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El abuso no prescribe: Sonora abre una puerta de justicia para víctimas que callaron durante años

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Por Redacción 

Hay heridas que el tiempo no borra, ni logra sanar. Hay silencios que duran décadas, y hay infancias marcadas por abusos que muchas veces jamás llegaron a denunciarse por miedo, amenazas, dependencia emocional o simplemente porque las víctimas eran demasiado pequeñas para entender lo que estaban viviendo.

Bajo esa realidad, el Congreso de Sonora aprobó una reforma al Código Penal que establece la imprescriptibilidad de delitos sexuales cometidos contra menores de edad, permitiendo que las víctimas puedan denunciar sin importar cuánto tiempo haya pasado.

La iniciativa fue impulsada por la diputada de Morena, Ely Sallard Hernández, quien reveló que la propuesta nació después de escuchar el testimonio de una mujer cuya familia quedó marcada por años de abuso sexual.

“Mis iniciativas las consigo de la calle, de la gente”, relató durante entrevista en el noticiario De Primera Mano con el periodista Francisco Javier Ruiz Quirrín.

La legisladora explicó que conoció el caso de una madre cuyos hijos habrían sido víctimas de abuso por parte de su propio padre, situación que —según narró— se extendió incluso hacia otra generación de la familia.

“Resulta que cuando quisieron denunciar, el delito ya había prescrito. Ahí fue donde entendí la gravedad de lo que estaba pasando”, expresó.

La reforma elimina los límites de tiempo para investigar, perseguir y sancionar delitos sexuales cometidos contra niñas, niños y adolescentes en Sonora.

Esto incluye violación, abuso sexual, estupro, incesto, hostigamiento, acoso, tocamientos, exhibicionismo y otros delitos que anteriormente podían quedar impunes con el paso de los años.

“Le estamos regresando a los niños, niñas y adolescentes parte de ese derecho humano que nunca debieron perder”, afirmó Sallard.

Durante la entrevista, la diputada insistió en que el problema atraviesa todos los niveles sociales y económicos.

“Esto no tiene colores, no tiene partidos, no tiene condición social. Está sucediendo en todos los ámbitos”, sostuvo.

La legisladora también explicó que muchas víctimas tardan años en procesar emocionalmente lo ocurrido y solo logran denunciar cuando alcanzan cierta independencia emocional o económica.

“A veces llega un adulto, incluso un abuelo, recordando que fue abusado por un familiar. Y hay impotencia porque el sistema ya no podía hacer nada”, lamentó.

La reforma fue aprobada por unanimidad en el Congreso local y Sonora se suma así a otros estados y países que han endurecido las leyes para evitar que delitos de esta naturaleza queden impunes por cuestiones de tiempo.

Más allá del cambio legal, el debate abre una discusión más profunda sobre el daño permanente que provoca la violencia sexual infantil y sobre las estructuras de silencio que históricamente han protegido a agresores dentro de entornos familiares, escolares o sociales.

“Ese dolor jamás se olvida”, dijo la diputada.

Y quizá ahí está el fondo de esta reforma: entender que para muchas víctimas el tiempo no cura, solo aplaza el momento de poder hablar.