Rafael de León (1908–1982), poeta andaluz, autor de “¡Ahora me toca a mí!”.
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A propósito del 12 de Julio. 

Breve ensayo. Parte II

 

Por Héctor Rodríguez Espinoza

VI.- EN SONORA. Extrapolación a la realidad rural-urbana en 2026. Sonora, como estado fronterizo del norte de México, ofrece un contexto particularmente interesante y matizado para el poema. Combina una agricultura y ganadería relativamente próspera (Valle del Yaqui, Mayo, Costa de Hermosillo) con fuerte migración, brecha rural-urbana y dinámicas transfronterizas.

Características clave: El padre rural sacrificado

Muchos padres y abuelos son agricultores, ganaderos o jornaleros en zonas como el Valle del Yaqui (uno de los graneros de México: trigo, maíz, hortalizas), la sierra o el desierto. Han invertido en pozos, maquinaria o ganado, a menudo bajo condiciones difíciles (sequías, altos costos de agua y energía, variabilidad climática).

Al igual que en el poema, muchos han “trabajado bastante” para sacar adelante a la familia, enviando hijos a estudiar o trabajar. Las remesas desde Estados Unidos (Sonora tiene fuerte migración a Arizona y California) o desde ciudades sonorenses (Hermosillo, Ciudad Obregón, Nogales, San Luis Río Colorado) sostienen hogares rurales.

Los hijos “señoritos” urbanos o migrantes. Los jóvenes sonorenses rurales migran hacia: Ciudades estatales (Hermosillo ofrece 40 universidades, gobierno, servicios y maquiladoras). 

Otras ciudades del norte (Monterrey, Tijuana, Mexicali, Ensenada). 

Estados Unidos (vías legales o irregulares cada vez más restringidas).

Logran mejor educación, empleos en industria, comercio o servicios, y un estilo de vida más “moderno” (coches, consumo, tecnología). Sin embargo, muchos se alejan del campo. En el poema, los hijos viven “en sus glorias” gracias al padre; aquí, el contraste es entre el esfuerzo en el agro-ganadero sonorense (duro, expuesto al clima) y la vida urbana o estadounidense.

Presiones familiares y control

En comunidades rurales sonorenses, es común la expectativa de que los padres mantengan la tierra productiva (“No la vendas”, “Sigue con el rancho”) para que sirva de respaldo o herencia. Hay tensiones por la distribución de remesas, el cuidado de los abuelos o la venta de propiedades. El “abogado” del poema se traduce en intermediarios familiares, notarios o presiones emocionales vía teléfono o Internet.

“Ahora me toca a mí”: la reivindicación

En Sonora, algunos adultos mayores rurales logran “disfrutar” vendiendo parte de la tierra, invirtiendo en una casa en el pueblo o ciudad pequeña, viajando o simplemente descansando. Otros enfrentan sequías prolongadas, costos altos y soledad en asilos públicos y privados.

El poema resuena en rancheros o agricultores mayores que, tras décadas de trabajo bajo el sol sonorense, quieren disfrutar de cabalgatas (Sonora tiene fuerte tradición ganadera), fiestas, familia o un merecido retiro.

Contexto sonorense específico hacia 2026

Agricultura y ganadería — Sonora es potencia agroexportadora, pero enfrenta estrés hídrico (río Yaqui, presas), cierre de frontera por el gusano barrenador y cambio climático. El campo genera riqueza, pero requiere mucha inversión y mano de obra que escasea.

Migración y envejecimiento rural — Los jóvenes se van por mejores oportunidades educativas y laborales. Quedan poblaciones más envejecidas en ejidos y rancherías. Remesas -disminuyen gradualmente- son importantes en muchos municipios.

Brecha rural-urbana — Ciudades como Hermosillo y Obregón concentran servicios, universidades y empleo formal. El campo ofrece ingresos por agricultura/ganadería/minería, pero con mayor precariedad en salud, educación y conectividad (aunque mejora).

Dinámica fronteriza — Proximidad con Arizona influye: migración temporal, comercio y cultura binacional. Algunos retornados traen capital y modernizan ranchos.

En resumen para Sonora, el poema captura la tensión entre un campo sonorense productivo pero exigente (que “alimenta” a familias y al país) y una generación joven que busca progreso urbano o estadounidense, a veces dejando atrás a los padres. El “Ahora me toca a mí” representa el deseo de muchos sonorenses mayores de disfrutar los logros de su trabajo en un estado donde el campo aún es motor económico, pero donde el relevo generacional es un reto real. Es un reflejo local de la desigualdad territorial mexicana: el norte próspero, pero con contrastes internos fuertes entre valles agrícolas modernos y zonas más marginadas en el sur sureste.