emergencia, y la verdadera pregunta es si los mecanismos de prevención, inspección y supervisión están creciendo al mismo ritmo que la ciudad.

Porque cuando trabajadores aseguran haber advertido durante años sobre las carencias de un hospital; cuando un accidente laboral cobra vidas; cuando una tragedia obliga a revisar protocolos; y cuando los incidentes relacionados con infraestructura se vuelven recurrentes, la ciudadanía tiene derecho a exigir algo más que respuestas después del desastre.

Y, sobre todo, a cuestionar:

¿Qué más tiene que pasar en Hermosillo?