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La solución final al desabasto de las medicinas en México

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La situación no se mejora porque no se pretende mejorarla. Esto está lejos de volver a tener un sistema sano, abierto y transparente

 

Por Manuel Gutiérrez 

¿Por qué la escasez de medicinas en México? Si las instituciones tienen dinero, tienen la facilidad necesaria de adquirir medicamentos; pero estos siguen sin llegar a los necesitados. Las causas del desabasto son diversas; por ejemplo, en 2025-2026 se detectó que una compra era portadora de un sobrecosto de 13 mil millones de pesos por la Secretaría de Anticorrupción y Buen Gobierno. 

El comprador máximo de medicamentos en México es el Estado, que estima que en 2026-2027 gastará 284 mil millones de pesos para adquirir casi cinco mil millones de piezas de medicinas diversas para el sector salud, lo que le puede permitir al gobierno el control del mercado y de los precios. También existen medicamentos originales y similares que se compran con el mismo propósito, pero el problema medular es que lleguen a los consumidores. 

Un paso menos

El problema es que se brincaron uno de los pasos elementales de la economía, integrada por cuatro etapas, a saber: 

Extracción: es decir, la obtención de las materias primas con que se elaborarán los productos; sean los agentes del medicamento combinados con alguna capa para su consumo, denominada excipiente, que mejora el sabor, le da forma y facilita su asimilación. 

Producción: es la ejecución de un producto determinado, desde la materia prima hasta su proceso final en que queda empacado, listo para la siguiente etapa. 

Distribución: es la circulación del producto y su trayectoria hasta llegar al consumidor. Significa la existencia de procesos logísticos que trasladan, conservan y entregan el producto a los centros de distribución para colocarlo luego en sus lugares de venta, comercialización o aprovechamiento y, en el caso del sector oficial, para suministrarse al público. 

Consumo: el uso y disfrute de la solución de una necesidad de cualquier género, que se convierte en solución a la demanda por su existencia. En este caso, la medicina pretende lograr la recuperación de la salud.

En todas las etapas, la ley de oferta-demanda puede ingresar esa variable para incrementar el precio si la demanda supera la oferta, o para el descenso del precio en el caso contrario; además, se suman variables diversas que afectan el precio al consumidor. Existen modelos que incluso suman otras etapas, como el reciclado, pero dejemos todo en el nivel de economía básica. 

Ahora pensemos en medicamentos. Imagine qué ocurre cuando se suprime el paso determinado como “distribución” y con ello estará explicando el problema mexicano del desabasto en su mayor parte.

La distribución en medicamentos juega un papel sobresaliente, no solo para hacer llegar los productos a los consumidores, que es lo normal. En México, los distribuidores hacían otra función importante: eran “intermediarios”. Es decir, si eres propietario de un laboratorio que fabrica medicamentos (por ejemplo, el paracetamol), podías recibir la oferta de compra de un “intermediario”, el que ofertaba la compra de tu lote completo o parcial. Esto significaba para el productor que salía del problema de qué hacer con su lote.

Si las medicinas sufrieran alteraciones por falta de conservación, ya no era tu problema. Tampoco si los precios bajaban por saturación de oferta por muchas marcas competidoras, que diferencian en el nombre un mismo producto. Tylenol, por ejemplo, suena más interesante que paracetamol, pero es exactamente lo mismo en el caso de la misma dosis de la tableta.

Los distribuidores actúan como aceleradores e incluso especuladores del mercado de medicinas, compitiendo por lograr los grandes compradores institucionales. En ocasiones, el adquirir grandes lotes y retenerlos podría generar un incremento de precio, pero la jugada podría resultar adversa, ya que las medicinas tienen caducidad. 

Lo cierto es que el mercado ofrecía mucho, abundante y variado para surtir una receta. Y los compradores institucionales podían, sobre la base de las cantidades, obtener ahorros notables o lucro por determinado producto. Esa faceta era lo que funcionaba en México, incluso con métodos de crédito, relaciones públicas y nexos con los que tomaban las decisiones de compras. 

“Compras” es uno de los puntos críticos para la controversia entre la honradez y el beneficio institucional, y debe ser muy regulada, pero nunca bloqueada o manipulada, o se presenta el desabasto.

Pero la solución del presidente López Obrador fue terrible. Emprendió una desarticulación total del esquema de distribución de medicinas en México bajo el lema de combatir la . corrupción. Esto, que puede parecer broma, no lo fue, y optó por desaparecer la compra de medicamentos articulada, sumando un galimatías de claves para los productos y creando sus propios intermediarios; es decir, se creó un monopolio estatal de ese flujo de beneficios. Esto redujo el campo de intermediarios de marketing, el cual se redujo sensiblemente, llevando a la ruina a muchos laboratorios productores de medicamentos

La centralización de López Obrador se fijó en una paraestatal llamada Birmex, que resultó insuficiente e ineficaz, y no ajena a la corrupción. Luego, incluso se apeló al Ejército Mexicano para comprar medicamentos y se reguló que fuera todo vía IMSS-Bienestar y el modelo llamado CEFEDIS (siglas que significan Centro Federal de Distribución de Insumos para la Salud). 

 

 

Con ese modelo centralizado se pasó luego a una idea tonta: la de crear una Megafarmacia, una bodega mayor en la que se surtirían miles de recetas. El sistema fracasó, reduciendo la atención a unas cuantas recetas, en tanto crecían las quejas y el desencanto por falta de medicamentos. 

En el caso de anticancerígenos, se pretendió acabar con Pisa inicialmente, luego de atacar a esta empresa como monopólica y nefasta; pero López retrocedió y Pisa continuó su labor. Pero ese periodo obstruyó la producción de medicamentos contra el cáncer, lo que, sumándose a marchas y manifestaciones de exigencia de medicamentos especializados para menores y para mayores que los necesitan, fue interpretado en forma beligerante por el gobierno de la 4T como una actividad de golpeo y desprestigio. La capacidad mexicana de producir este tipo de productos se convirtió en consigna ideológica, lo que afectó seriamente. La solución ante todo mal planteado por el populismo en el poder fue luego tratar de que Cuba fuera la solución, pero no lo es ni para la propia isla. Incluso se ensayó un esquema de compra por medio de la ONU y su rama médica. 

En ese panorama quedaron las corporaciones de distribución, como fue el caso de Nadro, Marzam y Maypo, y de marcas extranjeras como Pfizer, Sanofi y Roche. El gobierno inventó un catálogo de proveedores del IMSS, uno de compras de Birmex y, finalmente, un ensayo de compra consolidada por medio de la Secretaría de Salud.

Millonarios actuales, como Carlos Lomelí, aparecen en este período beneficiándose de contratos de miles de millones para abastecer tanto al sistema de salud del Metro como insumos para hospitales; contratos que Latinus revela por 420 millones en lo que lleva la administración de Claudia Sheinbaum por medio de Solfrán, desde equipos médicos de respiración, jaleas lubricantes y electrolitos, hasta millares de piezas de medicamentos que intermedia este agente relacionado con el círculo del poder. 

Este personaje incluso realizó tratos con el cártel de Sinaloa y entregó 2.7 millones de dólares a la DEA para librar acusaciones. Los hospitales del sector militar, como los de Marina, son de los grandes consumidores de productos; incluso llegó a crear Lomedic, una abastecedora de productos médicos y aparatos relacionados con la salud, según externa Latinus.

En Jalisco, incluso, Carlos Lomelí se vio involucrado en diversos escándalos por fallos en el abastecimiento del sistema de salud del estado de Jalisco, lo que propició su señalamiento; pero esos incidentes no han afectado su carrera política militante con Morena. 

Otro caso de enriquecimiento por venta de suministros médicos está en Adán Augusto López, que encabeza empresas o influye en las compras para surtir sistemas de salud de las entidades del sureste, lo que genera miles de millones de pesos. Por ello pudo sufragar los gastos anticipados de campaña de Andrea Chávez, su protegida. Abastecer al sector público es una mina de oro. 

Es decir, la práctica del intermediarismo se ralentizó, pero se desvió a favorables al régimen, sacando de la jugada a profesionales de la distribución para sustituirlos por organismos nuevos agentes. Los de proveedores de medicamentos, por su parte, denuncian los tratos preferenciales que distinguen al nuevo gobierno, incluso con clásicas medidas que parecen extorsiones y la obtención de premios por determinar la preferencia de ser proveedor. En realidad, en nada se avanzó en la lucha contra la corrupción: solo se hizo preferente a los que tengan credencial vigente del movimiento en el poder. 

Sin embargo, entre errores de códigos, duplicaciones, adquisiciones fallidas de proveedores (incluso centroamericanos que no cumplen con las normas) y aventuras diversas, el problema es que no llegan los medicamentos a donde deben: a los enfermos que los demandan. 

La situación no se mejora porque no se pretende mejorarla. Se patea el bote, se gana tiempo, la gente se muere o se desespera y busca soluciones privadas con su propio peculio. Y dentro de ese desolador panorama, vino una gran broma parecida a la Megafarmacia de López Obrador

La Presidenta ofertó que comprará camionetas para el reparto de medicamentos y llegó al extremo de presentar una máquina despachadora de 22 códigos de medicamentos, a la cual podrán acudir en clínicas en que existan, y los usuarios demandarles a las máquinas los productos de ese esquema básico ahí contemplado.

Es como combatir el hambre repartiendo refrigeradores vacíos. Absoluta falta de realismo, de seriedad y de creerse sus propias mentiras, que permitirán un jugoso negocio. ¿Y si luego las máquinas se convierten en expendedoras? ¿De qué estamos hablando? Es como combatir el hambre en zonas marginales urbanas o rurales colocando expendedoras de botanas Sabritas y de panes Bimbo. Ahora, las maquinitas requieren mantenimiento y un sólido servicio de abastecimiento para ser operativas todo el tiempo. 

Esto está lejos de volver a tener un sistema sano, abierto y transparente de distribución de medicamentos, los cuales se convirtieron en feudos de enriquecimiento de muchos funcionarios que prefieren que siga el desabasto. Finalmente, el sistema de salud de México, de instituciones como el IMSS, Salubridad y sectoriales como los servicios a militares y marinos, se convierte en un competidor directo de Simi. 

En medio de todo este caos, Simi ha asumido un rol salvador e involuntario. Ofrece medicinas a precios accesibles e incluso los médicos institucionales lo recomiendan para completar la receta o resurtir la escasez de plano. 

Esto fue una solución mexicana a un severo problema, pero no una respuesta institucional certera ni una reorganización efectiva de la red de distribución (parte vital de la economía, pero que fue ignorada por malicia o negligencia por el presidente anterior y continuada por su sucesora, sin mejores ideas que las máquinas distribuidoras).

Mientras se jactan del servicio médico domiciliario, que no resuelve el asunto de las medicinas, y de la atención universal en clínicas que no tienen lo necesario, se sigue reviviendo la demagogia de la atención personal y en casa. Es decir, un médico constatará que efectivamente está enfermo de hipertensión, diabetes y lo que guste; pero, fuera de tomarle la presión y recomendarle medicamentos que no existen, no pasará absolutamente nada. Seguimos igual; solo los médicos y enfermeras se acabarán los zapatos en sus rutas por las calles. 

Por eso es que no se resuelve el problema del desabasto de medicamentos. Las soluciones gubernamentales han fracasado; las maquinitas serán un chiste más al triste panorama de salud que se palía con atole con el dedo, el gran negocio que financia a muchos políticos en sus futuras campañas. Mientras, nuestra salud se aleja en todo de Dinamarca, referencia desafortunada y jactanciosa que el Caudillo (que sigue vigente) instaló para comparar los abastos de medicamentos con ese país europeo de primer mundo, pero fue otra broma pesada.